El Senasa -un organismo técnico que debería estar a salvo de lobbies tanto empresarias como políticos- venía soportando un constante e indisimulada presión por parte del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, para que concediera un registro a una nueva vacuna contra la fiebre aftosa que se produce en Brasil, y que el laboratorio local Tecnovax pretende importar para bajar los precios locales, considerados abusivos por el gobierno libertario.
Finalmente el ministro impuso su poder y el organismo presidido por la agrónoma María Beatriz Pilu Giraudo concedió el viernes el registro habilitante para la vacuna Ourovac, según informó el propio laboratorio Tecnovax, porque la información oficial brilla hasta ahora por su ausencia. De todos modos, la vacuna de origen brasileño ya puede verse en el Vademecum oficial de Senasa bajo el número de registro 26-030.
Pese a su visible responsabilidad política sobre esta medida -Sturzenegger comenzó en abril de 2024 a hacer un intenso lobby público a favor de la vacuna brasileña y en contra del “monopolio” que manejaba aquí la provisión de dicho insumo ganadero-, el ministro no comentó nada sobre este supuesto logro en las redes sociales, como suele hacer ante cada medida inocua que produce su cartera.
Esa curiosidad quizás tenga que ver no solo conque hay muchas dudas sobre que esta nueva vacuna ingrese finalmente al país, ya que el laboratorio paulista Ourofino ha detenido al producción de esa vacuna desde mayo de 2023, cuando Brasil tomó la decisión de dejar de aplicar el inóculo a sus casi 240 millones de cabezas de ganado, para así ser declarado “país libre sin vacunación”.
Sin vacuna disponible no hay nada que importar y por lo tanto no se produciría la tan mentada baja de precios pregonada por el ministro. Por eso, habrá que ver si el laboratorio paulista asociado a Tecnovax decide rehabilitar su planta de aftosa para comenzar a competir en el mercado argentino. Eso se verá en el curso de las próximas semanas.
El ministro de Desregulación hizo hasta lo inimaginable para lograr el Registro oficial para la vacuna, incluso ir en contra de la línea técnica histórica del Senasa (quizás, por cierto y lamentablemente, demasiado influenciada históricamente por los laboratorios locales para evitar una mayor competencia), hasta llegar al punto insólito de que los productores argentinos (Biogénesis Bagó y CDV) deben ahora hacer más análisis por aprobar sus nuevas vacunas bivalentes que las pruebas que se requirieron a la vacuna importada.
Vale la pena recordar todos las medidas forzadas por Sturzenegger con el único objetivo de que se aprobara esta vacuna:
- En abril de 2024 cargó contra el “monopolio”, denunció que la vacuna valía 2 dólares por dosis y anunció que iba a permitir la importación para bajar los precios a menos de la mitad.
- En ese mismo mes el laboratorio Tecnovax pidió permiso para importar 15 millones de dosis fabricadas por Ourofino a un precio menor al del mercado, pensando en ingresar en un lote de vacunas producidas en 2023 que tenían fecha de vencimiento en igual mes de 2025.
- Como esas vacunas no eran semejantes a las que usaba Argentina, en mayo de 2024 el Senasa modificó, a pedido de las autoridades políticas, la composición de cepas de las vacunas antiaftosa requeridas. Hasta ese momento la vacuna era tetravalente y pasaría a ser bivalente a partir de marzo 2025. Así se equilibraba la exigencia con la vacuna brasileña, ya que se consideraba que la presencia adicional de cepas era en realidad un escollo para el ingreso de dichas vacunas.
- En diciembre de 2024, el ex presidente de Senasa Pablo Cortese habilitó el ingreso de un lote de vacunas de Ourofino para hacer los análisis. El procedimiento de importación fue más que discutido e incluso ha sido impugnado por los otros laboratorios. Lo cierto es que esa vacuna brasileña ya estaba cerca de la fecha de vencimiento.
- Como aún a pesar de la reducción de cepas la vacuna brasileña debía pasar por controles de eficacia muy exigentes impuestos desde Senasa, que Sturzenegger también calificó como una barrera a la competencia, en enero de 2025 se dictó la resolución 11, que flexibilizó las condiciones para la importación de insumos veterinarios.
