Esta semana los mercados agrícolas volvieron a estar interferidos por factores financieros ajenos a la naturaleza del negocio, lo que representa un desafío enorme al momento de intentar comprender la dinámica del sistema de formación de precios.
El martes pasado la posición neta especulativa en contratos futuros y opciones de maíz en el CME Group (“Chicago”) se mantuvo estable en un nivel muy “comprado”, mientras que en soja se liquidó una porción, según lo que reflejan los datos publicados este viernes por la Commodity Futures Trading Commission.
Las posiciones netas surgen de la diferencia entre las posiciones compradas (“long”, que fijan un precio techo y por ende apuestan a un mercado alcista) y las posiciones vendidas (“short”, que fijan un precio piso y por lo tanto apuestan a un mercado bajista). Tales registros se difunden con algunos días de retraso para evitar que la información impacte en las cotizaciones de granos.
La cuestión es que los valores de los futuros de maíz en el CME Group terminaron con bajas intrasemanales, lo que contrasta con el entusiasmo reflejado en las “apuestas” alcistas realizadas por los fondos agrícolas.
Las turbulencias financieras provocadas por la intervención del mercado cambiario de Japón por parte de EE.UU. son solo un capítulo de un desmadre generalizado que afecta a diferentes rubros.
Por ejemplo: la acción de United Wholesale Mortgage (UWM) en el NYSE, la mayor compañía mayorista de préstamos hipotecarios residenciales de EE.UU., perdió más del 70% de su valor en el último año, lo que refleja la precaria situación del mercado inmobiliario estadounidense.
Por otra parte, este viernes se conoció el dato oficial sobre el mercado laboral estadounidense: una sorpresiva pérdida de 23.000 empleos en julio pasado. ¿La reacción inmediata? Una suba de los principales índices bursátiles de EE.UU., como el S&P 500, que finalizó la jornada con una alza del 0,62%.
La inflación en EE.UU. se está acelerando y, en tal caso, el “manual” dice que la autoridad monetaria en EE.UU. (Fed) debería subir las tasas de interés de referencia para evitar que ese indicador se potencie por demás.
Sin embargo, según la herramienta FedWatch del CME Group, el 57% de los inversores estiman que Kevin Warsh, el titular de la Fed, mantendrás las tasas de interés de referencia en el nivel vigente de 3,5% a 3,75% en la reunión del organismo del próximo 16 de septiembre.
Eso porque, cuando la inflación sube y las tasas de interés de referencia se mantienen estables, las empresas pueden acceder a tasas de interés reales negativas, es decir, dinero “regalado”. Ese “festival” de populismo financiero puede resultar un anabólico para algunos activos, siempre y cuando ningún evento disruptivo acabe con la “joda”.
Para defender su moneda, que se viene devaluando fuerte, Japón podría incrementar las tasas de interés de referencia, que se encuentran en apenas un 1,0% anual. Pero hacer eso implicaría dañar a una fuente de liquidez permanente del sistema financiero occidental, lo que podría desatar una crisis sistémica como la registrada en 2008.
Por ese motivo, EE.UU. está interviniendo de manera directa en el mercado cambiario japonés: para promover una apreciación del yen y evitar un ajuste de las tasas de interés niponas. De todas maneras, ese suceso es un factor de riesgo para la multitud de inversores “apalancados” en yenes, ya que perderán capital con nuevas apreciaciones de la moneda o bien con un eventual ajuste de la tasa de interés. En ese contexto, no son pocos los que liquidan posiciones en yenes para ir a lo seguro y evitar posibles contingencias.
En tal contexto, la creciente liquidez en el ámbito global puede actuar como anabólico y también como destructor de precios de activos por cuestiones propias de una lógica financiera que no tiene relación alguna con los mercados en los que cotizan dichos activos.








