El sector lechero viene de recuperar en un 9,7% su producción y de registrar un muy buen desempeño exportador el año pasado, pero esas buenas noticias no derraman sobre todos por igual.
Además de la puja por recuperar su margen de rentabilidad con el sector industrial, en las que han llevado las de perder, los tamberos santafesinos advierten ahora que la presión tributaria se ha vuelto insostenible para su actividad: afrontan 37 impuestos diferentes que representan hasta un 42% de sus ventas.
En esa batalla por la presión fiscal también llevan las de perder, pues en el sector son muchos los que, en vez de crecer, luchan por subsistir en un mercado que muestra signos de mayor informalidad y hasta de fraude como respuesta a los altos índices de recaudación municipal, provincial y nacional.
“El número de impuestos y de renta perdida es abrumador”, evaluaron desde la Mesa de Productores de Leche de la Provincia de Santa Fe (Meprolsafe) y la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (Carsfe), entidades que nuclean al sector tambero y elaboraron un informe denunciando ese “cóctel que invita al abandono”.
En la extensa lista de tributos que los aquejan figura el impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, también conocido como “impuesto al cheque”, ya que grava los movimientos en cuentas corrientes. “Cuando las operaciones se repiten o superponen generan impuesto sobre impuesto”, señalaron desde el sector, que pidió, una vez más, su eliminación.
Del mismo modo opera el impuesto a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que se paga “en el surtidor”, cada vez que se carga nafta o gasoil. “Eliminarlos favorecería los sistemas productivos, el consumo y el turismo”, observaron.
En la misma línea, también pidieron por una disminución del impuesto al Valor Agregado (IVA), para que favorezca el consumo de lácteos. Aunque el año pasado ese índice mostró signos de recuperación y se ubicó en torno a los 181 litros por habitante, aún no alcanza los niveles que, hace 10 años, eran considerados “normales” (217 litros al año).
Dentro del listado de los impuestos nacionales se encuentra también Ganancias, que se aplica a una escala progresiva de entre el 25% y el 35% sobre la utilidad neta. En 2026, por ejemplo, la alícuota máxima del 35% aplica a rentas superiores a aproximadamente $347 millones. “Si todo el sistema impositivo está bien controlado, es un impuesto justo”, sostuvieron las entidades.

En su diagnóstico sectorial, Meprolsafe y Carsfe aseguraron que hay registros de una informalidad superior al 40%, tanto en ventas y compras como en la incorporación de personal.
Además advirtieron por la presencia de productos fraudulentos en el mercado y, si bien señalaron que “la presión fiscal no justifica estos delitos”, exigieron una reforma que ayude a revertir esa situación.
Es el caso, por ejemplo, de las Cargas Sociales, en el que pidieron ir hacia “un sistema más moderno”, justamente en la previa a la discusión de la Reforma Laboral en el Congreso. Respecto a Retenciones y Percepciones, insistieron sobre su eliminación.
“Que cada contribuyente pague lo que le corresponda, evitando retenciones indebidas y facilitando a ARCA en control por contribuyente directo”, afirmaron.
Sobre las tasas municipales, evitaron desarrollar demasiado. Son muchas, muy dispares y, lamentaron, “casi siempre con el compromiso de prestar servicios que no se prestan”. Entre los impuestos provinciales, el podio en cuanto a nivel de impacto se lo llevan Ingresos Brutos (IIBB), Sellos, e Inmobiliario Rural.
Este “grave problema de rentabilidad”, que provocan la escalada de costos y la presión fiscal, se evidencia en la “sangría” que ha tenido el sector durante los últimos años, con una fuerte tendencia a la concentración y el cierre de pequeños establecimientos. Incluso, tras lo que fueron relativamente años de “recuperación” para la cadena, que aún necesita mejorar su competitividad y su incidencia tanto en el mercado interno como en el de la exportación.
“El sector tambero argentino, que generó el mayor aumento mundial de producción en el 2025, hoy muestra dinamismo productivo hacia 2026, pero la matriz impositiva, junto con factores macroeconómicos y de mercado, genera un escenario de alerta sobre la rentabilidad, requiriendo políticas de apoyo y alivio fiscal para sostener la actividad y que dejen de cerrar tambos”, concluyeron las entidades.





