Presentes en un gran número de países, los glaciares constituyen la principal reserva de agua dulce para consumo humano, regulan el ciclo hidrológico y tienen impacto en economías y ecosistemas. Por tal motivo, el impacto que tiene sobre ellos el cambio climático se vuelve más que alarmante, ante la presión de derretimiento que ejerce sobre ellos.
Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) documentó un proceso que vuelve a ese fenómeno muy evidente. En un lapso de 24 años, entre 1900 y 2024, el glaciar Alvear, ubicado en la provincia de Tierra del Fuego, perdió el 80% de su área, mientras que su longitud cayó a la mitad.

“Nuestro Inventario Nacional de Glaciares identificó un sistema de casi 8.500 km² de hielo en los Andes y las Islas del Atlántico Sur, un área equivalente a 42 veces la ciudad de Buenos Aires. Y está documentado que estos cuerpos de hielo están desapareciendo debido a los cambios en el clima. El Glaciar Alvear queda cerca de Ushuaia y es un hito turístico importante. El problema es que el aumento de las temperaturas medias lo está derritiendo”, afirmó Anneris Stieben, ingeniera en Recursos Hídricos, egresada de la Especialización en Teledetección de la Escuela para Graduados FAUBA, y autora del trabajo.
La investigación consistió en analizar la evolución del glaciar desde 1900 -el fin de la última “Pequeña Edad de Hielo2- hasta 2024. Se basó en imágenes satelitales y también en recorridas a pie. Los resultados de Anneris fueron contundentes: “En 124 años, el macizo perdió el 80% de su superficie. Pero esa pérdida no ocurrió siempre a la misma velocidad. Hasta 1979, solo se redujo a razón de 1 hectárea por año; después, la tasa ascendió a 3,5 hectáreas al año, en promedio”, detalló Stieben.
En cuanto a su extensión, el glaciar se acortó un 50%, pasando de 2,3 km a 1,1 km. El máximo se dio entre 1999 y 2004, con un acortamiento de 62 metros por año.
“La consecuencia es que hoy el glaciar está partido en dos. El proceso es irreversible: salvo que ocurra una nueva glaciación —lo cual podemos descartar a corto plazo—, el Alvear tiene sus días contados”, sentenció la ingeniera.
La evidencia más clara de esto está en la Laguna Celeste, un espejo de agua que no existía hace décadas, y que hoy se ha convertido en un mirador natural de gran impacto visual. A esto se suma la desaparición de las Cuevas del Alvear, antes de 2019.
“Esta laguna existe porque el glaciar, al derretirse, llenó la cavidad rocosa que él mismo había excavado. Su presencia es la prueba de que el glaciar se reduce. El paisaje se transforma todo el tiempo: le decimos adiós a las cuevas de hielo y le damos la bienvenida a una nueva laguna. A los efectos turísticos, funciona: es hoy una gran atracción para el visitante”, lamentó Stieben.
A continuación, y en el marco de presiones para flexibilizar la Ley de Glaciares, la especialista sostuvo: “Por un lado, es necesario fortalecer el resguardo legal de zonas de recarga y regulación natural con restricciones a las actividades extractivas o de alto impacto. Aunque existe la Ley de Glaciares, se la quiere modificar. Es un riesgo latente para la preservación de estos ambientes”.
“Por el otro, hay que terminar de actualizar el inventario. La tarea es ardua y compleja, pero se está trabajando bien, más allá de la escasez de recursos humanos y económicos. También sería conveniente que las distintas provincias monitoreen los glaciares más pequeños. Se debe redefinir la disponibilidad futura del recurso hídrico, tanto para garantizar el abastecimiento aguas abajo como para elaborar planes de contingencia ante inundaciones o sistemas de alerta temprana”, añadió.





