Una sequía puede dejar a un productor sin cosecha. Una inundación puede provocar el mismo resultado. Pero, a diferencia de lo que sucede con el granizo, en la Argentina todavía no existe de manera masiva un seguro que permita cubrir al productor frente a esos grandes riesgos climáticos.
Carlos Comas conoce bien esa discusión, porque desde hace años batalla para que el país pueda disponer de ese famoso seguro multirriesgo. El experto trabaja en La Segunda Seguros, una compañía nacida en 1933 desde el movimiento cooperativo. “Somos la aseguradora líder del agro por cantidad de hectáreas y la prima generada, siempre junto a los productores y sobre todo al mundo cooperativo”, señaló Comas durante una entrevista con Bichos de Campo.
Pero Carlos participa activamente además del ámbito que reúne a las aseguradoras del interior del país. Allí el problema descripto al inicio de esta nota es conocido desde hace años. El productor puede contratar una cobertura contra granizo y existen algunas herramientas adicionales, pero cuando aparecen riesgos sistémicos, capaces de afectar simultáneamente a miles de hectáreas, el menú se achica.
“En la Argentina, en forma masiva, todavía no existe” el seguro multirriesgo, reconoció Comas. Y enumeró justamente los eventos más difíciles de cubrir por ese tipo de pólizas: “La sequía, la inundación, un año Niño con mucha lluvia, la falta de piso, la humedad en exceso. Todo eso no tiene cobertura en Argentina”.
¿Por qué? Esa es la pregunta que cada tanto se repite. Carlos también conoce la respuesta…
Mirá la entrevista:
El principal escollo es económico. Asegurar semejantes pérdidas potenciales implica primas demasiado elevadas para que un productor pueda afrontarlas por sí solo. Por eso, explicó Comas, los países que consiguieron desarrollar estos sistemas recurrieron a distintos mecanismos de participación estatal, que permitan justamente el acceso de los productores al sistema
“Los países donde funciona el seguro multirriesgo tienen un aporte del Estado. A veces son subsidios, a veces quita de impuestos, pero hay una articulación público-privada que lo hace posible”, afirmó.
En este sentido, la discusión nacional lleva años sin terminar de resolverse: tanto el gobierno de Cristina Kirchner como el de Mauricio Macri tuvieron intentos fallidos para armar un seguro multirriesgo. Luego la gestión de Alberto Fernández archivó las discusiones pese a haber padecido una de las peores sequías de la historia. Es que el inconveniente es siempre el mismo: no hay plata. Por eso tampoco la gestión de Javier Milei ni siquiera menciona este asunto clave para el sector.
De todos modos, la discusión no está muerta. Por el contrario, algunas provincias comenzaron a avanzar por su cuenta. La experiencia que hoy observan las aseguradoras con mayor atención es la de Córdoba.
“El año pasado, junto a la provincia de Córdoba, hicimos un piloto muy interesante, con más de 500.000 hectáreas aseguradas con multirriesgo”, relató Comas. El ensayo permitió cubrir una superficie importante y atravesó durante la campaña distintos eventos climáticos. Según el especialista, hubo casos de granizo, viento y también sequía al comienzo de la temporada de maíz.
“La experiencia fue buena. Hubo un sinnúmero de siniestros que van a ser indemnizados. Le sirvió a la provincia y nos sirve a nosotros porque tuvo una siniestralidad esperada”, sostuvo.
Pero Comas advirtió que una sola campaña no alcanza para saber si un esquema de estas características puede sostenerse. En seguros, explicó, no basta con lograr una amplia dispersión geográfica del riesgo. También hace falta dispersarlo en el tiempo.
“Necesitamos no solo la dispersión espacial, que puede ser toda una provincia, sino también la dispersión temporal. Hay que hacerlo todos los años, porque un año te puede ir bien y acumulás para otro que puede ir mal. Así funciona el seguro”, indicó.
El mecanismo utilizado en Córdoba tuvo además algunas particularidades. Se trabajó sobre productores incorporados al programa de Buenas Prácticas Agropecuarias, lo que permitió disponer de información georreferenciada y antecedentes productivos. “Eso nos permitió tener los polígonos y los rendimientos de muchos años para poder sacar un gatillo disparador” de las pólizas, explicó Comas.
