Poner en números a la crisis yerbatera probablemente sea la mejor forma de dimensionarla. Aún en un contexto de continuas desregulaciones, que se apalancan en la idea de simplificar procesos dentro la actividad y que preocupan al sector por el impacto que tendrán en la calidad del producto que se comercializa, al final del día lo que importa son las cuentas a pagar. Y en ese aspecto, el panorama es cada vez más oscuro.
Previo a ser vaciado de las funciones por las que fue creado, el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) era el encargado de definir precios de referencia para esa materia prima. En su última determinación, que data de octubre de 2023, aquel organismo había establecido un valor para la hoja verde de 250 pesos, a pagarse a partir del 1° marzo de 2024. Eso no solo no volvió a actualizarse, sino que en paralelo los costos se dispararon producto de la gran inflación ocurrida a comienzos de ese año.
En junio de 2025, la cuenta sacada por los dirigentes yerbateros respecto del costo de un kilo de hoja verde daba un valor de 379,26 pesos, y aseguraban que para obtener cierta rentabilidad debían recibir al menos 450.
Para octubre, el propio INYM sacó cuentas y, siguiendo su matriz de cálculo previamente analizada por la subcomisión de costos de ese Instituto, determinó que el costo de producción puesta en secadero ascendía a los 423,99 pesos, cifra que no incluye los márgenes de utilidad.
Pero los productores no solo no están cerca de cobrar ese monto definido en octubre, sino que tampoco lo están de obtener aquel determinado en junio. Por el contrario, apenas se acercan hoy al de marzo de 2024.
“De la forma en que están subiendo los productos de la canasta básica, los costos y de combustible y electricidad, hoy tendríamos que estar por encima de los 500 pesos para equiparar lo que fue hasta diciembre de 2023. A ese monto le tenemos que restar el costo de la tarefa, el flete, el combustible y la corresponsabilidad gremial. Lo que queda es el margen de rentabilidad al productor”, explicó a Bichos de Campo el yerbatero Jorge Skripczuk.
Pero eso no es todo, porque a esa estimación hay que sumarle también los plazos de pago, que varían según el secadero y en algunos casos son por demás extensos. Mientras algunos cobran a 30, 60 y 90 días, otros incluso tienen cheques a cobrar que superan los 6 meses.
“Hay productores que han entregado allá por julio o agosto y tienen cheques para marzo de este año. Y sabemos de casos mucho más lejanos todavía, a 360 días. Es insostenible. Hoy el productor está financiando a las grandes industrias. Con el tiempo que lleva hacerla, el industrial se queda con la materia prima y una vez que la pone en góndola ahí recién el productor está cobrando”, señaló el misionero.
Aquella situación fue la que obligó a Skripczuk a dejar de cosechar las cinco hectáreas de yerba que cultiva en la localidad de Aristóbulo del Valle, en la zona centro de la provincia.
“Yo no pienso regalarles mi producción porque cuesta muchísimo. El costo para producir, sumado al tiempo que hay que esperar para empezar a sacar las primeras producciones, hoy se lo quedan las industrias. Yo prefiero que esté en la chacra. Veremos qué sucede para adelante”, indicó.
Esta situación, aunque con algunas variaciones, se replica en distintos puntos de la provincia.
Desde el municipio de Ruiz de Montoya, el productor Francisco Steffens detalló a Bichos de Campo la siguiente cuenta: “La hoja verde nos la pagan 300 pesos en bruto. A eso le saco 120 pesos para la tarefa y el flete, y de lo que queda para el productor unos 34 pesos van para la interzafra a pagos de 30, 90 y 120 días. Realmente no alcanza, estamos al menos 100 pesos por debajo de lo que pedimos. Los valores de referencia que puso el INYM nunca se cumplieron”.
Desde Hipólito Yrigoyen, el yerbatero Ariel Hettinger señaló a este medio: “El año pasado obtuvimos unos 280 mil pesos por la tonelada. A eso le descontamos la tarefa, es decir el cosechero, el flete y la corresponsabilidad gremial. Al productor le quedaban 140 pesos con cheques a pagar a 60, 90 y 120 días. Yo entrego a la cooperativa de mi pueblo. Este año ya se habla de un margen para el productor de entre 70 y 80 pesos. Es una burla todo”,
Una distinción clave a realizar es entre los precios que reciben quienes son socios de una cooperativa y quienes no lo son. Sucede que los primeros suelen obtener un precio más alto que quienes no pertenecen a ninguna organización.
“Yo soy socio de la Cooperativa Yerbatera Dos de Mayo, que elabora la yerba Indumar, y los socios tenemos un precio preferencial. Somos unos 120 productores. En la zona se estuvo pagando 280 a 290 pesos el kilo. Nuestra cooperativa pagó 280 pesos a los no socios, mientras que yo cobré 305 pesos, creo que fuimos de los más altos en la provincia. Y el pago es mitad en efectivo, para poder pagar la tarefa y otros gastos, y la otra mitad en cheques a 30, 60 y 902 días”, contó a Bichos de Campo Carlos Drebes.
“El problema está en los molineros. Ellos se ajustan diciendo que no hay inflación. En la campaña 2023/24 fijaron un precio en 380. Los primeros que entregaron lo cobraron y luego ya bajo a 270”, indicó a continuación.
Para Drebes, otro problema viene de la mano de los compradores que exportan en dólares y hacen una gran diferencia.
“Ellos tienen pocos centavos de gasto entre elaboración y envasado, y bien nos podrán estar pagando más. Podríamos estar en 400 pesos el kilo. Ellos te bajan el precio de la hoja verde pero no del paquete. Ahí está la pelea”, señaló.
Desde la localidad de El Soberbio, Natalicio Debrel relató: “En la zafra del año 2025, la hoja verde puesta en secadero estuvo, en el mejor de los precios, en 320 pesos. Eso duró muy poco: a medida que pasaron los días se vino en caída. Yo entregué en junio a 240 mil la tonelada de hoja verde, y tuve la suerte de cobrar en 60 días. Pero como el secadero solo me recibió 6 mil kilos, tuve que buscar otro que me compre y ahí entregué en 220 mil. El último cheque recibido fue a 90 días. Al momento se nota poco movimiento de cosecha y secaderos trabajando”.
Por su parte, Jorge Lizniezz, de Jardín América, señaló que “los precios jamás se acercaron a lo último que sacó el INYM”, y que hoy se ofrecen valores muy por debajo de los del 2025.
“En planta nos ofrecen de 60 a 70 pesos, y el año pasado se pagó de 135 a 140. Eso es planta más todo el servicio de cosecha, que varía según la distancia. Aquello fue con cheques a 60 y 120 días. Yo soy socio de la Cooperativa Flor de Jardín, y en la última reunión nos dijeron que con suerte y viento a favor se llegaría a pagar 80 pesos en planta, con cheques a 90 días”, contó.
Cabe recordar que durante la última reunión del presidente del INYM con representantes de las asociaciones y cooperativas yerbateras –la primera desde el inicio de su gestión-, el precio de la hoja verde no fue incluido en el temario.




