Pablo Ginestet tiene 49 años, es productor de Henderson y acaba de asumir la presidencia de Carbap, una de las organizaciones gremiales con mayor despliegue territorial dentro del agro argentino. Llegó al cargo como parte de un proceso de renovación dirigencial que comenzó dos años atrás con Ignacio Kovarsky y que, según explica, pretende ir bastante más allá de un simple recambio de nombres o de edades.
Ginestet comenzó a participar de la rural de Henderson entre 2003 y 2004 y allí fue recorriendo “toda la escalera”, en un proceso que también incluyó discusiones para renovar la conducción local. Ahora le toca encabezar una confederación que está cerca de cumplir un siglo de vida y que constituye la columna vertebral de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas).
“Nosotros cumplimos 94 años y tenemos que prepararnos para el centenario. No puede ser que la entidad siga funcionando en muchas cosas igual que cuando se creó, porque en 94 años muchas cosas han cambiado”, planteó durante una entrevista con Bichos de Campo.
Uno de esos cambios tiene que ver, justamente, con la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con las instituciones. Para Ginestet, el problema no pasa simplemente por sumar jóvenes, sino por encontrar nuevas formas de participación. “Lo importante es el recambio”, explicó.
Mirá esa charla:
En una organización como Carbap donde los cargos son ad honorem, conseguir productores dispuestos a dedicar parte de su tiempo a la actividad gremial se vuelve cada vez más complejo. Y Ginestet advierte que las entidades deberán adaptarse a esa realidad.
“Los jóvenes valoran el tiempo de manera diferente. No están dispuestos a ir a escuchar charlas y gente que habla y se autorreferencia durante horas, porque entonces los vamos perdiendo. Tenemos que empezar a reconfigurar todo eso”, sostuvo.
Hay además otra dificultad: buena parte de los temas que ocupan actualmente al gremialismo son los mismos que aparecen desde hace décadas. “Venimos con los mismos problemas de hace 30 o 40 años. Las retenciones son un problema de hace muchísimos años, los caminos rurales son un problema de hace muchísimo tiempo, las inundaciones en la provincia de Buenos Aires son lo mismo. Uno dice: che, ¿pero no hemos avanzado nada? Seguimos discutiendo las mismas cosas”, señaló.
Esa necesidad de renovación encuentra a Ginestet al frente de una organización integrada, según detalló, por 114 sociedades rurales de Buenos Aires y La Pampa. Esa extensión territorial le otorga a Carbap un peso particular dentro de CRA y también una autonomía que históricamente le permitió fijar posiciones propias.
El nuevo presidente destacó que en ese territorio se concentra alrededor del 35% del rodeo vacuno argentino, el 60% de la producción de trigo y cerca del 30% de la producción de maíz y soja.
Pero también remarcó otra característica que considera esencial para entender cómo funciona la confederación: las posiciones deberían construirse desde las rurales de base hacia la conducción y no al revés. “Las decisiones o las opiniones vienen de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. No es que el presidente hoy dice ‘vamos a hacer tal cosa’ y todos van. Acá es al revés: yo tengo que hacer lo que me dicen mis rurales”, afirmó.
Desde esa lógica, Ginestet no esquivó una discusión que atraviesa actualmente a buena parte de la dirigencia rural: cómo se ha parado el gremialismo frente al gobierno de Javier Milei. Consultado por una Mesa de Enlace que en determinados momentos pareció más expectante que confrontativa, como esperando que la agenda se la bajen de la casa Rosada, el dirigente consideró que las entidades podrían haber ejercido una presión mayor, especialmente alrededor de las retenciones.
Ginestet recordó que Milei había prometido durante la campaña avanzar sobre los derechos de exportación y que posteriormente se sucedieron reducciones transitorias, restituciones y nuevas bajas. Aunque reconoció un endurecimiento reciente de los reclamos, consideró que la reacción del conjunto del gremialismo fue insuficiente.
“Uno ve que la Mesa de Enlace, como tal, ha quedado relegada o ha bajado sus expectativas porque no quiere estar en una discordia con el Gobierno, porque siente que sus bases se lo plantean de otra manera. No lo sé. Pero claramente a veces uno siente como productor que podría haber hecho un poco más en los reclamos”, afirmó.
La crítica se vuelve más fuerte cuando compara esa actitud con la que tuvieron las entidades frente a administraciones anteriores, en especial las largas gestiones del kirchenrismo. “Ahora hay situaciones que a los otros gobiernos hubiéramos salido a matarlos”, reconoció.
Ginestet puso como ejemplo algunos esquemas transitorios aplicados por el actual Gobierno (en especial la eliminación de dos días de las retenciones, en una maniobra que solo favoreció a las grandes agroexportadoras) y recordó que mecanismos similares (como el dolar soja de Sergio Massa) habían provocado fuertes cuestionamientos durante la gestión anterior.
“Con el gobierno anterior, con el dólar soja, todos salíamos a matarlo. Ahora hay una doble vara muy evidente”, sostuvo.

