Hace 89 años que Misiones Rurales Argentinas trabaja para acompañar a las escuelas y comunidades del campo. Lo que comenzó en el sur del país por iniciativa de un sacerdote jesuita, que conocía de cerca la realidad de la ruralidad, se transformó con el tiempo en una asociación civil con presencia en 20 provincias y que actualmente acompaña, a través de distintas líneas de trabajo, a entre 800 y 1000 escuelas rurales.
“Actualmente nuestro foco de trabajo está centrado en la capacitación de los docentes rurales”, explicó Fernanda Malnis, directora de la entidad, a Bichos de Campo. La organización busca brindar herramientas de actualización para maestros que trabajan en la ruralidad, adaptadas a las características de ese medio.

Pero el trabajo no termina en la capacitación. Misiones Rurales también acompaña proyectos elaborados por las propias escuelas junto con las comunidades.
Las instituciones identifican sus principales problemas, los priorizan y presentan propuestas que luego son evaluadas y pueden recibir apoyo económico. “Quienes ejecutan 100% de los proyectos son las escuelas con sus comunidades rurales”, remarcó la directora.
La asociación también tiene un programa de becas para chicos que hicieron la primaria en escuelas rurales y necesitan trasladarse para continuar la secundaria. El cambio puede ser enorme: pasar de una escuela donde tuvieron durante toda la primaria a la misma maestra y directora y compartieron el aula con pocos compañeros, a otra donde deben vivir en un pueblo, un albergue o una casa de familiares y convivir con 30 o 40 alumnos.
Por eso el acompañamiento no es solamente pedagógico. “Los acompañamos tanto en temas pedagógicos como en temas vinculados a lo emocional y lo vincular”, señaló Malnis.
Otra de las iniciativas busca acercar a chicos y docentes de escuelas rurales de distintas partes del país, e incluso conectar escuelas rurales con urbanas.
Así, alumnos de Tierra del Fuego pueden comunicarse con otros de San Juan, o chicos de Corrientes con estudiantes de Jujuy. Hasta recursos que parecen antiguos pueden convertirse en experiencias novedosas. “Para un chico que le escribo una carta, un chico rural y uno urbano que se comunican por correo postal, para los chicos es algo muy novedoso”, contó.

La organización también observa avances en materia de alfabetización y enseñanza de matemática, aunque considera que todavía queda mucho por hacer. “Hay más de 10.000 escuelas” rurales en el país y la tarea es demasiado grande para que pueda ser abordada solamente por las organizaciones sociales. Por eso, Malnis destaca la necesidad de articular con las políticas públicas.
Entre las demandas actuales aparece además la conectividad. La entidad está gestando un proyecto para llevarla a escuelas que todavía tienen dificultades para acceder a ese servicio. El sector privado y el productivo también aparecen como aliados.
“El sector productivo está hiperinteresado en que la educación se fortalezca, mejore y que realmente las poblaciones rurales tengan conocimientos que les permitan insertarse localmente”, explicó.

Para Malnis, la escuela rural tiene una función que va mucho más allá de enseñar contenidos. También puede ser una herramienta para que quienes quieran permanecer en sus lugares de origen encuentren allí oportunidades para desarrollar una vida sustentable. “La educación es realmente lo que abre esas oportunidades”, afirmó.
En ese sentido, uno de los grandes desafíos actuales es la caída de la matrícula. Cada vez hay menos chicos tanto en el campo como en las ciudades, y las escuelas deben adaptarse a esa nueva realidad. A eso se suman problemas de acceso, caminos, conectividad y formación docente.
Misiones Rurales se financia íntegramente con apoyo privado, a través de donantes corporativos e individuales y eventos de recaudación. “Siempre uno puede hacer más en la medida que tiene más recursos”, reconoció Malnis.
Su vínculo con la ruralidad tampoco nació de una familia agropecuaria. Hace más de 20 años que trabaja en organizaciones relacionadas con educación y ruralidad y desde 2020 forma parte de Misiones Rurales. El contacto con las escuelas más aisladas terminó transformándose en una cuestión de vocación y compromiso.
“Cuando uno conoce la labor de los maestros rurales, sobre todo en algunos lugares del país, realmente es un trabajo enorme y que, cuando lo conocés, te termina conmoviendo y también comprometiendo”, sostuvo.
Ese compromiso encuentra su recompensa en historias concretas. Malnis recordó, durante la Exposición de Palermo, el mensaje recibido de una ex alumna de una escuela rural de Chaco, que contó que, gracias a un maestro, pudo continuar estudiando y elegir cómo vivir.
“Hay momentos en que es re difícil nuestro trabajo, pero cuando ves una respuesta así decís: vale la pena”, resumió.




