Se viene la vendimia 2026 y por supuesto en las provincias cuyanas se escuchan las quejas de todos los años, usuales en los momentos previos a la recolección de las uvas. Como en muchas otras economías regionales, quienes se quejan son especialmente los pequeños productores, el eslabón más débil de la cadena y sobre quien se suelen descargar -insolidariamente- todas las ineficiencias. Es que -obligado a vender rápido su uvas- este es el segmento que peores precios recibe de todos los que conforman la vasta familia vitivinícola.
¿Hay razones para esas quejas? Siempre las hay, especialmente entre quienes no tienen armas para enfrentar estos temporales, porque o bien no han podido hacer a tiempo una reconversión, o bien no tienen espalda financiera para salir airoso del chubasco.
Pero una mirada más abarcativa de la vitivinicultura es necesaria y es lo que intenta hacer desde su fundación hace ya más de una década la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), un organismo público-privado desde donde emanó el Plan Estratégico Vitivinícola. “Representamos al 90% del sector”, dicen los dirigentes de este entramado que abarca a toda la cadena productiva, las provincias y el propio Estado Nacional, y que insanamente algunos tienden a querer confrontar con un grupo pequeño de empresas que se han cortado solas en Bodegas de Argentina, y que en todo caso es representativa de solo un segmento del negocio.
En las próximas horas, la Coviar presentará en público otra de las frecuentes revisiones de su plan estratégico pensado para 2030, justamente la mirada distante que se necesita para establecer políticas de largo plazo que -alguna vez- cobijen a los productores más pequeños y le den sustentabilidad a sus explotaciones frente a una macroeconomía expulsiva y un cambio climático amenazante. La presentación se realizará a poco días de la celebración del tradicional desayuno Coviar en Mendoza, los primeros días de marzo, plena fiesta de la Vendimia. La intensión clara es conmover al gobierno de Javier Milei, quien hasta aquí a mostrado poco y nada a favor de la economía vitivinícola desplegada en 16 provincias.

Bichos de Campo conversó sobre estos giros en el plan estratégico con los máximos responsables de la Corporación, el presidente saliente Mario González (proveniente de la cooperativa La Riojana) y quien lo reemplazará, el mendocino Fabián Ruggeri, de la poderosa Fecovita. Todas las medidas sugeridas por estos productores y bodegueros tienen un hilo en común: crear mayor demanda no solo sobre los vinos que se producen sino especialmente sobre las uvas que se cosechan.
Hay mucho por cuidad y preservar: Argentina es el 11º mayor exportador mundial de vinos, el 7° mayor productor y el 9° mayor consumidor de vinos del mundo. Pero el negocio está en crisis para los eslabones más débiles mencionados arriba, y por eso la superficie de viñedos ha caído por primera vez por debajo de las 200 mil hectáreas (199.946 hectáreas cultivadas con vid), distribuidas en 22.039 viñedos que se van achicando y concentrando.
Uno de los síntomas más claros de que el negocio no anda bien es que el consumo interno de vinos ha caído nuevamente por debajo de los 16 litros por habitante por año, y eso implica que se sigue achicando el principal mercado para las bodegas locales, que es el doméstico, que absorbe 70% de la producción. En el otro 30% el negocio de la exportación del complejo uva -que aportó 933 millones de dólares en 2025- padece las generales de la ley de la economía, con un dólar atrasado y altos costos que limitan la competitividad.