Para el dirigente, Carbap debe evitar justamente esa diferencia de criterios. “Creo que eso es lo que siempre nos ha diferenciado: las cosas son blanco o negro sin importar quién esté en el gobierno nacional o provincial. Si nosotros pensábamos esto, no importa quién esté en el Gobierno, lo vamos a seguir reclamando de la misma manera”, afirmó.
Eso no significa que Ginestet haga una lectura negativa de toda la política agropecuaria implementada por Milei. Por el contrario, enumeró varias decisiones que considera valiosas. Destacó la apertura de mercados, la eliminación de trabas para importar y exportar productos agropecuarios, el fin de cupos y restricciones y la unificación cambiaria. “Fueron, creo, de las medidas más impactantes que tuvimos para el sector”, reconoció.
Pero considera que quedó pendiente uno de los principales reclamos históricos del campo. “Obviamente queda el tema de los derechos de exportación”.
Según Ginestet, el problema de esta altísima presión fiscal se vuelve especialmente visible en una economía donde los costos dejaron de licuarse por efecto de la inflación y los precios de los productos agropecuarios no acompañaron en la misma proporción. Por eso calificó de insuficiente el esquema de reducción anunciado por el Gobierno, especialmente para la soja. A partir de enero de 2027, el tributo comenzará a reducirse de a 0,25% por mes. Es decir un 3% el año que viene, desde el 24% actual.
“Para los problemas que tenemos hoy como agro parece una escala muy baja. Sobre todo para la soja, que es 24%. Es un número muy importante que te hace perder mucha competitividad”, explicó.
Su propuesta es volver a dar la discusión y establecer un horizonte más claro para eliminar las retenciones. “Si lo ponés en una ley, en el Congreso, cuando se haga el presupuesto ya van a saber que de retenciones va a entrar tanto menos por mes. Entonces no lo pueden computar como un ingreso y todos saben cómo va a ser”, argumentó.
Pero Ginestet tampoco limita sus cuestionamientos al Estado. Durante buena parte de su trayectoria gremial discutió también las relaciones dentro de la propia cadena agroindustrial, y en particular el reparto del negocio de la soja.
“De una tonelada de soja vive toda la cadena. Lo que falta de acá, le sobra a otro o se lo lleva otro”, resumió. En ese terreno fue especialmente crítico con sectores de la exportación y la industria aceitera, a los que responsabilizó por haber privilegiado durante años beneficios de corto plazo derivados de los diferenciales de retenciones.

“Si algún día se hubieran puesto al lado del productor y hubieran apoyado para eliminar los derechos de exportación, todo esto no estaría pasando”, aseguró em referencia a las empresas agrupadas en Ciara.CEC, a las que siempre consideró más cercanas a los gobiernos que a los productores.
Ginestet recordó que Argentina llegó a producir cerca de 60 millones de toneladas de soja y que luego el cultivo fue perdiendo superficie frente a otras alternativas. En referencia a los aceiteros, consideró: “Ellos privilegiaron su horizonte de corto plazo, que era hacer negocios porque tenían diferencial de retenciones para aceite o biodiésel, sin ver que el productor argentino se estaba ahogando”, sostuvo.
Pero tampoco exime de responsabilidades a los propios productores.
El nuevo presidente de Carbap observa una paradoja: productores capaces de dedicar muchas horas a discutir cómo obtener un kilo más de rendimiento o ahorrar unos pocos dólares en un insumo suelen mostrar mucho menos interés cuando llega el momento de participar gremialmente en discusiones donde están en juego montos bastante mayores.
Recordó una charla realizada en Henderson cuando las exportaciones de trigo estaban cerradas y los productores recibían, según contó, unos 40 dólares menos por tonelada. “Yo les decía: acá están peleando para ver si ahorran 5 dólares por hectárea y el Gobierno te está llevando 150. Después vamos a ver cuántos están hoy a la noche para pelear por lo que realmente vale”, relató.
Por eso uno de sus objetivos será precisamente recuperar participación en las sociedades rurales. “Hay muchas cosas para trabajar y se necesita la visión de diferentes productores para que uno pueda tener una idea mejor de qué están pensando”, explicó.
La misma lógica que Ginestet reclama frente al Gobierno nacional pretende aplicarla en Buenos Aires. Con la gestión de Axel Kicillof enumeró una extensa agenda de diferencias y temas por solucionar: caminos rurales, Ingresos Brutos, Inmobiliario Complementario y las demoradísimas obras en la cuenca del Salado. Aclaró, sin embargo, que la confrontación política no debería impedir el diálogo cotidiano con los funcionarios.

“Con el ministro (por Javier Rodríguez) y con los secretarios hay buen diálogo, que debe haber, porque no es que tenemos que estar peleados. De nada sirve que yo reclame si no hay nadie que levante un teléfono, diga qué está pasando y pueda dar una solución”, explicó.
Esa parece ser una de las definiciones con las que Ginestet pretende iniciar su gestión: reclamar sin importar quién gobierne, pero sin romper los canales necesarios para intentar resolver los problemas.
“Carbap nunca es oficialista de nada. Lo que es negro es negro y lo que es blanco es blanco, no importa quién esté en el Gobierno. Nos ha tocado criticar a Kicillof, a María Eugenia Vidal, a Macri, a Alberto Fernández y a Milei”, concluyó.





o sea tengo doble vara,solo somos antiperonistas….lo digo…y???????? no pasa nada?????la disonancia cognitiva agraria es evidente y de eso hago una nota???? jajajjajaajajajajajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaaj