La vitivinicultura atraviesa hoy un momento crítico, que muchos ubican como puntapié de un proceso de reconversión, tanto en el eslabón primario como en el industrial. No sólo pensando en las nuevas pautas de consumo, sino también, y fundamentalmente, en cómo hacer frente a los costos crecientes, la puja por ser más eficiente y la concentración.
Aunque incipiente, la mecanización en las fincas es uno de los síntomas más claros de esa transformación. La idea es que un único operario haga todo el trabajo y eso redunde en una menor inversión en mano de obra, y por consiguiente mayor margen de ganancia. Suena sencillo, pero engloba toda una serie de consideraciones técnicas no menores, que aún limitan la implementación de este sistema a gran escala.
Como no se trata únicamente de “meter” una máquina entre las vides, Bichos de Campo visitó uno de esos planteos tecnificados en plena vendimia y dialogó con especialistas sobre sus particularidades, costos, y ventajas.

En el Alto Chapanay, plena zona vitivinícola del departamento mendocino de San Martín, la finca de la familia Torres inaugura la vendimia con una inmensa máquina New Holland de la serie Braud 9090. No le pertenece a ellos, sino a la cooperativa que integran, pero sobre eso volveremos luego.
El sistema es similar al empleado en otras economías regionales. En este caso, la máquina regula su altura de acuerdo a la hilera y pasa por encima de las plantas. Debajo, cuenta con varios bastones vibradores, que golpean suavemente el tronco y desprenden los racimos, que caen sobre bandejas recolectoras y rápidamente se almacenan en tolvas laterales. Todo el desperdicio de hojas, palillos y otra vegetación se desprende al final de la hilera, con potentes turbinas.
Mientras que dura todo ese proceso, hay que guardar una distancia adecuada. La máquina demora sólo unos pocos minutos en recorrer cada pasillo, sobre todo cuando el rumor de que vendrá una gran tormenta en plena Fiesta de la Vendimia es bastante certero.

Es sencillo, rápido y requiere de sólo dos operarios: uno en la cosechadora y otro en el camión de descarga. Lo mismo ocurre durante la poda, que se lleva a cabo con esa misma máquina y de forma 100% automática.
Pero para implementarlo es necesario que todo el planteo sea readecuado, lo que sin dudas significa la inversión más importante para el productor.
“Fundamentalmente lo que cambia es el sistema de conducción. La vid es una enredadera que se adapta bien a un parral, un viñedo de cabeza, o un espaldero. En este caso, lo que se usa es la casarza”, explicó a Bichos de Campo Marcelo Federici, que, además de enólogo y productor, es vicepresidente de Fecovita.

Si bien no es muy distinto a un espaldero convencional -sistema que se adoptó plenamente hace unos 30 años- en este caso la casarza (o “carrazza”) está exclusivamente diseñado para facilitar la cosecha mecanizada. Las plantas se ordenan también de forma vertical, pero los racimos se dejan más expuestos y alineados a la misma altura, con un follaje lo suficientemente abierto para no obstaculizar el paso de la máquina.
Al final de cada hilera, se colocan postes de 10 o 12 centímetros de diámetros -diseñados para soportar la vibración de la cosechadora- y se dejan grandes callejones que se utilizan para girar e ingresar a la próxima hilera.
Lo cierto también es que no todas las uvas son adecuadas para los planteos mecanizados, primero porque la distribución del follaje las deja más expuestas al sol, pero además por las mermas que provoca la misma cosechadora al vibrar. No todas las variedades tienen la misma estructura, y algunas de ellas pueden perder mucho más jugo al ser desprendidas por la máquina.
“A las uvas varietales, como el Malbec, el Cabernet, el Syrah, o la Bonarda, la exposición parcial al sol les viene muy bien porque desarrollan antocianos, pigmentos del hollejo que aportan color y estructura al vino”, explicó Federici. No es el caso de las uvas blancas -a excepción de la chardonnay- que por el contrario pueden perder aromas fruto de esa insolación.
Aún con sus complejidades técnicas, en el sector prevén que los planteos mecanizados tienen como gran ventaja la baja en los costos, que incluso alcanzan -y sobran- para contrarrestar las pérdidas de rendimiento. El mayor ahorro lo representa la mano de obra, hoy por hoy un importante costo para las fincas, empujada por una menor disponibilidad en toda la región.
En eso coincide Torres, el dueño de esa finca que mira atentamente todo el proceso sentado a un costado, y aguarda para enviar su uva para elaborar vinos de alta gama. “Con este sistema, a mí me alcanza para pagar los costos del año que viene y poder seguir esperando que mejore la situación en el sector”, señaló.

Desde ya que, como cada cosechadora cuesta entre 450.000 y 500.000 euros, la única alternativa para un viñatero chico o mediano es contratarla mediante un servicio. Y, para ello, el esquema asociativo emerge como una buena alternativa.
Desde hace ya 2 años, Fecovita creó la Cooperativa de Servicios Vitícolas y Enológicos (SVE) como ente autónomo, que está integrada a su vez por las 29 cooperativas de la federación y ofrece varias alternativas a los productores. Además del asesoramiento técnico, la compra conjunta de insumos, la búsqueda de financiamiento, o la pulverización con drones, cuenta también con 4 cosechadoras de última generación para sus asociados.
“Asegura que el productor pequeño, que tiene 1 o 2 hectáreas, pueda acceder al servicio, porque en el mercado es muy difícil que un privado quiera trasladar una máquina para hacerlo”, explicó el presidente de Fecovita, Rubén Panella, a este medio.
Por el momento, sólo 1000 hectáreas de las 25.000 que controla esta federación se trabajan de forma mecanizada. A nivel provincial y regional, la relación es similar. Pero en el sector confían en que, más temprano que tarde -cuando emerja el financiamiento y mejore la situación en el sector- será punta de lanza de la tan anunciada reconversión.
“Yo creo que, así como en los años 70 se pasó de los espalderos bajos a los parrales, y en los 90 del parral a los espalderos altos, hoy es muy posible este nuevo cambio de sistema de conducción hacia el de casarza”.