Ese “gatillo” determinaba cuándo correspondía activar el pago. El especialista puso como ejemplo hipotético la zona de Marco Juárez donde el seguro funcionaba de este modo: si el rendimiento de soja caía por debajo de determinado nivel, se activaba una indemnización. La causa de esa caída podía ser sequía, inundación, granizo, viento u otro de los riesgos incluidos dentro de la cobertura.
La lógica no consiste necesariamente en compensar todo lo perdido, sino en darle al productor un piso económico que le permita seguir produciendo. Permitirle por lo menos recuperar la inversión, para poder seguir en carrera al año siguiente.
“La intención del gobierno fue esa. Es un buen comienzo porque esto se puede complementar con algo privado”, explicó Comas, que propone imaginar un esquema de capas. Si una primera cobertura financiada por el Estado dispara, por ejemplo, una determinada indemnización por hectárea, el productor podría contratar por su cuenta una segunda capa para ampliar la protección.
“Entonces, en ese combo, tenés una mitad aportada por el Estado y otra mitad que paga el productor, y ya tenés una cobertura mucho mayor”, señaló el especialista.

-¿Significa eso que para implementar un multirriesgo el Estado debe afrontar necesariamente un gasto imposible?
-No, para nada. Parte de la inversión que hizo en el costo de la póliza se devolvió con los siniestros- respondió Comas cuando Bichos de Campo le preguntó si el ensayo había resultado demasiado costoso para las cuentas provinciales.
Pero el especialista puso el foco especialmente en un efecto que va más allá de la indemnización directa. “Lo principal es que el productor que tuvo el siniestro continúa produciendo”, razonó. Porque cuando una sequía o una inundación golpea a una región no se afecta solamente el establecimiento que perdió producción. También quedan comprometidos proveedores, comercios, bancos y toda la economía vinculada a ese productor.
“El seguro tiene esa característica financiera de reposición económica, de resarcir para que pueda continuar. En una sequía que agarre una zona y no haya producción, toda la zona se ve afectada”, explicó.
Lo singular es que después de Córdoba comenzaron a aparecer otros movimientos provinciales. Comas contó que Entre Ríos anunció un programa piloto para cubrir maíz, mientras que Chaco trabaja sobre una experiencia de menor escala. También aseguró que las compañías enviaron una propuesta a Santa Fe y que existen sondeos desde la provincia de Buenos Aires.
La expectativa del sector asegurador es que esas experiencias permitan construir antecedentes hasta conseguir una participación más amplia del Estado nacional. Fue, en ese sentido, enfático: “Los países que tienen desarrollado el multirriesgo tienen un subsidio nacional, una participación provincial y hasta, en determinadas producciones, participación municipal”, señaló.
Entre Ríos implementará un programa piloto de seguro multirriesgo en maíz ¿De qué se trata?
Brasil, dijo, ofrece algunos ejemplos donde incluso gobiernos locales colaboran para que determinados productores puedan contratar la cobertura. La ayuda estatal, aclaró, tampoco tiene por qué consistir únicamente en poner dinero. Puede instrumentarse mediante beneficios fiscales u otras herramientas que abaraten las primas. En ese punto Comas destacó una modificación reciente impulsada a nivel nacional sobre los seguros paramétricos, que simplificó los requisitos para desarrollar ese tipo de productos.
“Antes uno necesitaba hasta dos años para desarrollar una cobertura y quizás a los dos años el cliente ya no estaba”, explicó. Con el nuevo esquema, sostuvo, las aseguradoras pueden responder con mayor velocidad frente a determinados grandes riesgos. “Eso no requiere que el Estado ponga plata, pero es una herramienta súper valiosa”, valoró.
Por ahora, de todos modos, el productor argentino todavía está lejos de poder sentarse frente a una aseguradora y contratar de manera sencilla una póliza que le garantice protección frente a una sequía o una inundación severa.




