Este miércoles los valores del maíz en el CME Group (“Chicago”) están experimentando un ajuste bajista producto de una esperable “toma de ganancias” posterior a un proceso alcista “salvaje”. Pero en Europa los precios siguen subiendo y subiendo.
Los precios del maíz a ambos lados del océano Atlántico están operando en sintonía, pero con lógicas diferenciales, ya que el mercado europeo es importador neto del cereal y cuenta con restricciones comerciales autoimpuestas.
La Comisión Europea acaba de ajustar la proyección oficial de maíz de la UE-27 para esta campaña a una cifra de 50,1 millones de toneladas, un valor similar al estimado en el último informe del USDA (50,2 millones).
Sin embargo, algunas consultoras privadas ya están señalando que esos valores corren detrás de la realidad de los hechos, porque las restricciones hídricas provocaron pérdidas importantes en naciones clave. Argus Media, por ejemplo, proyecta una cosecha comunitaria de 46,9 millones de toneladas.
Con el “apagón logístico” del Mar Negro, las posibilidades de abastecerse de maíz y trigo forrajero ucraniano son limitadas por parte de la UE-27, por lo que la demanda está presionando fuerte sobre la oferta interna del cereal para asegurarse la mercadería.
Cuando esa posibilidad de agote, si el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania persiste, entonces la UE-27 tendrá que salir a originar grandes volúmenes de maíz en EE.UU. y Brasil, donde las ofertas disponibles son más acotadas que las previstas inicialmente debido a factores tanto climáticos como comerciales.
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Argentina justo tiene un cosecha enorme de maíz y podría aportar lo suyo para recomponer las reservas europeas, pero la realidad es que no eso no es factible por una restricción fitosanitaria.
Si bien una década atrás Argentina era un importante proveedor de maíz de la UE-27, con establecimiento de nuevas exigencias sanitarias los embarques de maíz convencional se interrumpieron para quedar solamente en pie las exportaciones de maíz Flint (“colorado”) destinadas a la elaboración de cereales para desayunos.
Las autoridades de la Unión Europea establecen una tolerancia de 0,01 parte por millón de diclorvós en granos, algo que es muy difícil de lograr porque se requieren al menos 120 días para que el insecticida aplicado en granos almacenados se volatilice casi completamente. Si bien el diclorvós está prohibido en la Argentina desde fines de 2018, siguen apareciendo partidas de granos con el producto.
En 2002, cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania, España y Portugal lograron que la Comisión Europea flexibilice de manera temporaria esos requisitos sanitarios para poder importar maíz argentino, lo que finalmente no prosperó porque pudieron importar cereal ucraniano en el marco del denominado “corredor granario” del Mar Negro. Por el momento, no se registró un pedido en ese sentido por parte de las naciones ibéricas. Pero no descarta que vuelva a ocurrir.





