La alfalfa es, por excelencia, la pastura implantada más extendida. Sobre todo en el centro del país, donde es demandada como alimento para planteos ganaderos y tamberos. Pero el mundo de las pasturas es vasto y ofrece una gama muy amplia de opciones que van de acuerdo a las necesidades productivas.
Parte de la tarea del ingeniero agrónomo Emiliano Giordano es demostrar por qué no todos los pastos son iguales, y brindar asesoramiento para elegir la variedad adecuada. Que, por cierto, puede ser más de una.
Como si se tratase de un “lienzo”, el lote puede pintarse de diferentes tonos de verde, y hay incluso “pinturas” para aquellos ambientes donde nada pareciera prender. Giordano explicó a Bichos de Campo de qué se trata esa producción que reviste de una complejidad -y un costo- mucho mayores que los que generalmente se le atribuye.

“Detrás de cada pasto hay una semilla. Y no hay sólo un tipo de pasto, porque hay un montón de ambientes y muchos tipos de explotaciones. Es un mundo muy amplio”, describió Giordano, que oficia de asesor de Servicios Agrotécnicos SRL, una firma especializada en distribuir esa genética.
Está claro que hay mucha decisión agrícola en el manejo de pasturas y que, en tanto tal, “cada una tiene su ´ñaña”, su secreto o su ciencia”, afirma el ingeniero agrónomo. Por ello, optar por una u otra variedad no tiene únicamente que ver con la función que se le quiere dar, sino además con el ambiente en el que se la implantará.
“Antes de sembrar cualquier tipo de pasto hay que hacer análisis de suelo, estudios de la zona, trabajar con cultivos antecesores y evaluar el futuro manejo y destino”, aseguró Giordano.
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Por la cantidad de cortes que permite hacer, por su calidad proteica y su versatilidad -ya que es apta para pastoreo directo, para hacer rollos o para ensilar- la alfalfa se impone entre las pasturas templadas, diseñadas para ambientes que no revisten demasiadas exigencias.
“Pero la vaca tiene que comer y pasto necesita todo el año. Y en base a eso definimos cómo pintar en el lienzo”, afirmó el ingeniero agrónomo, que asegura que se puede diseñar una oferta forrajera muy diversa de acuerdo a las posibilidades agronómicas y los objetivos del productor. En efecto, parte de su tarea es definir, con cierta creatividad y criterio técnico, cuáles son las pinceladas que van a teñir el lote.
“Sin desmerecer ni dejar de lado el primer lugar que ocupa la alfalfa, empezamos a incursionar junto con otros asesores y ayuda del INTA, en otro tipo de pasturas, como la vicia villosa, para hacer forraje conservado, o las megatérmicas, para hacer blends con la alfalfa”, describió Giordano, un convencido de que siempre hay una opción disponible y que, por fuera del mercado más grande y de punta, se puede también producir.
“En todos los campos algo de pasto se puede hacer. Es cuestión de ir viendo, de caminarlo y buscarle la vuelta”, destacó.
-¿Y la inversión se recupera rápido? ¿Vale la pena apostar por hacer pastura?-, le preguntamos.
“El impacto económico inicial puede ser alto, pero luego se subsana. En el caso de un campo ganadero se necesita rastra de disco pesada, mucha mano de obra, muchos litros de gasoil e invertir en la semilla. Con un manejo correcto se puede aprovechar la pastura y hacer que dure, en algunos casos, hasta 10 años”, afirmó.




