En los últimos meses comenzaron a conocerse situaciones de crisis en la industria vitivinícola, principalmente en algunas grandes bodegas, que acumulan cuantiosas deudas en cheques rechazados y concursos de acreedores. Eso fue lo que sucedió con los gigantes mendocinos Norton y Bianchi.
Si bien con matices, ambos casos representan, al menos, un cambio en sector vitivinícola, que podría emparentarse con una crisis sectorial. Además de ellos, se supo recientemente que Casa Montes, otra gran bodega sanjuanina, atraviesa una situación de estrés financiero que debe resolver para poder mantener las operaciones normales.
Bajo las profundidades del sector, hay además una larga lista de bodegas medianas o más chicas, que enfrentan situaciones similares, registrando despidos de empleados, paradas transitorias y la necesidad permanente de repensar el futuro.
Esta situación podría explicarse gracias a un duro momento que atraviesa la actividad, con un mercado interno deprimido, exportaciones en retroceso y un cambio en la tendencia global sobre consumo que quitó protagonismo al vino. Los costos industriales, en alza, ante este panorama, es otro elemento que ayuda a la crisis.
El problema obviamente se traslada a la finca, sobre todo cuyana, donde los viñateros perdieron rentabilidad: las dificultades industriales imposibilitan mejorar el precio de la uva, y los viñateros ven como aumentan los costos permanentemente. La campaña anterior fue muestra de eso, donde además se registró una excelente cosecha, que presionó los precios hacia abajo. En este sector, las miras están puestas en la próxima vendimia que aparece inminente.
Sin embargo, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) salió a manifestarse en las últimas horas, luego que este medio publique la situación de la bodega Casa Montes, en San Juan. Esta federación emitió un comunicado desmintiendo versiones de crisis en el sector, y adjudican este fenómeno a situaciones puntuales de las empresas, y que son “operaciones especulativas en la previa de paritarias”.
Los obreros reconocen que la actividad enfrenta desafíos derivados de la caída del consumo interno y de un contexto económico complejo, pero expresan “su total desacuerdo y entiende que estos factores no constituyen una crisis terminal, sino condiciones que vienen siendo gestionadas y analizadas por los actores del sector”.
En el escrito, los trabajadores citaron a Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina: “El 2026 va a ser un año de crecimiento mesurado, hay que ser cautos y no perder el foco” habría dicho, subrayando -según FOEVA- que la vitivinicultura no está en situación de colapso, sino transitando un proceso en el que se observan señales de repunte y estabilidad relativa tras un período difícil.
Tal como lo indican estudios económicos, desde FOEVA destacaron que la caída del consumo no implica necesariamente quiebras generalizadas ni pérdida de empleos. Al respecto aseguraron que se trata de “situaciones empresariales particulares —como la de algunas bodegas que están en reestructuración o negociación de deudas— deben analizarse como casos aislados y no como diagnóstico de la industria en su conjunto”.
“Hasta el momento ni FOEVA ni los sindicatos de base hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni ningún informe oficial que demuestre una caída estructural de la actividad que amerite tal nivel de alarma”, afirma Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA.
Desde FOEVA reconocen que la baja del consumo interno y el contexto económico general generan dificultades, pero remarcan que esto no puede ser presentado como una crisis estructural del sector. “No nos resulta llamativo que en esta instancia del año el sector empresario instale discursos de crisis profunda. Es parte del folclore de la cosecha, en la previa de la paritaria y del inicio del año productivo propiamente dicho”, señaló Romero.
En ese sentido, el gremio adviertió que la instalación de escenarios alarmistas suele coincidir con el inicio de las negociaciones salariales, con el objetivo de condicionar las discusiones y limitar los reclamos de recomposición salarial. “Cuando se habla livianamente de crisis, lo que muchas veces se busca es justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos a los trabajadores y trabajadoras del sector”, agregaron desde la Federación.
Respecto a casos puntuales de grandes bodegas, FOEVA aclaró que no pueden extrapolarse situaciones empresariales individuales a toda la vitivinicultura. “La situación de Bodegas Bianchi es el resultado de una administración basada en la especulación y con escasa proyección al momento de endeudarse. Incluso la propia empresa ha manifestado que existe una propuesta de regularización de sus deudas, lo que demuestra que no se trata de un escenario de derrumbe generalizado, sino de un problema puntual”, explicó Romero.
Asimismo, desde FOEVA manifestaron su preocupación por la falta de un abordaje integral por parte de las autoridades provinciales. “Nos llama la atención que el ministro de Producción de Mendoza, con pleno conocimiento de la realidad del sector, no presente un plan de contingencia ante estas situaciones, más allá de amplificar diagnósticos alarmistas que no reflejan la totalidad de la actividad”, señalaron.





