La maquinaria agrícola empieza a correrse de su lógica histórica. Ya no se trata de equipos más grandes o más potentes, sino de sistemas cada vez más precisos, con mayor capacidad de procesamiento y orientados a la toma de decisiones en tiempo real. Esa es la línea que baja hoy la industria y que quedó expuesta durante el último lanzamiento de pulverización de John Deere durante la Expoagro.
“Nosotros entendemos que el próximo salto productivo en la agricultura no va a venir de la mano de un equipo más grande o más potente, sino de equipos más inteligentes”, señaló Eduardo Améndola, experto en agricultura de precisión durante la presentación de nuevos equipos.
Según explicó, las máquinas están cerca de su límite en términos de capacidad física, y el margen de mejora empieza a concentrarse en la incorporación de tecnología.
Ese cambio se ve con claridad en los equipos de pulverización. Los nuevos desarrollos incorporan sistemas capaces de gestionar la aplicación de insumos con mayor precisión, registrar lo que ocurre en cada metro del lote y procesar esa información en tiempo real o a través de plataformas digitales. “La máquina puede documentar cada segundo de tu lote y actuar en consecuencia”, indicó Améndola.
En ese esquema, la automatización empieza a ocupar un lugar central. Améndola describió que varios equipos pueden trabajar de manera sincronizada dentro de un mismo lote, sin superposiciones ni errores, incluso en condiciones de baja visibilidad. “Una persona o varias personas trabajando de noche no podrían sincronizar sus trabajos. Esta tecnología lo permite”, afirmó.
El avance también se apoya en sistemas de detección y aplicación selectiva. A través de cámaras distribuidas a lo largo de la barra, las máquinas identifican malezas en tiempo real y actúan de manera puntual sobre cada objetivo. “Estas máquinas pueden escanear 200 metros cuadrados por segundo e identificar todas las malezas en ese espacio en un segundo”, explicó. Esa capacidad permite reducir de manera significativa el uso de herbicidas y mejorar la eficacia del control.
Mirá la entrevista completa con Eduardo Améndola:
Otro de los ejes es la dosificación precisa. Los nuevos sistemas regulan el caudal de aplicación en cada boquilla de forma individual, sin modificar la presión, lo que mantiene estable el tamaño de gota y mejora la calidad de la aplicación. Según Améndola, ensayos realizados por la compañía muestran impactos directos en la productividad. “Las plantas producen más. Son más sanas porque reciben la dosis adecuada”, aseguró.
En paralelo, la tecnología apunta a reducir desvíos y efectos no deseados. La regulación automática durante los giros, el control de altura de las barras y la estabilidad del equipo permiten evitar superposiciones, fallas y problemas de deriva hacia lotes vecinos.
Los lanzamientos recientes de la marca se inscriben en ese proceso. La PLA 3600 GD incorpora mayor autonomía de trabajo, sensores en tiempo real y sistemas de carga automatizada. La 230M suma regulación automática de velocidad para optimizar el consumo de combustible y mantener condiciones operativas estables. La serie 400R, en tanto, integra tecnologías de aplicación selectiva y control avanzado de barras, junto con estructuras preparadas para incorporar nuevas funcionalidades.
Más allá de las características técnicas, el planteo de fondo es que la maquinaria se está convirtiendo en una plataforma tecnológica. “Esto es un chasis al que se le pueden agregar nuevas tecnologías”, sostuvo Améndola. La base está compuesta por conectividad, posicionamiento satelital y capacidad de procesamiento, sobre la cual se incorporan sensores, automatizaciones y herramientas de análisis.
En ese contexto, el rol del operario también empieza a modificarse. La automatización de tareas repetitivas y la incorporación de inteligencia en los equipos reducen la incidencia de la fatiga y mejoran la precisión de las operaciones. “Vamos a necesitar algunas habilidades diferentes para trabajar con estas tecnologías”, advirtió.
El horizonte que plantea la industria es el de equipos cada vez más autónomos, con mayor capacidad de decisión y enfocados en la eficiencia del uso de insumos. El objetivo, según Améndola, es claro: “Lograr mayor productividad y rentabilidad a partir de la precisión”.
La discusión, así, deja de centrarse en el tamaño de las máquinas y pasa a estar vinculada a la gestión de datos, la automatización y el nivel de intervención sobre cada ambiente del lote.





