Hay un cerro, un poblado y una cabaña de llamas que comparten el mismo nombre: Tuite. Pasando Abra Pampa, por la ruta nacional 9, un camino rural pasa casi imperceptible para los que no lo conocen. Habrá que emprender unos kilómetros más por este camino de tierra, si se desea conocer de cerca a la cabaña Tuite, comandada por los hermanos Enrique y Dante Ríos, que distribuye llamas en pie a varios puntos del país y que también comercializa cortes de alta calidad en diversos nichos de mercado.
Hasta allí llegó Bichos de Campo, con el fin de entrevistar a estos productores ganaderos de la Puna y saber, de buen modo, que hay detrás de esta cabaña que logra distinguirse de la mayoría de las fincas de esta región jujeña.

Enrique Fernando Ríos se presenta como productor ganadero, especializado en la cría de llamas. “Esta actividad la realizo por herencia, desde siempre. Junto con mi hermano somos sexta generación de productores”, dice haciendo referencia a que sus choznos ya criaban camélidos en esas altas planicies.
Enrique tiene aire serio pero apacible. Explica con generosidad la historia del lugar. “En la década de los 90, quien estaba a cargo del campo era mi abuela, Florentina Canavire. Ella ya producía en su tiempo ovejas, y también tenía algo de vacas y llamas. El sustento económico era la venta de carne”.

“Nosotros éramos chicos, pero veíamos a nuestra abuela y a nuestros padres trabajar con tanta dedicación, que nos involucramos tempranamente en la actividad ganadera”, rememora.
“Mi madre, Pastora Armella, que había logrado estudiar y ser maestra, se dedicaba a la venta ayudando a mi abuela. Mi padre, Don José Ríos, también era hombre de campo y maestro. Él fue el primer criador de vicuñas en cautiverio, en el año 1994. Estaba decidido a recuperar la población que, en ese momento, estaba al borde de la desaparición”, sigue recapitulando.

Como sucede con muchos jóvenes criados en el campo, tuvieron que migrar para continuar sus estudios. Luego del deceso de Florentina, serán sus tíos quienes tomarían las riendas de la finca, para luego dejárselas a estos jóvenes emprendedores.
“Ya entrados los 2000, quién vuelve primero es mi hermano, que se recibió de ingeniero agrónomo, y tiempo después yo soy el que retorna. Con todo lo que habíamos conocido de otros lugares, empezamos a ver el lado comercial del campo y trabajarlo de otra forma. Nos propusimos que sea rentable el esfuerzo que se hace en estos campos, a 3500 metros sobre el nivel de mar”, sigue contando Ríos. “Necesitábamos darle una vuelta de rosca al trabajo que tan forzosamente hacía nuestra abuela, y que aún se ve en los campos cercanos”.

Juntos empezaron a seleccionar los animales y a incorporar nueva genética. A ello, sumaron el encierre de animales y a realizar la terminación a corral para mejorar la calidad de la carne que se ofrecía al mercado. “En ese momento, la carne que estaba a la venta era muy criolla, el mercado era muy local, y no existía ninguna trazabilidad, ni mercados abiertos a estos productos”, explica Enrique.
Y recuerda que “la primera experiencia fue en el fondo de la casa, a donde trasladamos 15 machos de aproximadamente 2 años. Se realizó el control de la alimentación, o sea, una terminación a corral, para ver si realmente se podría trabajar diferente. Luego de tres meses y medio, los animales pasaron a faena y logramos obtener buenos resultados, algo con lo que podíamos empezar a trabajar. Entonces llevamos los animales más al campo, a lo de un amigo nuestro, para comenzar el sistema de engorde y lograr un producto diferencial continuo, de calidad, con una mayor terneza, una carne magra. Además, empezamos a especificar mejor los cortes, algo que, en aquel entonces, no se veía tanto”.

