Blas Flores es productor de pimiento para pimentón y de otras especias en San Carlos, en los Valles Calchaquíes. Ya vamos a presentar su historia en otra nota de Bichos de Campo. Pero además tiene otra responsabilidad que lo obliga a mirar un problema que atraviesa a buena parte de sus vecinos: preside el Consorcio de Riego que administra el agua utilizada por más de un centenar de pequeños productores de la zona.
El diagnóstico que hace es preocupante. El deterioro de canales, compuertas y tomas, sumado a las dificultades para trabajar sobre un río que cambia constantemente su curso, está complicando cada vez más la llegada de agua a las fincas. Sin certezas sobre el riego, advirtió Flores, algunos productores directamente terminan dejando de producir. En total los regantes son cerca de 150.
“Tenemos muchos problemas con el tema del agua. Desde hace años no se viene haciendo mantenimiento y es complicado. Se nos llena de arena la entrada y el río se nos tira para el otro costado”, explicó el productor.
Mirá la entrevista:
El agua utilizada por los regantes proviene del río Calchaquí. El sistema está dividido en seis secciones y abastece principalmente a productores de pequeña escala. Según describió Flores, existen unas pocas explotaciones que pueden acercarse a las 100 hectáreas, pero predominan ampliamente las fincas de 20, 10 o incluso 3 hectáreas.
El problema no es solamente disponer de agua, sino lograr captarla y conducirla hasta esas parcelas. El Calchaquí es un río difícil de controlar, especialmente durante las crecidas estivales.
“Hay años en que está tranquilo, pero hay otros en los que baja con todo. Lo podés tener de la mejor manera, haber trabajado un día, y al otro día no tenés nada”, resumió el productor.
Eso ya ocurrió con uno de los canales construidos para mejorar el sistema. Según Flores, el propio río lo dejó inutilizado. “Se había hecho un canal, pero desgraciadamente se ha tapado. El río lo tapó. Ese canal estaba muy mal ubicado, no tendría que haberse hecho por ahí”, señaló.

Por eso, sostuvo, el mantenimiento de esa red permanente resulta indispensable. Y para determinadas tareas ya no alcanza con trabajo manual. “Se necesita tener una máquina grande para poder trabajar. Cuando merma un poco el caudal hay que volver a hacer entrar el agua al canal. Al no tener una máquina grande también se hace complicado”, explicó.
Ese deterioro de la infraestructura termina mezclándose con otro problema: la pérdida de productores y, consecuentemente, de recursos para sostener el propio consorcio. Muchos regantes, contó Flores, tienen dificultades para pagar el canon mensual. Algunos incluso dejaron de trabajar sus fincas. Pero cuando cae la recaudación, el consorcio dispone de menos dinero para mantener la infraestructura que necesitan quienes todavía siguen produciendo.
“Está muy complicado porque algunos han dejado su finquita y pagan lo que pueden. Y no la pueden trabajar porque no podés darles agua de manera continua”, afirmó.

La incertidumbre sobre el abastecimiento termina condicionando cualquier decisión productiva. Sembrar alfalfa, maíz o pimiento implica realizar una inversión sin saber si habrá agua suficiente para completar el ciclo. La consecuencia se observa con especial claridad en el pimentón, una producción tradicional de la zona que ya perdió buena parte de sus productores.
“Pimentón ya somos contaditos”, lamentó.
Pero el problema excede a ese cultivo. Muchos productores de la región mantienen también algunos animales y necesitan producir alfalfa para alimentarlos. “Si tenés hacienda, tenés que tener alfalfa. Si no tenés alfalfa no podés tener tu hacienda. Entonces a todos nos juega en contra, no tan solo al que hace pimentón”, explicó.
¿Qué habría que hacer entonces para evitar que la falta de previsibilidad termine expulsando a más productores? Para Flores, primero es necesario recuperar la infraestructura existente: canales, compuertas y pasos que hoy se encuentran deteriorados. Pero también cree necesario realizar una obra nueva que permita captar y conducir mejor el agua.




