En el partido de Azul, al límite con el de Tandil, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se halla el Viejo Almacén de Pablo Acosta.
Para más precisión, está ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad cabecera del partido, al final del asfalto de la Ruta Provincial 80, que nace a 15 kilómetros de Azul, yendo hacia Tandil por la Ruta 226. Desde ese empalme hasta el final de la Ruta 80, donde se encuentra el viejo almacén, hay 32 kilómetros de un bellísimo recorrido turístico y cultural llamado Boca de las Sierras, con un parador, el parque eólico Los Teros y el impactante monasterio de monjes trapenses de clausura.
Todos esos atractivos se hallan en medio de campos de producción ganadera, si bien los monjes trapenses también se dedican a ello, y un productor vecino de estos acaba de incorporar un tambo.

Al lado del viejo almacén se halla la escuelita rural 37, que brinda educación de jardín de infantes, primaria y secundaria. Quienes acuden desde Tandil, tienen la posibilidad de desviar a la izquierda en el kilómetro 211 de la Ruta 226, y por un camino de tierra de 16 kilómetros, se puede llegar -siempre que no haya llovido- hasta el paraje rural de Pablo Acosta, de apenas unas 10 familias.
Viviana Coluccio y su marido, Fabián Vendemila, ambos oriundos de la ciudad de Azul, allá por el año 2004 comenzaron a conversar con amigos, todos dedicados al turismo -como Viviana, que es técnica universitaria en turismo cultural- la idea de que habría que rescatar aquel viejo almacén de ramos generales que estaba abandonado y había sido construido en el 1900, por el padre de Pablo Acosta, según contó la propia Viviana a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista:
La experta en turismo relató sobre aquellos comienzos: “En 2005 alquilamos el almacén y lo empezamos a trabajar con amigos, que poco a poco se fueron yendo y al poco tiempo nos quedamos solos, a cargo, con mi marido y nuestros hijos”.
“En 2010 el emprendimiento creció tanto que decidimos venirnos a vivir, y en 2023 logramos comprar la propiedad. Fabián es el que más trabaja, comenzó atendiendo la parrilla y el asador, yo atiendo el mostrador y recibo a los grupos a los que les brindo visitas guiadas al parque eólico y demás. También construimos 3 cabañas, 2 con troncos que encontramos en un galpón y una de material. Pero con los años sólo nos quedó esta última, porque los troncos se deterioraron. Eso sí, a futuro pensamos volver a hacer más”, explica.
Ver esta publicación en Instagram
Cuenta Viviana que su esposo es de familia campera, sobre todo dedicados a la cría de cerdos y como en su haber ya tiene todos los saberes de las carneadas y la elaboración de chacinados, rescató recetas ancestrales de su abuelo, su padre y su tío, poniendo manos a la obra en el almacén. También incorporaron saberes antiguos que les pasaron los clientes, dice. Hasta hacen chorizos secos con trufas, otros productos con lavanda, uno con cinzano y pistacho, etc.
Hoy ya se ocupa también el mayor de sus hijos, Nahuel, de la pequeña fábrica de chacinados y están tramitando las habilitaciones para poder vender en otros lugares. Agrega que hace poco le hicieron una ventana para elaborar a la vista de los clientes.
Todos los hijos colaboran en diversas tareas: Luciano se ocupa hoy de los asados, Catalina y Joaquín ayudan en la cocina, y actualmente Fabián elabora los platos de cocina regional. Los fines de semana ofrecen empanadas, picadas, asado en cruz, lechón, cordero, hacen platos con trufas de productores de la localidad de Chillar, como bondiola trufada, chorizos frescos con una salsa de trufas y hasta un postre con lavanda, que es una panacota. Todo con el concepto de “Slow Food”, que se opone a las comidas rápidas. “Acá la gente se sienta al mediodía y son la cinco de la tarde que siguen disfrutando la paz del lugar y los sabores”, refuerza Viviana.
“Abrimos todos los días, porque durante la semana recibimos a grupos de alumnos que guiamos por la escuela 37 y por todo el corredor serrano, como también de jubilados y demás. Pero la Ruta 80 se halla muy deteriorada y se podría mejorar el camino de tierra para los que vienen desde Tandil”, reclama Coluccio.

Para el 1 de noviembre están organizando la Fiesta de la Empanada de Campo y estamos invitando a emprendedores de toda la región a llegarse a cocinar y ofrecer sus propias empanadas.
“Con mi marido no cambiamos por nada esta nueva vida. Yo acá aprendí a escuchar hasta el mismo silencio, el canto de los pájaros, y nuestros hijos están felices. Ellos dicen que ni locos volverían a la ciudad”, finaliza Viviana Coluccio.




