La mayor parte de los productores de alfalfa empezaron en la actividad por necesidad, para abastecer su tambo o planteo ganadero. Pero los últimos años el sector se ha profesionalizado de manera tal que son muchos los que optaron por abocarse plenamente a ese mercado, mirando con muy buenos ojos el potencial enorme que hay no sólo en la demanda interna sino también en la exportación.
Ese es el camino que ha hecho Edgar Carignano desde Colonia Las Pichanas, una pequeña localidad cordobesa del departamento de San Justo. Acumula 15 años en el sector, ya no se dedica a la producción lechera y únicamente hace alfalfa, abasteciendo con sus rollos a productores de Argentina y el mundo.
En épocas de sequía, como las que hubo años atrás, este es un sector muy beneficiado por la alta demanda, ya que brinda alimento cuando no hay pasto natural. En años más bien llovedores, como el anterior o el actual, la situación es más compleja porque el mercado interno está saturado.
Pero ese es uno de los factores que dinamiza la producción, porque la obliga a virar hacia la exportación, un mercado que exige profesionalizarse aún más.
“Todo esto vino demasiado rápido porque en los años secos no mirábamos mucho la calidad, había mucha demanda y lo que hacías te lo compraban. Pero estos años húmedos que hay más forraje, tuvimos que empezar a adoptar los estándares de calidad que exigía la exportación”, explicó el productor.
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Demanda interna, sean mejores o peores años, siempre van a tener. Pero convertir a la alfalfa en leche o carne puertas afuera es, para Carignano, una arista que tiene aún mucho por crecer.
“Recién estamos saliendo a la ruta con la alfalfa y Argentina está exportando sólo un 2% de la que se maneja en el mundo. Tenemos mucho camino por recorrer”, expresó, y aseguró que, para ello, el sector deberá seguir profesionalizándose, sumando equipamiento y elevando sus estándares de calidad.
“Si uno quiere permanecer en el sistema tenés que ir acorde a los tiempos y a la calidad que te piden. Los que más trabajo tienen son los que están con la última tecnología”, afirmó.

Todo ello, en definitiva, revaloriza el trabajo que hacen en su propio clúster de la alfalfa allí en Córdoba, que Edgar también integra como miembro de la comisión directiva.
Se trata, como cualquier otra experiencia asociativa, de reunirse para compartir conocimientos, pensarse como sector y hasta elaborar ambiciosos proyectos, como alguna vez lo fue enviar rollos al exterior.
“El cluster fue el motor de todo este crecimiento alfalfero, porque fue el que motivó todo el conocimiento de la tecnología que se está adoptando hoy en día en el sistema”, señaló.
– ¿Es difícil producir alfalfa? ¿Es más trabajoso que la agricultura tradicional?
-Y sí, porque la alfalfa te da oportunidad una vez al mes o cada 45 días y tenés que estar en horarios complicados cuando la humedad lo requiere. Lo bueno es que tenés 6 o 7 oportunidades diferentes que son los cortes al año, y no es como la cosecha que tenés una sola oportunidad.
En eso, Edgar coincide con sus pares: el suyo es un sector más exigente, pero que siempre da revancha. Y así es como evalúa a las campañas difíciles como la actual, un año húmedo, de muchas precipitaciones y dificultades para secar el forraje: “Hemos tenido años buenos y años malos y bueno, será uno más para el recuerdo y para pasarlo”, comentó.




