La modificación de las condiciones para combatir la fiebre aftosa, en Argentina genera gran polémica. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) reformó por completo el esquema de vacunación mediante la Resolución 711/2025, de septiembre pasado y con plena vigencia desde 2026. La norma deroga regulaciones que venían rigiendo desde 2002 y modifica en profundidad los calendarios, las categorías obligadas a vacunarse, los procedimientos de registro y las restricciones de movimiento de hacienda.
El cambio más visible es la reducción de categorías en la segunda campaña anual: vaquillonas, novillos, novillitos y toritos dejan de ser vacunados en ese ciclo. A eso se suma la excepción para los feedlots, que quedan eximidos de la primera campaña y solo vacunan en la segunda. El Senasa sostiene que la inmunidad no se ve comprometida y que el esquema se alinea con lo que ya aplican Uruguay y Paraguay.
Ante esto, el productor y exvicepresidente del Senasa, Carlos Milicevic, envió a la redacción de Bichos de Campo una columna de opinión sobre este nuevo panorama sanitario que se abre. Se lee completo a continuación:

“Hace un tiempo y con mucha impotencia vengo advirtiendo que la Argentina se encuentra muy frágil ante el difícil contexto sanitario internacional; y el principal riesgo para la Argentina radica en la fragilidad institucional que vengo advirtiendo en el Senasa, que ha perdido más de 600 profesionales en los últimos años producto de sus magros salarios, y siendo un organismo que no recibe siquiera una parte importante del presupuesto propio que le corresponde por tasas, aranceles.
A ello debemos sumar las constantes intromisiones políticas sobre el organismo, que ponen en jaque al sistema sanitario frente a cambios regulatorios frecuentes o pseudo desregulaciones implementadas sin análisis técnico profundo.
Así es como se aprobaron vacunas contra fiebre aftosa con duración diferente a las requeridas por Senasa por años, y que determinaron un status sanitario sólido por años, y que además determinara que los animales adultos se vacunen solo una vez al año.
Pero esas vacunas, que hasta hicieran equivocadamente anunciar al mismísimo presidente, que llegarían pronto y a mitad de precio; nunca llegaron.
Ahora en los pasillos del organismo se habla de que el gobierno solicitó y presionó al actual Gobierno de Colombia, liderado por el Presiente Petro, claramente enfrentado al Gobierno Argentino, para que inscriban su vacuna y salvar a algún funcionario y sus amigos asesores, de los papelones y cambios de normas para que llegaran.
La experiencia histórica del país demuestra que decisiones apresuradas en materia de sanidad animal pueden generar consecuencias graves. El antecedente de la aftosa en 2001 derivó en una crisis compleja, con impactos severos sobre la producción, el comercio internacional y la credibilidad sanitaria.
En la actualidad, los procesos de desregulación —como la flexibilización en la ejecución de campañas de vacunación, o la simplificación de procesos regulatorios— pueden generar posibles eficiencias en el corto plazo, pero también introducen riesgos sistémicos si no están acompañados por controles robustos, vigilancia epidemiológica y coordinación público-privada.
La sanidad animal es un bien público con externalidades significativas: su debilitamiento no afecta únicamente al productor sino a toda la cadena de ganados y carnes, y al posicionamiento del país.
Para completar este desaguisado, en esta actual vacunación y por indicación de Senasa, solo se vacunaron terneros con una vacuna, y no los nacidos en otoño.
Es llamativo, además, que desde el gobierno se promocionara como otra supuesta desregulación, y como logro político que nos ahorramos 14 millones de vacunas.
Mientras exista la misma cantidad de hacienda y el mínimo riesgo, y se sostenga la vacunación, difícilmente se ahorre en vacunas, salvo como sucedió que no se vacunaron ciertas categorías.
Es lamentablemente entonces que en esta campaña no se vacunarán los terneros nacidos en otoño, o sea la categoría más susceptible, y los cuales permanecerán 10 meses sin inocular en los campos
Es a las claras una torpeza epidemiológica.
Si el objetivo oculto es avanzar en un proceso para abandonar la vacunación, bien se podría trazar un camino crítico, bien planificado, sólido y con plazos y tiempos.
Pero mientras sigamos vacunando, el planteo mayoritario del sector en el congreso de entes, es llamativo quedejemos sin inocular a la categoría más susceptible.
Es claro que las intervenciones políticas en Senasa están desorientando a sus profesionales, considero que hasta los están haciendo equivocar.
Me suena extraño que nadie del sector haya advertido de esta situación. Personalmente me contacté con quienes pude para alertarlos, ahí mi impotencia.
Además, no solo es un error sanitario, sino que puede tener otros efectos al modificarse las estrategias acordadas oportunamente.
En este sentido insto a toda la cadena a profundizar sus análisis y reclamos, y ser más enfáticos en la defensa del Organismo y sus excelentes equipos técnicos.
La ganadería tiene un futuro promisorio, no perdamos otra oportunidad”.





