Los exportadores de carne, sean grandes frigoríficos o consorcios de productores, deben haber sido de los sectores económicos donde la intervención del Estado ha provocado los mayores daños. Vale recordar, por caso, los cierres o cupos de exportaciones promovidos por Guillermo Moreno entre 2007 y 2013, o las más recientes trabas en el gobierno de Alberto Fernández, entre 2021 y 2023. En ambos casos pudieron ganar unos pocos, pero la cadena ganadera se vio notablemente perjudicada, a punto tal que la producción está estancada desde hace 40 años.
Durante años la actividad ganadea reclamó libertad, para producir y para poder comercializar su producto, la carne vacuna, sin restricciones. Y ese reclamo surtió finalmente efecto, porque el gobierno de Javier Milei desarmó todo tipo de regulación ni bien asumió. De los cupos de exportación no quedó nada, y también se desmontaron las DJEC (Declaraciones Juradas de Exportación de Carnes) que manejaba la ex ONCCA y hasta se eliminó el peso mínimo de faena. Solo queda el remanente de una absurda e incontrolable retención del 5% por género (paga la carne de macho, pero no la de hembra). Para el sector, debería ser la panacea.
En este contexto, el gobierno (a través de la Secretaría de Agricultura), destacó hoy que “en 2025 Argentina alcanzó récord de exportaciones de carne bovina en divisas”, ya que se vendió carne por 3.700 millones de dólares, un 22,3% más que el año anterior, correspondiente a envíos de 853.183 toneladas equivalentes res con hueso. Los precios internacionales subieron más del 30%.
Del volumen exportado, unas 500 mil toneladas correspondieron a los embarques dirigidos a China.
La gran curiosidad es que, lejos de festejar este cúmulo de libertades, la cadena de la carne vive días de zozobra desde que -horas antes del cambio de año- el país asiático anunció el resultado de una investigación para determinar el daño que las importaciones de carne de diversos orígenes provocaba en su propia producción ganadera. El veredicto fue la imposición de salvaguardias.
Lo que China dispuso es imponer a todos sus proveedores de carne cupos para los próximos tres años. La idea es que los países no exporten más de las cantidades que le asignaron a cada uno, porque si se pasan se les aplicará un arancel prohibitivo de 55%. El sistema ya comenzó a regir desde el pasado 1° de enero. Para al Argentina, el cupo de este año será de 511 mil toneladas, que no distinguen la carne por calidad, corte o precio. Cada kilo que ingresa (aunque sea de hueso) va descontándose de ese total.
En principio, la cadena de la carne local festejó ese resultado, porque la Argentina fue el país menos sancionado y recibió un cupo muy cercano al volumen exportado en 2025, que fue de 500 mil toneladas. O más exactamente, el límite para que entre a regir la sanción quedó 11.307 toneladas por debajo de las 499.693 toneladas vendidas el año pasado. No se podrá exportar más que eso, pero al menos no habrá que reducir embarques, como le sucederá a Brasil (China le asignó una cuota anual a Brasil de 1,106 millones de toneladas, unas 500 mil menos de las que exportó) o Australia, que tendrá 205.000 toneladas con bajos aranceles cuando vendía bastante más.
Pero con el correr de los días, lo que fue motivo de festejo para la industria frigorífica local se transformó en un severo dolor de cabeza. ¿Por qué razón? Porque la imposición de ese techo implica que la Argentina deberá coordinar sus embarques para no sufrir un colapso en dicho negocio, abarrotando de carne el mercado chino en la primera parte del año. Esto -si sucediera- tendría dos consecuencias muy perjudiciales para los exportadores de carne a China, porque tanta presión desencadenaría una baja de los precios de la carne vendida allá, al tiempo que acá provocaría una suba de los pecios de la hacienda. El “efecto Puerta 12”, donde siempre quedan varios muertos.
Desde un principio, los empresarios pensaron que este escenario no se produciría porque el Estado asumiría ese riesgo y distribuiría el negocio entre los distintos actores, como ya sucede con otros cupos de exportación, la Cuota Hilton para Europa o la Cuota Americana- donde la Secretaría de Agricultura distribuye los tonelajes disponibles entre los operadores habilitados.
Pero a diferencia de esas otras dos cuotas -que son “concesiones” a la Argentina- en el caso de China se trata de un “castigo”: se pone un límite de mercado para evitar más dumping a su propia ganadería. China lo hace en defensa propia y no en base a un acuerdo entre países. Por eso de entrada el mensaje que llegó de Beijing es que los Estado no debían intervenir de ninguna manera. A ellos lo único que les interesa es que no ingresen más de 511 mil toneladas (o hueso) de la Argentina a lo largo de todo 2026.

La decisión de los chinos fue la que Agricultura, a cargo del concuñado Sergio Iraeta, transmitió hace un par de semanas a los frigoríficos exportadores, que sobre todo están nucleados en el Consorcio ABC. El sistema de administración que se aplicaría a esa cuota sería (libertad total) la no intervención, como sucedió en los primeros años de la Cuota de 20.000 toneladas concedida por los Estados Unidos. El sistema se llama “primero llegado, primero vencido”. La cuota se va consumiendo por orden de llegada y cuando se acaba se acaba.