La revisión de las estrategias de la cadena apunta más allá del vino. En Coviar anotaron el dato de que las exportaciones crecieron mucho más en otros productos (en 2025 los embarques de uva en fresco saltaron 86,9%, las pasas de uva 82,3% y el mosto el 75%) que ene l vino propiamente dicho. Por eso una revisión de las estrategias apuntará a dar mejores condiciones a dichos negocios. En el caso del vino, las exportaciones del fraccionado y a granel cayeron 6,8% en volumen, de 2,07 a 1,93 millones de hectolitros; mientras que en facturación bajaron 7,2%, de 712 a 661 millones.
Esta mirada se entrometerá en la nueva revisión de la estrategia de la Coviar 2026, pensando en destinar una mayor porción de la cosecha de uvas a esos tres destinos, quitando sobreoferta a las bodegas, para que éstas a su vez no depriman los precios pagados a los productores.
En este sentido, González anticipó que la cadena vitivinícola (en sintonía con las provincias que producen frutas) volverá a la carga en las próximas semanas con un proyecto de ley de Mostos, cuyo debate ya fracasó en dos ocasiones anteriores por la férrea resistencia de algunos intereses muy concentrados que verían lesionado su negocio. Es que esta ley propone promover el uso de mosto de uva (jugo concentrado) y de otras frutas como edulcorante natural en bebidas analcohólicas, buscando reemplazar azúcares industriales y sobre todo a la fructosa de maíz. “Se hará mucho hincapié en razones de salud”, avispó el presidente saliente de la Coviar, confiado en que esta vez -la tercera- será la vencida.
En el mundo el jugo concentrado de uva o mosto representa un comercio de 440.000 toneladas valuadas en 660 millones de dólares. La Argentina es el segundo mayor exportador mundial, con 82 mil toneladas que se colocan a 1.598 dólares la tonelada. “El mundo demanda mosto como un endulzante natural para alimentos y bebidas. Estos son los principales mercados que importan jugo concentrado de uva y a estos precios”, indicó un informe de Coviar que destaca los envíos de mosto a Estados Unidos, Sudáfrica, Japón, Canadá y Arabia Saudita, y que anticipa esta nueva batalla por una ley que también promueva ese consumo fronteras adentro.
Es un flanco de esta batalla. La otra gran apuesta que se quiere realizar es a las pasas de uva. “En 2024 en el mundo se comercializaron 871.494 toneladas de pasas de uva por un valor total de 2.029 millones de dólares. De ese mercado, Argentina participó con un total de exportaciones de 43.515 toneladas a un precio promedio de 1.881 dólares por tonelada”, se indicó desde la Corporación, donde consideran que hay grandes posibilidades de diversificar los mercados actuales, que están muy concentrados en Brasil (63% del total exportado) y Estados Unidos (12%).

La esperanza de los vitivinícolas es que esos dos negocios puedan comenzar a absorber buena parte de la uva que antes se destinaba al vino común, que es el segmento que más mercado viene perdiendo, en especial en sus variedades blancas. Hay zonas, como el este de Mendoza y San Juan, donde los productores más pequeños dependen seriamente de esta reconversión, pero necesitan mercados y apoyo crediticio. “No hay precio que aguante una productividad de 8 a 10 mil kilos (de uva) por hectárea”, sostienen los impulsores de esta nueva “arquitectura vitivinícola”.
No quiere decir, esta apuesta por el jugo concentrado y las pasas de uva, que el vino vaya a ser abandonado ni mucho menor. En la Coviar creen que la Argentina debe consolidar su oferta de vinos de guarda, de alta calidad, que se defienden solos en el mercado pero absorben le menor parte de la producción de uvas. En el resto de los segmentos del mercado, consideran que se debe consolidar el esfuerzo para imponer en el mercado nuevas formas de vinos (como los de baja graduación de alcohol, los directamente desalcoholizados u otras variantes “frescas”) que puedan capturar la atención de los nuevos consumidores. Y también modificar formatos de venta, como la lata. Otra vertiente a potenciar es el enoturismo, ya que hay casi medio millar de bodegas que ya lo practican como manera de fortalecer sus ingresos.
Los ajustes al Pan Estratégico que se formulan tienen apoyo de las principales provincias y han sido adelantados al jefe de Gabinete de la Secretaría de Agricultura, en el afán de que las autoridades nacionales concurran al desayuno Coviar, el próximo 7 de marzo, con algo más que solo ganas de brindar. La prioridad, según el sector, debería estar puesta en el financiamiento que todos los eslabones de la cadena vitivinícola -pero en especial los productores-, necesitan para enfocarse en las nuevas posibilidades de negocios.
El año 2026 parece ser adecuado para debatir a fondo estas estrategias, pues a pesar de que muchos productores hagan sentir sus quejas por los precios bajos que se están ofreciendo por sus uvas, las estimaciones oficiales y de la propia Coviar dan cuenta de que no habrá tanta uva y no se saturarán los mercados como en vendimias anteriores.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura, en este sentido, calculó que la producción de uva de Mendoza será 9% inferior a la del ciclo anterior, mientras que San Juan mejoraría un magro 1,5%. Entre ambas explican 17,6 millones de hectolitros y el resto aportará 1 millón adicional, por lo que la oferta total sería esta temporada de 18,6 millones, cuando en 2025 fueron 19,6 millones. De ese total, a la producción de mosto se destinan unos 4 o 5 millones de hectolitros.