- Con dicha desregulación no fue suficiente, así que en mayo de 2025 el Senasa dictó una nueva resolución que casi liberaba de controles de calidad para registrar productos veterinarios a una serie de países considerados “equivalentes”. En esa lista figuraban Israel, Estados Unidos y varios países europeos. Y Uruguay.
- A los dos días, advertidos por una nota de Bichos de Campo de que el listado de países equivalentes no incluía a Brasil y Paraguay, lo que volvía a dejar fuera del radar a la vacuna antiaftosa de Ourofino, Sturzenneger forzó una reedición de la anterior resolución. Ahora bastaba una declaración jurada del importador para poder traer la nueva vacuna.
- En septiembre de 2025 Senasa volvió a flexibilizar todavía más las reglas para la importación. La Resolución 749/2025 definió una “excepción” a las reglas para la importación de vacunas contra la fiebre aftosa, añadiendo un artículo a una resolución de 2017, la 609, para dejar sin efecto algunos requisitos que había impuesto el propio organismo.
Esta larga lista de presiones expuestas, que quizás sean justificadas para lograr una desregulación pero que sin duda constituyen una injerencia política evidente sobre un organismo técnico, condujo además a dos crisis políticas dentro del Servicio Sanitario nacional.
A mitad de 2024 se registró la renuncia del vicepresidente de Senasa, el respetado veterinario Sergio Robert, y se ordenó “cajonear” durante más de un año un anteproyecto que ese profesional impulsaba para reducir drásticamente los costos de vacunación antiaftosa por otra vía: Según esta propuesta –cuya resolución Senasa ya tenía lista en junio de 2024– ya no sería necesario aplicar dos dosis a las categorías adultas de vacunos, puesto que ya tenían suficiente inmunidad. Eso implicaba ahorrarse unos 15 millones de dosis anuales.
El cajoneo de esta disposición fue la evidencia más grande de que a Sturzenegger le importaba más su cruzada personal contra Biogénesis Bagó, que pertenece al grupo del empresario Hugo Sigman, que reducir los costos de los productores, como pregonaba. Por eso sus presiones adquieren un tono distinto, más peligroso.
En julio de 2025, además, renunció el presidente del Senasa, Pablo Cortese, luego de 30 años trabajando en el organismo. El motivo fue más que claro: el enfrentamiento entre laboratorios por la vacuna contra la fiebre aftosa, que ya incluía cartas documentos cruzadas y la posibilidad de denuncias penales, y sobre todo su rechazo a una flexibilización tan grande de los controles sanitarios sobre insumos importados.
En su lugar, Sturzenegger y Caputo promovieron a la dócil Pilu Giraudo, sin ninguna experiencia previa en el tema, que venía del INTA.
Recién en septiembre de 2025, el ministro Caputo anunció que se iba a comenzar a aplicar desde la campaña 2026 la reducción de dosis a categorías mayores que ya estaba lista y era cajoneada desde más de un año antes, y que iba a permitir una reducción en la cantidad de vacunas obligatorias a aplicar y un ahorro, según Economía, de 14 millones de dosis y más de 20 millones de dólares. Mientras Sturzenegger seguía su operativo por la vacuna importada, la Mesa de Enlace tuvo que intervenir para reclamar que se desempolve dicha medida que permitía una baja efectiva de los costos en el corto plazo.
Ahora esta resolución está en vigencia: En esta primera campaña de vacunación que comienza en marzo se aplicará una dosis a todo el stock bovino de la Argentina (unas 51 millones de cabezas), y en la primavera que viene solamente a las categorías menores (unos 20 millones de animales). Es decir que habrá un ahorro concreto en la cantidad de dosis aplicadas.
Salvo que… Y aquí viene la gran última estupidez cometida por el ministro Sturzenegger.

“Están aprobando un producto que debería usarse dos veces al año (ya que la vacuna Ourovac tiene una duración de inmunidad de 6 meses nada más, mientras que las vacunas argentinas que se comercializan hoy tienen 12 meses). Es por eso que se puede vacunar una vez el rodeo completo y luego revacunar solo terneros”, explicó una fuente del sector veterinario tan tenazmente perseguido por el ministro.
