El eterno reclamo de la industria semillera para que se reconozca la inversión que hace en el desarrollo de nueva genética inicia ahora un nuevo capítulo, que muchos esperan sea el definitivo. Y es que, tras los intentos fallidos de modificar la actual normativa en reiteradas ocasiones, la gestión de Javier Milei volvió a poner el tema en agenda, y recogió el guante por su lado más espinoso, que es la adhesión a los nuevos estándares internacionales.
“No podemos permitir que Brasil triplique su producción de soja usando semillas con tecnología argentina que no se pueden vender en la Argentina”, expresó el presidente en su discurso de apertura de sesiones ordinarias, adelantando que, así como está previsto en el acuerdo firmado con Estados Unidos, la intención del gobierno nacional es que el país adhiera a la UPOV 91 y, además, actualice su normativa vigente.
-¿Qué significa todo eso para el sector?-, le preguntó Bichos de Campo a Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), una entidad directamente involucrada en el reclamo.
“Estamos realmente motivados. Que el presidente de la Nación hable de las semillas, la genética y los rindes en la apertura de sesiones del Congreso nos moviliza”, expresó Paseyro, que insiste en que este reclamo, de larguísima data en el sector, es una “cuestión estratégica” a nivel país.
Y en efecto lo es, pues de hecho hay un acuerdo tácito dentro de la cadena productiva respecto a que, así planteado, el ecosistema de investigación y desarrollo argentino sólo va en declive, sobre todo para quienes se dedican a las semillas autógamas, como soja y trigo. En ese caso, entre el “uso propio” y la “bolsa blanca”, la industria estima que no más de un 40% de los materiales usados cada campaña efectivamente se pagan.
El último intento serio de actualizar la Ley de Semillas, que data de 1973, fue en 2018 y terminó frustrándose a último momento. Ahora, además de revivir ese debate, la propuesta gubernamental -se cree, por pedido de Estados Unidos- es también adherir a la UPOV 91, un conjunto de normas internacionales mucho más estrictas en materia de defensa de la propiedad intelectual. Las mismas vendrían a reemplazar a las actuales a las que ha adherido la Argentina y el resto de los países del Mercosur, enmarcadas en la UPOV 78.
Conscientes de que el tema despierta acalorados debates en el sector, sobre todo si se trata de endurecer los mecanismos para que el productor pague por el material que usa, desde la industria semillera aseguran que lo primordial es “trabajar en lo cultural”.
“Primero tenemos que estar de acuerdo en que este status quo no nos sirve y que la situación en la que estamos no beneficia a Argentina. No sólo a las empresas, sino al rinde, la calidad y la innovación. Algo hay que hacer”, expresó el directivo de ASA, que afirma que el país debe ponerse a tono con sus competidores en materia de genética y eso implica un gran acuerdo sectorial.
Parte de eso empieza a discutirse ahora que Milei volvió a poner el tema en agenda, y de hecho, desde las propias entidades de los productores elevaron una propuesta propia para discutir una modificación a la normativa vigente antes de aceptar una adhesión plena a la UPOV 91.
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“Hay tres planos. Uno es el de los tratados internacionales, como la UPOV. Luego está la adecuación de ese tratado en el marco normativo vía la Ley de Semillas. Y por último la implementación, en la que el INASE tiene un rol fundamental”, explicó Paseyro, tratando de insinuar que no es contradictoria la actualización de la ley con la adhesión que reclama Estados Unidos.
En ese sentido, y a pesar de que toca fibras sensibles en la tradición del sector, el directivo de la industria semillera desmintió que el debate genere asperezas en el vínculo entre su sector y los productores. “Todo lo que hacemos es para el productor, y desde que pensamos en una variedad trabajamos con él. Tenemos que mejorar el entorno para que nosotros mejoremos lo que le damos al productor y tengamos más rinde y más rentabilidad”, agregó el referente.
Lo cierto es que de este debate sobre la inversión tecnológica y las condiciones para investigar en el país se desprende otro, que también puso en agenda el presidente Javier Milei durante el discurso de apertura de sesiones en el Congreso Nacional: ¿Argentina puede efectivamente duplicar su producción y llevarla a las 300 toneladas?
“El mejor ejemplo de eso es Brasil, así que creo que es posible. Siempre trabajamos desde la oferta, pero también tenemos que conocer mucho la demanda”, aseguró Paseyro.
-¿Entonces estamos en condiciones de poner en marcha esa rueda que haga duplicar la producción?
-Sí, pero no puedo decir en qué plazo. Ahí tiene mucho que ver los derechos de exportación, la estabilidad macroeconómica, el crédito y la rentabilidad. Como aspiracional es excelente, y es ahí donde deberíamos ponerlo. Es un norte en el que hay que trabajar.
-En eso, ¿la tecnología de semillas puede ayudar?
-No es que pueda, es necesaria y clave. Ahí hay mucho por hacer, y lo evidencia también lo que pasa en las demás producciones, como algodón, legumbres o vegetales.




