Hugo Bustamante no es sólo un productor hortícola que, cansado de perder dinero con su actividad, decidió reconvertirse. Es uno que convirtió esa frustración personal en un proyecto colectivo y se propuso trabajar para que, a la par suya, muchos otros productores de toda la región hagan lo mismo.
De formación, es ingeniero electrónico. De carrera, un experimentado del mundo del petróleo. Amante del campo desde chico, y criado entre hortalizas, hace 10 años decidió invertir en su proyecto más anhelado y tener su propia chacra productiva allí en la localidad cordobesa de Cruz del Eje.
Ni el tiempo ni la dedicación le fueron suficientes para esquivar el destino que, tarde o temprano, enfrentan muchos en su rubro. Acorralado ante la decisión más difícil, supo que no podía abandonar ese sueño personal y le dio un giro inesperado. Hoy, trabaja también para que muchos otros en la región hagan lo mismo, con la ilusión de ver allí, en su ciudad natal, nacer un nuevo polo productivo.

Como cualquier otro productor en la zona, hasta hace 3 años Hugo sembraba sandía, melón, tomates, cebolla, pimientos y alguna que otra hortaliza. Acostumbrado a acumular más penas que glorias, resistió más de una crisis y varias cosecha perdidas, hasta que encontró el límite.
“La cebolla fue mi estocada final”, recordó, al repasar su historia junto a Bichos de Campo. Fueron 10 hectáreas que quedaron sin cosechar, cuando un mercado saturado y sin precio terminó por expulsarlo.
“Yo estaba mal. No sólo económicamente, sino también anímicamente y con mi familia. Más de una vez pensé en vender todo, pero no sabía que iba a hacer. Por eso empecé a trabajar en este proyecto”, afirmó.
En reemplazo de la producción hortícola, Bustamante decidió dedicar su chacra a la producción de especias, legumbres y frutos secos. Un cambio de escala muy complejo no sólo en términos agronómicos, sino además desde lo económico, considerando que, sobre todo en el caso de los árboles, se necesita de una mayor infraestructura, inversión y tiempos de amortización.
Pero lo particular de su proyecto es que no sólo abarca su planteo, sino que pretende alcanzar a muchos otros productores de Cruz del Eje, en vistas de crear un nuevo polo productivo. Por eso, en conjunto con la Federación Agraria -entidad de la cual es dirigente- y de la Fundación de la Mesa de Enlace, impulsa esa reconversión a gran escala y destina su chacra a los ensayos y la multiplicación de material.
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En el fondo, la propuesta combate una imagen muy arraigada, que es la del pequeño productor pobre. O “empobrecido”, aclara Bustamante, que ha vivido en carne propia lo que implica chocarse contra la pared una y otra vez, descapitalizarse y ser excluido de un mercado que exige mayor tecnología, mayor escala y capacidad de adaptación.
Es también combatir la falta de políticas agropecuarias que acompañen a la frutihorticultura, afirma, que es lo que provoca que “el productor siembre sin saber siquiera a cuánto va a vender o si lo va a poder vender”.
“Tenemos que lograr que esta zona se transforme en una zona altamente productiva, que las fincas sean unidades de negocio y que quede algo muy en claro: el productor tiene que ganar plata, tiene que tener dignidad, tiene que poder mandar a los chicos a la universidad y tiene que poder irse de vacaciones”, señaló el dirigente, que lo así lo quiso para él, y hoy quiere verlo reflejado en sus pares.
El proyecto avanza hoy a buen ritmo. Hace ya 2 años que en su chacra maduran los nogales y almendros, próximos a entrar en producción y con un proceso de multiplicación avanzado, en el cual trabajan con investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba. Gracias a que ya encontraron las variedades aptas para el clima de esa región, próximamente se ilusionan con poder entregar el material a muchos otros productores.
“¿Por qué frutos secos? Porque es algo no perecedero y, si no lo puedo vender, lo guardo”, señaló Bustamante que, con esa misma idea rectora, también impulsa la producción de higos para disecar.
Pensando en el corto plazo, cuentan también con cultivos anís, comino, chía, sésamo, quinoa y algunas otras especies que suelen contar con un buen valor de mercado y que hoy están también evaluando.
“Yo no le puedo ir a decir al productor que haga algo si no sé si lo voy a vender o si va a funcionar. Entonces siempre hacemos el ensayo a campo antes de difundirlo”, afirmó, respecto a ese necesario paso previo.
Si se habla de reconversión productiva, insiste el dirigente, no puede ser a medias tintas. Eso significa que “no es la planta más barata, sino lo mejor del mercado”, y no son las herramientas que están al alcance, sino la más alta tecnología. En definitiva, es lo que marca la línea demarcatoria para que una pequeña chacra sea o no productiva.
Nada le indica a este productor que lo que propone no sea factible, aunque insiste que eso no significa que todo surja naturalmente. Todo lo contrario: afirma que se necesita apoyo desde las instituciones, como el proyecto que lleva a cabo, y el desarrollo de modelos asociativos para aprovechar la tecnología y escalarla.
Será un largo proceso, no le caben dudas, pero en definitiva tiene la certeza de estar logrando lo que se propuso hace un par de años, cuando la cebolla le dio su “estocada final”: no abandonar la chacra e intentarlo una vez más.





