La lechería en Argelia atraviesa un momento de expansión y redefinición estratégica que merece ser analizado con detalle, especialmente porque se trata del segundo mercado de destino de las exportaciones lácteas argentinas.
En los últimos meses se han acelerado proyectos industriales y acuerdos internacionales que apuntan a reducir la dependencia de importaciones y a consolidar una base productiva propia.
En el norte de ese país se puso en marcha la construcción de una planta de leche infantil en Larbatache con una capacidad inicial de 5.000 toneladas y una proyección de 10.000 hacia 2027. El emprendimiento, impulsado por Baby Infant Nutrition, generará alrededor de 100 empleos directos y se suma a la planta inaugurada en Orán en 2025, que con una inversión de 42 millones de dólares busca cubrir el 40% de la demanda nacional de leche en polvo para lactantes.

Este tipo de proyectos refleja la voluntad de Argelia de avanzar hacia la autosuficiencia en un segmento sensible como el de la nutrición infantil.
En paralelo, el grupo público Giplait firmó un protocolo de acuerdo con la empresa bielorrusa Bellakt para crear una sociedad mixta destinada a producir leche infantil en territorio argelino. El convenio, rubricado en Argel hace unos días, prevé intercambio de información y elaboración de un plan de acción conjunto con respaldo del Ministerio de Agricultura de Bielorrusia. La iniciativa muestra cómo el Estado argelino busca diversificar socios y acelerar la concreción de proyectos estratégicos, con un fuerte componente de cooperación internacional.
El sector privado también juega un papel clave. La Laiterie Soummam, uno de los principales actores de la industria, anunció que reforzará su red de recolección de leche cruda local. Actualmente capta unos 700 mil litros diarios y pretende ampliar esa base mediante acuerdos con productores, colectores y organismos estatales. El objetivo es integrar más leche argelina en la industria, fortalecer la cadena de valor y reducir la dependencia de insumos externos, lo que a su vez genera un impacto directo en la economía rural, que viene creciendo en los últimos 20 años.
A esto se suma el anuncio de un megaproyecto lechero en el Sahara, concebido para cortar importaciones y aprovechar nuevas zonas productivas. Aunque los detalles aún son limitados, la iniciativa se inscribe en la misma lógica de autosuficiencia y expansión territorial, con la mirada puesta en transformar regiones áridas en polos agroindustriales.

Argelia está desplegando esta “revolución blanca”, con la ambición de reducir de manera drástica la dependencia de la leche en polvo importada, que luego se hidrata, se envasa y se vence con subsidios estatales.
El proyecto sahariano busca aprovechar la disponibilidad de tierras y la radiación solar, pero sobre todo el acuífero Albiense, recurso fósil compartido con Libia y Túnez, para instalar unidades productivas con tambos climatizados y riego artificial. Se prevé importar vaquillonas de alta producción y articular alianzas técnicas internacionales para crianza y reproducción. La tensión entre seguridad alimentaria inmediata y preservación de reservas estratégicas marca el debate, donde también se inscriben sectores como cereales, oleaginosas, azúcar y carne roja.
El desafío será estructurar una cadena de suministro confiable, garantizar la cadena de frío entre el sur y los centros de consumo del norte, y profesionalizar la recolección de lecheen las tierras altas. El grupo público Giplait aparece como actor clave para absorber una proporción creciente de la producción local y desplazar gradualmente la leche en polvo importada.
Llevó más de un año, pero se logró: La leche en polvo argentina vuelve a Argelia
Para Argentina, que exporta principalmente leche en polvo y derivados, estos movimientos plantean un escenario complejo. La diversificación de proveedores y el desarrollo de plantas locales podrían reducir la cuota de mercado de las exportaciones argentinas. En 2025, el país africano importó productos agroindustriales de nuestro país por casi 962 millones de dólares, entre los cuales había 70.711 toneladas de leche en polvo por un total de 278,6 millones, el equivalente al 18,1% de las exportaciones totales de lácteos argentinos.
Sin embargo, la creciente demanda interna y la necesidad de abastecer un consumo en expansión mantienen a Argelia como un destino estratégico. La clave estará en seguir de cerca la evolución de estos proyectos, anticipar cambios en la demanda y redefinir estrategias de inserción en un mercado que, aunque vital, avanza hacia la autosuficiencia.
Esta combinación de inversiones privadas, alianzas internacionales y proyectos estatales que buscan transformar la estructura del sector, planten para la cadena láctea argentina, comprender esta dinámica esencial para sostener la presencia en un mercado que se está reconfigurando con rapidez y que podría modificar de manera significativa el mapa de las exportaciones en los próximos años.
Entre enero y julio de este año, las ventas a Argelia concentraron valores cercanos en volumen y fondos al 10% de los totales, muy por detrás del liderazgo que sigue ostentando Brasil, con cifras cercanas al 50%.
Más allá de lo que planteen los destinos, el desafío argentino está puesto en diversificar mercados y traspasar el 30% del total producido con ventas al exterior, para que eso empuje el precio al productor, que es el problema definitivo de la historia lechera, en medio de tantas oportunidades, cambios tecnológicos y novedades en los mercados.