La misma fuente reveló que quitar la segunda dosis de vacunación a las categorías mayores “fue un pedido del sector para bajar los costos y el gobierno lo demoró. Recién a partir de este año se puede implementar y es un gran logro. Pero con este nuevo registro convivirían dos productos diferentes (por su duración) y el programa sanitario es único. ¿Cómo harían para convivir? ¿Cada productor elige si darle 1 o 2 dosis a sus animales? Así lo barato va a terminar saliendo caro…” , dijeron los detractores de la nueva vacuna que promete Tecnovax.
Bichos de Campo chequeó esta información con un especialista en carnes y la respuesta fue semejante: “Según las indicaciones del laboratorio fabricante, la vacuna de Ourovac debe ser aplicada cada 6 meses para conservar su eficacia. ¿Cuál será ahora la próxima medida de Senasa? ¿Van a tener que hacer un nuevo programa de vacunación a la medida de la vacuna de Ourovac?”, ironizó, no sin antes recordar que el ex presidente de Senasa durante el menemismo, el veterinario Bernardo Cané, fue uno de los principales asesores de Sturzenegger en esta supuesta cruzada “anti monopolio”.

Frente a la situación, fuentes cercanas al laboratorio Tecnovax aclararon que en realidad “la vacuna tiene inmunidad de un año en todos los países vecinos” y anticiparon que se va a presentar la documentación requerida para modificar esa indicación establecida por el laboratorio de Senasa.
Nosotros somos periodistas. Y desde esta columna no podemos asegurare cuál es la mejor vacuna ni cual el camino indicado para reducir los costos de la vacunación contra la fiebre aftosa. No es nuestra tarea.
Lo que sí percibimos con claridad es que nada bueno se logrará con este tipo de presiones sobre un organismo técnico público (ya sea antes de parte de los laboratorios que producían la vacuna o ahora, bajo la prepotencia del ministro Sturzenegger). De este tipo de cosas no puede salir nada bueno, y mucho menos cuando hay que estar alertas por los rebrotes de fiebre aftosa (con cepas desconocidas aquí) que están repicando en varias regiones del mundo. Si la Argentina -a diferencia de Brasil- decidió seguir aplicando la vacuna, entonces hay que actuar con seriedad.
Quizás Sturzenegger no lo sepa, pero la Argentina ganadera ya perdió demasiado con esa enfermedad como para dejar su suerte librada a un ministro ignorante y caprichoso. Hay que parar la pelota en este enfrentamiento, revalorizan al Senasa en su justo término y no ceder a las presiones de ningún sector.
Sobre todo si son de este tenor, la última gran pelotudez de Sturzenegger.
Por cierto, en una nueva presión sobre el servicio sanitario, en enero pasado el ministro impuso una nueva normativa para desregular la importación de las vacunas no vesiculares para bovinos, que no incluyen las de la fiebre aftosa sino otro tipo de preventivos para enfermedades respiratorias y otras dolencias de las vacas. La decisión se tomó sin consulta pública a los sectores interesados, una sana práctica que Senasa abandonó con la asunción de Giraudo. Y rompió con una larga tradición de la medicina veterinaria argentina respecto de preferir las vacunas con virus desactivados y no con virus vivos atenuados. Y al parecer, según los que saben, esto ya excede una pelea de alcoba entre laboratorios argentinos, pues claramente favorece la inserción en el mercado de vacunas producidas por las grandes multinacionales.
Por ahí va finalmente la cosa. Esta es la idiotez fundante de Sturzenegger: en vez de sentir orgullo porque la Argentina cuenta con laboratorios de la talla de Biogénesis Bagó, Tecnovax o CDV, y trabajar activamente para posicionarlos en el concierto internacional; en vez de trabajar para hacer un Senasa profesional, con técnicos bien pagos que brinden garantías a los mercados internacionales y los consumidores locales; el ministro finalmente fagocita una pelea intestina entre los propios que disfrutan los de afuera.