Esa decisión, lejos de calmar a los exportadores, exacerbó los temores a que haya empresas “vivas” que se corten solas y aprovechen para anticipar sus exportaciones, antes de que se liquiede el cupo y disfrutando de los altos precios internacionales que se cobran actualmente. Y otras “miedosas”, que adelantes sus embarques por temor a quedarse sin cupo. Eso -dada la conocida indisciplina y falta de solidaridad en el negocio de la carne- podría provocar un caos y lo que era una situación triunfal podría transformarse en una desgracia.
Curiosamente las entidades de productores no se han mostrado interesadas en este tema siendo que los ganaderos podrían ser los más afectados por este desenlace, en especial los criadores que han utilizado en los últimos años a China como mercado fundamental para desprenderse de sus vacas más viejas a buenos valores, pudiendo mejorar el perfil reproductivo de sus rodeos.
Hay un grupo de frigoríficos líderes que, en cambio, nunca descansa y que suele aprovechar todas las situaciones -incluso los cierres de las exportaciones que decidían las gestiones anteriores- en su propio provecho.
Dentro del Consorcio ABC existe por estas horas un intenso debate respecto de este complejo asunto, aunque todavía no se llegó a un acuerdo: la inmensa mayoría de frigoríficos considera que es necesario insistir en reclamarle al Estado una intervención más decidida para distribuir esas 511.000 toneladas. Los pedidos a Iraeta para que Agricultura establezca una distribución por empresa que evite el caos se han multiplicado en los últimos días.
Como se dijo antes, la Argentina exportó 500 mil toneladas en 2025, el 65% de sus embarques totales, a ese destino. Pero a diferencia de otros cupos, donde intervienen unas 35 plantas frigoríficas, una complejidad en este caso es que existe casi 100 empresas que se dedicaron en 2025 a vender carne a ese mercado. Entre las 100 hay poco más de 40 operadores que tienen plantas habilitadas para ese destino, pero al menos otros 60 exportadores son grupos de productores, matarifes sin planta o simplemente intermediarios que producen la carne en plantas habilitadas que les prestan servicio. Incluso hay chinos que operan aquí para vender carne a su país.
Obviamente, según registros a los que pudo acceder Bichos de Campo, los frigoríficos habilitados para China se llevan la mayor parte del negocio, con cerca de 440 mil toneladas exportadas del total de 500 mil. Pero hay otro medio centenar de firmas -y algunas de ellas muy relevantes- que exportan el resto. Nadie, obviamente, quiere quedar afuera del negocio en este escenario.

Como en casi todos los países que reciben carne argentina, hay un grupo de unas pocas empresas que manejan el juego. En el caso de China, el frigorífico Swift logró vender 45.268 toneladas de cortes en 2025, seguido muy de cerca por el Rioplatense (44.687 toneladas), Arre Beef (36.950), Gorina (34.644), Quikfood (20.240), el Grupo Lequio ( que suma 21.432 toneladas, con 9.866 de Carnes Pampeanas, 7.232 de Alberdi, 2.948 de Black Bamboo y 1.386 de Mattievich).
Es decir que solo entre seis grupos frigoríficos ya explican más de 200 mil toneladas. Luego sigue otro lote de socios del ABC entre los que figuran Coto, La Anónima, Runfo, Santa Giulia, Frimsa, Forres Beltran, Compañía Bernal, Ecocarnes, Frigolar, Recreo, Logros, y Rafaela, en rangos de entre 10 mil y 20 mil toneladas exportadas.
El jueves, los socios del Consorcio volvieron a reunirse para analizar el tema, pero no hubo una solución consensuada. Según algunas fuentes, alguna de las propuestas allí escuchadas fue volver a pedirle a Agricultura que distribuya este cupo a China entre todos los frigoríficos con habilitación sanitaria, lo que permitiría a ese grupo de empresas incrementar inmediatamente sus tonelajes pero provocaría un verdadero cisma en el mundo de la carne. Quedarían no menos de 60 heridos.
“Le están buscando la vuelta. Algunos quieren hacer una distribución de cuota en base a las exportaciones de 2025, pero solamente tomando a las plantas de faena. Eso no va a andar porque es anticonstitucional y no permite trabajar a los grupos exportadores, que seguramente presentarán recursos de amparo en defensa de sus matrículas”, evaluó un informante.
Otra opción en danza sería fijar máximos por empresa equivalentes a las ventas concretadas el año pasado, pero eso dejaría un saldo exiguo para ocasionales nuevos jugadores interesados en exportar a China.
Todavía no está clara la solución a este entrevero. Lo único claro es que la cadena de ganados y carnes, en uno de sus momentos de mayor libertad comercial, está pidiendo la escupidera y quiere recurrir al gobierno para que de algún modo ordene lo que ellos ahora no logran administrar.




