La historia de Campos de Torres no empezó con la genética ni con una cabaña. La familia tenía un origen empresario y fue llegando de a poco a la actividad agropecuaria, hasta que en 2005 decidió dar un paso concreto: comprar El Cortijo, un establecimiento ubicado en Miguel Riglos, La Pampa, y meterse de lleno en la producción ganadera. Y el comienzo fue haciendo lo que ya se hacía en esa zona: invernar novillos.
“Nosotros venimos de una familia empresaria, no somos una familia tradicional del campo. Fuimos entrando de a poco en esto de la ganadería y nos fuimos enamorando”, contó Gilda Torres, que repasó junto a Bichos de Campo la historia que terminó llevándola personalmente a involucrarse cada vez más con el sector.

El Cortijo fue el punto de partida. Allí, en medio del monte de caldén y sobre campos característicos del oeste pampeano, Campos de Torres comenzó haciendo novillos. Pero el proyecto fue creciendo y la familia entendió que podía avanzar un paso más. En 2009 incorporó el establecimiento La Marianita y empezó a producir sus propios terneros para completar el ciclo.
Ese cambio también modificó el perfil del negocio. La necesidad de contar con buenas madres llevó a buscar genética Angus y, con el tiempo, la selección de esas vacas se transformó en el corazón de El Cortijo. La cabaña fue construyendo un rodeo adaptado a los ambientes pampeanos, con una premisa que hoy forma parte de su identidad: animales rústicos, longevos y maternales, pero sin resignar calidad genética.
Para Gilda, además, el vínculo con el campo tuvo algo personal. “A mí me pasó algo muy particular con el sector agropecuario. Entré y me fui metiendo cada vez más. Primero acompañaba, después empecé a involucrarme y hoy no me imagino sin esto”, relató.
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El crecimiento de la cabaña terminó llevando a Campos de Torres a competir también en las pistas. Un caso ejemplar es el de Géminis, que se consagró como Gran Campeón Hembra Angus en Palermo durante dos años consecutivos, un resultado que Gilda aún relata con enorme emoción enorme y que también refleja la apuesta que la familia hizo por la genética de punta.
Es la apuesta que ahora El Cortijo quiere ver reflejada en su próximo remate. La propuesta está enfocada especialmente en vaquillonas Angus preñadas, seleccionadas para productores que buscan incorporar genética al rodeo y, al mismo tiempo, llevarse vientres preparados para producir.
La oferta combina animales con genética seleccionada y el trabajo de una cabaña que fue construyendo su rodeo durante años. En los últimos remates, la firma llegó a poner en pista cientos de vaquillonas y reproductores, con condiciones comerciales que incluyeron plazos de 90 días o cinco cuotas, financiación a 180 días y descuento por pago contado.

Así, la historia de El Cortijo tiene algo de vuelta completa: Campos de Torres llegó al campo haciendo novillos en Riglos y terminó encontrando en la genética Angus una nueva manera de hacer ganadería. Y Gilda Torres, que entró a este mundo desde una familia empresaria ajena a la tradición ganadera, terminó convirtiendo aquella incursión inicial en una actividad que hoy ocupa un lugar central en su vida.




