La Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Fecovita) agrupa a unas 29 entidades, 5000 productores y 54 bodegas de todas las zonas productivas. Creado en la década del ochenta, este gigante vitivinícola controla decenas de marcas comerciales, es el número 1 en ventas a nivel país y está entre los 10 grupos más importantes del mundo.
Por su escala, y por abarcar a toda la cadena productiva, desde Fecovita esbozan un diagnóstico muy certero de la actual crisis que atraviesa el vino tanto dentro como fuera del país: nuevas tendencias de consumo, desalcoholización generalizada, sobrestock y bajos precios, que han profundizado las dificultades en las viñas y la industria.
Pero, aunque generalmente se la compare con otras crisis sectoriales, que prácticamente parecen cíclicas al analizar las últimas décadas, esta situación expresa ciertas particularidades que la hacen aún más preocupante. Es lo que explicó, en diálogo con Bichos de Campo, el presidente de la entidad, Rubén Panella.

“Estamos en una crisis de costos más que de precios”, evaluó Panella. El termómetro lo marca el valor del litro de vino a granel, que en las peores épocas del sector llegó a estar a un tercio de lo que hoy cuesta y, aunque parezca positivo, lo cierto es que complica la salida de esta encrucijada.
“Es una crisis importante porque, a diferencia de las otras, estamos ahora con valores del vino no tan bajos, de entre 20 y 30 centavos de dólar”, agregó el dirigente.
Cabe destacar que en los años 2000 el precio rondó los 11 centavos por litro, poco menos que en 2015, cuando el excedente también deprimió los valores y los ubicó en torno a los 18 centavos. Hoy, en realidad, el vino a granel tiene precios mayoristas muy cercanos a los históricos, que fueron siempre de 35 centavos de dólar.
Como no es tanto una crisis de precios mayoristas, sino de costos -sobre todo, laborales, de insumos y energéticos, tanto para el sector primario como industrial- y de consumo -con baja sostenida a nivel local y global- la salida no parece estar a la vuelta de la esquina.
“Es compleja, sobre todo, por la dificultad para solucionarla. Sucede que, si desaparece el excedente, los precios no van a subir tanto, porque es imposible trasladar aumento sin que caigan las ventas”, explicó Panella, en referencia a lo que puede suceder en las góndolas. Allí sí el precio es muy bajo, incluso, dice el dirigente, el menor de los últimos 30 años.
“Normalmente, cuando el vino blanco llegaba al precio de la cerveza, teníamos caída de consumo. Hoy en día vos comprás dos tetrabrik con lo que vale una cerveza, es la bebida alcohólica más barata del mercado”, ilustró Panella.
Eso justifica en parte el incremento sostenido en las ventas de ese segmento, tanto a nivel interno -donde Fecovita controla no menos del 30% del mercado- como externo. En ese último caso, además de los cambios en las tendencias de consumo, sobre todo en los segmentos jóvenes, lo que influye es la baja en la producción española, fruto de las malas cosechas.
En ese sentido, tal como lo demuestran los números del Instituto Nacional de Vitivinicultura, los vinos blancos argentinos llegan hoy en cantidad, sobre todo, a Portugal, Italia y Alemania, en reemplazo de los españoles.
De cara a este año, desde el sector prevén que la baja esperada para esta cosecha -que será de alrededor del 17% de acuerdo al pronóstico compartido por Fecovita días atrás- corrija en parte los excedentes productivos y mejore precios en el mercado. Sin embargo, como se sabe que el cuello de botella está en los costos y los niveles de demanda, el trabajo deberá concentrarse en esos segmentos.
En ese sentido, los números juegan, una vez más, a favor del sistema asociativo que hoy representa Fecovita y que tiene larga tradición en la vitivinicultura, sobre todo para superar épocas de crisis.
“El año pasado, en el mercado interno terminamos creciendo levemente cuando la industria cayó más del 2,5%. En el mercado externo, la venta de vino fraccionado creció casi un 25%, cuando la industria también cayó. En mosto y granel, también crecimos más que el resto de la cadena en 2025”, explicó Panella en la presentación que hizo durante el encuentro mensual de Consejo de Coninagro.

Si crecieron cuando todos los demás cayeron es porque parte de esa fórmula funciona. Con 11 unidades comerciales distribuidas a lo largo del país, exportaciones en 40 países y oficinas comerciales fuera de las fronteras, la Federación de Cooperativas Vitivinícolas muestra una mayor espalda para afrontar cambios en el mercado. El mismo objetivo con la que fue creada en los ochenta sigue vigente hoy.
“Necesitamos llevarle el mejor precio a nuestros asociados, pero también maximizar sus beneficios. Por eso hoy trabajamos fuertemente en reducir costos y nos enfocamos en la eficiencia. Estamos en una economía abierta en la que ya no competimos con las bodegas de la zona, sino que estamos integrados y compitiendo con bodegas de todo el mundo”, concluyó el dirigente sectorial.