Luego de este logro de los hermanos Ríos, el paso siguiente fue comercializar el producto que, lógicamente, había incrementado en costos. “Ahí es donde yo me encargo de esa labor comercial”, explica Enrique, “había que generar un nuevo mercado y lo comenzamos a buscar en los restaurantes de la Quebrada de Humahuaca y en la capital jujeña. Ahí definimos un nombre comercial, un sistema envasado al vacío con trazabilidad, y pusimos en regla todo el movimiento del establecimiento”.
La cabaña cumplió 15 años y, actualmente, tiene tres productos comerciales bien diferenciados: por un lado, “el criadero vende padrillos, sementales que se incorporan a las nuevas tropas de acá de la zona. También vendemos carne en diversos restaurantes que trabajan con turismo, y contamos con la pequeña sala de elaboración de derivados como hamburguesas, chorizos, salames, cantimpalo, butifarra, mortadela, para abastecer el mercado regional como provincial”.
La cabaña Tuite tuvo un momento clave en su historia, cuando en 2018, Jujuy recibe la visita de los ministros de agricultura de los países del G-20. En esa oportunidad, fueron convocados para mostrar su producción en una sede del INTA, donde se organizaba la recepción. “Logramos presentar los cortes de carne de llama, envasados al vacío, que tuvieron muy buena repercusión entre los especialistas de esos países. Este fue un gran espaldarazo para nosotros”.
La finca de los hermanos Ríos tiene aproximadamente 200 hectáreas, pero el sector productivo, alcanza apenas las 35 hectáreas. “Esto nos condiciona mucho a la cantidad de animales que podemos manejar”. La cabaña maneja un plantel de 200 vientres, número que varía según la estación, pudiendo llegar a picos de 250 vientres, en verano.

“Más allá de la actividad productiva, nosotros somos convocados a participar en diferentes eventos provinciales y nacionales, y no solo desde la cabaña, sino también de la producción de camélidos de altura. Un mercado que también estamos aprovechando es el de la llama como animal de compañía, como mascota y no con fines productivos”, explica.
Desde hace tres lustros participan en eventos como Agroactiva, la expo de Laboulaye, el evento de la Sociedad Rural de Machagai, como en otros de Santiago del Estero y Córdoba. “A partir de allí es que nos solicitan nuestras llamas de todos lados. Para nosotros es toda una aventura participar en estas exposiciones. Primero porque hay que tener todo en regla, desde los animales, el sangrado, la elección de la tropa, pasando por los vehículos, habilitaciones, RENSPA, guías, etc., para luego pasar al momento del traslado que, a veces, es de más de 1500 kilómetros”.

“Son largas distancias. A los animales los seleccionamos dos o tres días antes. Ellos quedan en descanso y no salen a caminar hacia los cerros. La alimentación es otra. El día del viaje comen nada. Al carro también hay que acondicionarlo ya que, cuando se trasladan, se echan las llamitas. Entonces, para que no se lastimen, hay que levantar las rejas y colocar alguna cama. Nosotros vamos parando cada tanto, para que se levanten, se distiendan un poco. Es toda una aventura cada viaje, un día y medio para llegar al centro del país”.

La cabaña Tuite tiene aceitado un sistema de venta de animales en pie. “Ahora tenemos muchos amigos de todos lados que, más allá de que nos compran algún animal, se sostiene ese lazo de amistad a la distancia, nos mandan fotos, nos comparten algunas experiencias”, se entusiasma Ríos.
Pero Enrique plantea que no todo es alegría ni buenas noticias. Para ellos, como para la mayoría de los productores, la necesidad es la de tener un frigorífico para la faena de sus camélidos. “Nosotros, hoy en día, no podemos pasar nuestra frontera provincial para comercializar nuestros productos, y la demanda es grande, en provincias como Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, pero no podemos cubrirla justamente por esta falta de infraestructura para el tránsito federal. Ahí tenemos un cuello de botella muy grande”, se lamenta.

Pero algunas cosas van mejorando, “hasta hace muy poco, dentro de las normativas para la habilitación de un vehículo de transporte de ganado, las llamas no se especificaban ni como ganado mayor, ni menor, es decir, no existían. Era imposible habilitar un vehículo para transporte de camélidos. Hoy en día, sí se puede, y nuestro vehículo está habilitado”.
Tuite quiere participar de más eventos, por eso trabajan para cumplir con toda la normativa exigida. “Uno de nuestros mayores objetivos es la participación en la muestra de Palermo, es un deseo grande que ojalá pronto lo alcancemos. Será un hito para nosotros y para toda la provincia. Esperemos que así sea y represente un impulso para todos los productores de la Puna”, se esperanza Enrique Ríos.





