Los hermanos Hubeli detectaron hace más de una década un problema que tenían ellos mismos y que también sufrían muchos otros productores ganaderos de Formosa. No había contratistas forrajeros radicados en la provincia. Las picadoras llegaban desde otras zonas más al sur cuando terminaban sus trabajos y los productores tenían que esperar a que hubiera una máquina disponible para hacer el silaje. Entonces, decidieron comprar una.
La inversión fue tan grande para la familia que tuvieron que vender prácticamente toda la hacienda que tenían. Aquella apuesta comenzó a funcionar en enero de 2015, cuando salieron a trabajar por primera vez con la picadora. En esa campaña hicieron unas 900 hectáreas. Diez años después, los Hubeli trabajan entre 4.000 y 4.500 hectáreas por campaña y se convirtieron, según explican, en los únicos contratistas forrajeros que trabajan de manera permanente en Formosa.
“No lo hicimos con crédito. Tuvimos que vender toda la hacienda prácticamente para hacer la inversión que necesitábamos”, contó Fernando Hubeli a Bichos de Campo.

La historia empezó bastante antes de aquella compra. Fernando, César y Valeria Hubeli son de Humberto Primo, en Santa Fe, una zona vinculada históricamente a la actividad lechera. Allí los tres hermanos eran pequeños productores y hacían invernada de vaquillonas y novillitos. El problema era la escala.
“Veíamos la posibilidad de poder crecer acá. Éramos pequeños productores, la familia éramos tres hermanos y queríamos expandirnos”, recordó Fernando.
En el año 2000 llegaron a Formosa y se instalaron en la zona de Ibarreta. Compraron un primer campo y comenzaron a desarrollar una actividad ganadera que tenía poco que ver, por las condiciones productivas, con la que habían conocido en Santa Fe.
Es que la ganadería formoseña se apoya en buena medida sobre pasturas megatérmicas. Cuando hay temperatura y humedad, esas pasturas pueden producir grandes cantidades de forraje. Pero durante los meses de menor crecimiento la oferta cae y también lo hace su calidad. Para sostener una determinada carga animal durante todo el año había que pensar en reservas.
Mirá la nota completa con Fernando Hubeli:
Los Hubeli empezaron a hacer silo para sus propios animales y descubrieron que esa herramienta les permitía aumentar la producción sin necesidad de sumar permanentemente nuevas hectáreas.
“El silo nos permitía crecer puertas adentro, agrandar el campo dentro del campo sin tener la necesidad de expandir más la cantidad de hectáreas”, explicó Fernando. El problema estaba en la máquina necesaria para hacerlo.
En Formosa prácticamente no había equipos de picado instalados de manera permanente. Los contratistas llegaban desde otras provincias después de completar sus trabajos en zonas ubicadas más al sur. La disponibilidad de las máquinas terminaba condicionando los tiempos de los productores y, en algunos casos, directamente hacía que la ventana para confeccionar las reservas se perdiera.

Para los Hubeli, aquella dificultad empezó a parecerse cada vez más a una oportunidad. En 2014 participaron de una jornada a campo del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina en el establecimiento San Pedro, cerca de Ibarreta. Allí terminaron de tomar una decisión que venían pensando.
“Fue el momento donde dijimos, ¿por qué tenemos que esperar al contratista y por qué no lo podemos hacer nosotros?”, recordó Fernando.
No eran ajenos al trabajo con maquinaria. Ya prestaban servicios de desmonte y conocían el negocio del contratismo. Pero una picadora de forraje implicaba otra escala de inversión. La consiguieron vendiendo hacienda.

Con la máquina comprada comenzaron a trabajar para terceros. La primera campaña fue en 2015 y alcanzaron unas 900 hectáreas. La actividad fue creciendo a medida que también aumentaba entre los productores formoseños el interés por confeccionar reservas para la ganadería.
“Nuestra presencia creemos que ayudó muchísimo a que se animen los productores”, sostuvo Hubeli.
Con el paso de los años, aquello que había nacido como una solución para sus propios campos terminó convirtiéndose en una actividad central de la familia. La picadora empezó a recorrer distintos establecimientos de la provincia y los Hubeli fueron ampliando la cantidad de hectáreas trabajadas.

Hoy, dependiendo de las condiciones de cada campaña, se mueven entre 4.000 y 4.500 hectáreas.
Para los productores, contar con un contratista forrajero dentro de Formosa significó además poder planificar con mayor previsibilidad la confección de los silos. La reserva dejó de depender exclusivamente de cuándo terminaba de trabajar una máquina que venía desde otra zona.
Los Hubeli encontraron así un espacio que hasta entonces estaba prácticamente vacío. Lo hicieron desde una necesidad propia, arriesgando la hacienda que habían construido durante años para comprar una máquina que todavía no sabían cuánto trabajo tendría.
La respuesta llegó con las campañas siguientes. De aquellas 900 hectáreas de 2015 pasaron a multiplicar varias veces la superficie trabajada y terminaron ocupando un lugar particular dentro de la producción ganadera formoseña.
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Son productores, pero también contratistas. Y en una provincia donde durante años había que esperar que llegara una picadora desde afuera, terminaron siendo ellos quienes salen a recorrer los campos para hacer el silaje.




