El productor y empresario porcino Adolfo Franke advirtió que el sector atraviesa un momento crítico, no solo por el deterioro de los resultados económicos sino, sobre todo, por la ausencia de respuestas de los funcionarios a problemas estructurales que se arrastran desde hace años.
“Estamos con reclamos de hace mucho tiempo y no vemos soluciones. Realmente estamos preocupados”, afirmó en diálogo con Bichos de Campo.
La cadena porcina argentina viene creciendo desde hace 25 años por las inversiones continuas que se hicieron en genética, manejo e infraestructura, lo que llevó al consumo de carne de 5 a casi 20 kilos por habitante. Así se cubrió el bache que fue dejando la carne vacuna, que tenía un consumo de más de 60 kilos y actualmente promedia por debajo de los 50 por persona.
Sin embargo, ese proceso hoy aparece seriamente condicionado. “Hemos invertido, hemos crecido, nos gusta el desafío, pero no nos están ayudando”, resumió el productor y también vicepresidente segundo de la Federación Porcina.
Aquella entidad difundió hace poco un comunicado de prensa dando cuenta de los problemas que tienen y las nulas respuestas oficiales a las presentaciones y propuestas de cambios realizadas.
“No estamos pidiendo subsidios ni privilegios. Estamos diciendo que nos saquen la pata de encima. Hace más de dos años que asumieron y seguimos repitiendo los mismos reclamos. Yo, personalmente, ya estoy convencido de que no les importa el sector. Los funcionarios nos reciben, nos escuchan, pero luego no pasa nada”, lamentó.
Uno de los puntos centrales del reclamo es la competencia con Brasil, país que en los últimos meses incrementó el envío de carne porcina a la Argentina, especialmente cortes como la bondiola.
En 2025 se estima que el ingreso de carne llegó a las 53 mil toneladas lo que sería un récord para el país. Esa carne llego desde Brasil, donde se produce con un promotor de crecimiento llamado ractopamina que mejora el nivel de conversión del alimento balanceado en carne y, por lo tanto, abarata el costo de producción.
Para Franke, el problema no es competir, sino hacerlo con reglas distintas. “Nos parece bien competir con el mundo, pero Brasil tiene un Estado que le resuelve los problemas. A nosotros nos ponen a competir, pero no nos resuelven nada”, señaló.
En ese sentido, apuntó a la falta de implementación del protocolo sanitario para exportar subproductos porcinos a China, firmado en 2023 y todavía sin aplicación efectiva. “Eso permitiría exportar independientemente del valor del dólar. Es un reclamo muy importante y no se resuelve”, explicó.
Según detalló, las menudencias que se podrían exportar a ese mercado y otros productos como patas y manos representan cerca de 25% del peso del animal y se comercializa a “valores irrisorios en el mercado interno, cuando podría colocarse en el exterior a precios hasta tres veces mayores. Es un desperdicio enorme y hace que tengamos que cargar todos los costos sobre los cortes cárnicos”, remarcó.
La consecuencia directa es una pérdida de competitividad frente a Brasil, que sí puede colocar esos subproductos en el mercado internacional y vender los cortes de mayor valor a precios más bajos.
“El Estado brasileño hace lo que tiene que hacer. Acá venimos reclamando lo mismo desde hace años, con este gobierno y con el anterior, y no pasa nada”, insistió.
A esto se suma el histórico problema del IVA. Desde 2017, la venta de carne tributa 10,5%, mientras que las inversiones y los insumos pagan 21%, lo que genera saldos técnicos que nunca se recuperan.
“Cuando hacés una inversión, ese IVA no vuelve. Una inversión te termina valiendo casi un 19% más”, explicó Franke. Y agregó: “Todos los funcionarios conocen el tema de punta a punta, pero no se resuelve”.
En un contexto de márgenes cada vez más ajustados, ese desbalance impositivo se vuelve determinante. “Cuando hay poco margen o se trabaja a pérdida, el IVA te aumenta el costo y te deja productores en el camino”, advirtió.
Los números del último año reflejan con claridad la situación. El precio del capón pasó de unos 1.700 pesos por kilo a alrededor de 2.020 pesos, un aumento del 12%, que podría llegar al 18% en las próximas semanas. En el mismo período, la inflación fue del 31% y los costos de producción subieron más del 50%. “Es 50% contra 18, con una inflación del 31%. Claramente estamos en un momento muy desafiante”, sostuvo.
Según Franke, solo los criaderos más eficientes logran sostener una rentabilidad mínima. El resto trabaja con márgenes insignificantes o directamente a pérdida, lo que empuja a un proceso de concentración. “Es lamentable, pero el que no logra determinado nivel de productividad queda afuera”, reconoció.





