La posibilidad de expandir el riego agrícola en Argentina vuelve a instalarse con fuerza en la agenda productiva. A la tradicional discusión sobre el enorme potencial hídrico del país se sumaron en los últimos meses señales concretas desde la política económica, como mejoras en el acceso a importaciones de insumos, líneas de financiamiento más activas, reducción de algunos impuestos y, sobre todo, la aparición de nuevos incentivos fiscales destinados a promover inversiones productivas.
En ese escenario, desde la industria del riego aseguran que se está configurando uno de los momentos más favorables de los últimos años para que más productores incorporen esta tecnología.
La mirada proviene de una de las compañías más relevantes del sector, Valley Irrigation, que observa con atención cómo empiezan a alinearse distintos factores que podrían acelerar la adopción de equipos en los campos argentinos.
Su gerente general en el país, Nahuel Lo Cane, resumió el diagnóstico con una idea que se repite cada vez más entre quienes impulsan la expansión del riego: Argentina todavía riega muy poco en relación con su potencial.
“Sabemos perfectamente que en Argentina se podrían regar más de 7 millones de hectáreas de las que hoy se están regando. Y llegar a 9 millones aproximadamente. O sea que tenemos cantidad y calidad de agua para hacerlo”, explicó el ejecutivo durante una charla con periodistas en el marco de Expoagro.
Hoy el país tiene una superficie irrigada relativamente acotada frente a ese potencial. Sin embargo, la tecnología viene creciendo de forma sostenida, aunque a un ritmo todavía moderado. Según los datos que maneja la propia industria, la superficie bajo riego se incrementa alrededor de 4,5% anual.
Para Lo Cane, ese ritmo podría acelerarse en los próximos años si se consolidan las condiciones que comenzaron a aparecer en los últimos meses.
Uno de los elementos que aparece como detonante es el nuevo marco de incentivos fiscales. El llamado Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), incluido en el paquete de reformas impulsado por el gobierno, contempla beneficios específicos para equipamiento productivo como sistemas de riego, mallas antigranizo o infraestructura agropecuaria.
El esquema prevé, entre otras cosas, la posibilidad de amortizar el total de la inversión en un solo año y mejoras en el tratamiento impositivo del consumo energético asociado al funcionamiento de los equipos.
“Hay un impulso muy grande a través de este RIMI, porque uno ahora puede amortizar el total del equipo en un solo año, y también hay una mejora en el IVA que uno paga del uso de la energía para la utilización de los equipos”, explicó Lo Cane, en referencia a la baja contemplada de el 27 al 10.50%.
El ejecutivo remarcó además que el régimen todavía está en etapa de implementación, pero aun así ya comenzó a generar movimiento en el mercado.
“Recuerden un poco la secuencia: se aprobó la ley hace 10 días, está en el boletín oficial y estamos en plena etapa de implementación. Cuando uno lee la ley y los beneficios que eso trae, realmente es un impulsor muy grande”, sostuvo.
Según contó, incluso antes de la aprobación formal del régimen comenzaron a multiplicarse las consultas.
“Desde que salió la ley, les diría desde un poco antes, porque había una percepción de que podía salir, empezamos a recibir muchísimas consultas. Y si bien estamos en el segundo día de la expo, ayer, el primer día, fue realmente impresionante la cantidad de consultas que tuvimos y la cantidad de apertura de cotizaciones que hemos tenido. No lo hemos tenido nunca”.
El nuevo régimen fiscal se suma a otros cambios recientes que también mejoraron la ecuación económica de invertir en riego.
Uno de ellos tiene que ver con la reducción de algunos costos asociados a la importación de componentes utilizados en los equipos. Según explicó Lo Cane, esa modificación tuvo un impacto directo sobre los precios.
“Hubo algunas mejoras en las importaciones de algunos productos que nosotros tenemos, con mejoras del impuesto PAIS y demás. Eso nos permitió llevar hoy los equipos a un nivel de precio que no lo tuvimos nunca”, explicó. Según Lo Cane, el resultado fue una baja significativa en los valores finales. “Hemos bajado mucho el precio del equipo. Por lo menos un 20% en los últimos 24 meses”, aseguró.
A eso se suma un contexto financiero que, según el ejecutivo, empieza a mostrar mayor disponibilidad de crédito para inversiones productivas.
“Hoy los bancos están mucho más abiertos a dar líneas de crédito, no solamente al sector agropecuario, sino en general, porque tenemos mucho más foco en la productividad”, indicó.
La combinación de precios más bajos, beneficios fiscales y financiamiento disponible configura, según la visión de la compañía, un escenario particularmente favorable. “Con líneas de crédito agresivas y todos estos beneficios, hace que para el productor hoy tomar la decisión de poner un equipo de riego sea la mejor situación de los últimos años” agregó Lo Cane.
Más allá de los incentivos coyunturales, desde la industria observan también un cambio más profundo en la forma en que muchos productores piensan sus inversiones.
Durante años, el riego fue visto como una tecnología reservada para establecimientos muy grandes, semilleros o producciones intensivas. Sin embargo, esa percepción empezó a modificarse.
“Antes se pensaba que el equipo de riego era para superficies grandes, semilleros o cultivos muy intensivos. Y nosotros empezamos a mostrar que la verdad es que podés tener un campo de 200 hectáreas o 150 hectáreas con un pivot y va a mejorar muchísimo la eficiencia en tu campo”, explicó Lo Cane.
Ese cambio de mirada se vio reforzado por los golpes climáticos de los últimos años, en particular la sequía que afectó fuertemente a la producción agrícola en 2023.
“Lógicamente que el productor se acuerda más de tener un equipo de riego cuando tuvo algún problema de clima en los cultivos que ha terminado de cosechar”, señaló.
Desde el punto de vista productivo, el argumento central de quienes impulsan el riego sigue siendo el mismo: la estabilidad y el aumento de los rendimientos.
Los estudios que maneja la compañía muestran incrementos significativos respecto del manejo en secano. “Nosotros decimos que en promedio podríamos elevar la producción de maíz por hectárea en 3 mil kilos”, explicó Lo Cane.
También hay mejoras importantes en otros cultivos. “En promedio elevamos entre 1500 y 2 ml kilos por hectárea para la producción de soja y de trigo versus secano”.
Cuando esos números se proyectan sobre millones de hectáreas potenciales, el impacto se vuelve macroeconómico.
“Cuando uno ve el total y piensa que Argentina puede tener 9 millones de hectáreas regadas y eso lo empieza a multiplicar en la productividad, le genera al país una cantidad significativamente mayor de producto por año, de granos que exporta y que es proveedor de divisa”.
En ese marco, desde la industria ven posible acelerar el crecimiento de la superficie irrigada en los próximos años. En el caso de Valley, el objetivo interno era duplicar en tres años la cantidad de hectáreas cubiertas con sus pivotes.
Sin embargo, la respuesta del mercado en el inicio de la nueva campaña podría incluso superar esas previsiones. “Nosotros ya estimábamos que eso iba a tener un aceleramiento. Ahora, cuando uno mira la respuesta que se está teniendo en estos primeros días desde que empieza la campaña nueva, empezamos a ver que esta campaña puede ser significativamente mejor a la que veníamos esperando”, resumió el experto. Principio del formulario






Sigan secando con bombas de profundidad…las napas…sigan.