En Campo Viera, capital nacional del té, la historia de Mysliwczuk Tea se entrelaza con la propia evolución de la actividad en la provincia de Misiones. Todo comenzó hace 70 años con Miguel Mysliwczuk, perteneciente a la primera generación en llegar desde Ucrania a la tierra colorada y que incursionó en el cultivo del té en una época donde la mecanización del sector era inexistente.
La segunda generación, representada por Jaroslaw, consolidó el ordenamiento de la estructura de tierras productivas de la familia. Más tarde, Víctor Hugo protagonizó el salto industrial con el impulso de la construcción de la fábrica, transformándose en una empresa agroindustrial integrada, y posicionó a la producción en el mercado de exportación.
Actualmente, la empresa es dirigida por Ahron Mysliwczuk, cuarta generación familiar con la camiseta puesta. Junto a un equipo de jóvenes trabajan en la ampliación de la planta fabril como así también en lograr nuevas certificaciones internacionales para consolidar el valor agregado a la producción y fortalecer su presencia en todos los continentes con el suministro de té.
Lucas Gurawski es director comercial de Mysliwczuk Tea y desde Campo Viera en diálogo con Bichos de Campo, sintetiza algunas claves para comprender la continuidad y el crecimiento a lo largo de siete décadas: “perdurar significa adaptarse. En la empresa, pasamos de un modelo tradicional a uno de mejora continua y la reinversión constante en infraestructura”.
No obstante, Gurawski remarca que el principal activo de la empresa es “el cuidado de nuestra gente y de nuestras plantaciones. Entendimos que el legado no es solo heredar la tierra, sino heredar una forma de hacer las cosas bien”.
Actualmente, Mysliwczuk Tea trabaja con 600 hectáreas propias e integradas a su circuito industrial. La producción anual ronda en torno a un volumen de unos 5 millones de kilos de hoja verde que se traducen en 1.5 millones de kilos de té seco.
La planta está especializada en té negro ortodoxo, con foco en grados industriales de alta calidad como BOP (Broken Orange Pekoe) y F1 (Fannings 1), perfiles que garantizan infusiones rápidas, intensas y de licor claro, muy demandadas por la industria internacional.

El esquema productivo responde a un modelo de integración vertical “del brote al contenedor”, que permite constatar la trazabilidad completa. “Controlamos todo el proceso, desde la planta hasta el embarque. Eso es lo que hoy buscan las grandes compañías: seguridad, consistencia y capacidad de adaptación”, explicó Gurawski.
En el plano de la sustentabilidad y la inocuidad, Mysliwczuk Tea cuenta con las certificaciones en los sellos Rainforest Alliance y USDA Organic. La inversión actual de la firma está orientada a alcanzar la certificación HACCP – Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control – para la próxima zafra, con el objetivo de elevar los estándares de control sanitario.
“El mundo ya no compra sólo precio. Exige procesos certificados y transparencia en toda la cadena”, sostuvo el responsable comercial, al tiempo que subrayó que estas herramientas permiten diferenciar al té argentino en mercados altamente competitivos.

Históricamente, el té argentino ha sido un insumo clave para la industria global de mezclas (blends) y para el segmento de té helado (iced tea). En ese escenario, Mysliwczuk Tea concentra sus envíos principalmente en Estados Unidos y Canadá, donde su perfil de taza encuentra mayor demanda. Europa también ocupa un lugar relevante, con Ucrania como destino destacado, mientras que en América Latina la empresa mantiene una presencia consolidada en Chile y avanza en Brasil, Perú, Paraguay y Uruguay. En paralelo, la firma negocia el ingreso a mercados de alto consumo como Pakistán, Taiwán y Emiratos Árabes, aunque aún sin envíos concretados.
“El trato cercano con los compradores y la comprensión del país al que vendemos son claves. Por eso, buscamos adaptarnos a cada cliente y construir relaciones estables en el tiempo”, señaló el vocero.

Para la nueva generación al frente de Mysliwczuk Tea, el principal desafío es modificar el posicionamiento del té argentino en el comercio internacional y establecer una nueva hoja de ruta. “Tenemos que romper el molde del ‘commodity’. El té argentino tiene que dejar de venderse sólo por ser barato, tiene que ser buscado por ser eficiente, sustentable y seguro”.
“El futuro del té argentino está en dejar de ser un ingrediente anónimo y pasar a ser un socio estratégico certificado para las grandes empresas de bebidas. Queremos que el mundo sepa que, en la provincia de Misiones, la cuarta generación de una empresa familiar está haciendo té de calidad con impacto local y visión global”, concluyó.





