La lechería argentina transita un ciclo de expansión, donde los indicadores productivos reflejan el impacto de la mejora genética, mayor tecnología, manejo en sistemas diferentes y alimentación a medida. Pero el verano impone un techo fisiológico que puede licuar los márgenes del negocio.
En las principales cuencas lecheras la primavera se desarrolló con calma, intercalando buenas temperaturas y lluvias, para dar paso al cambio de estación con registros en los termómetros que encendieron las alarmas en los tambos.
“El año en general ha sido muy benévolo desde lo productivo, desde los litros, por vaca por día uno ve aumentos importantes en producción en todos los tambos, claramente”, explica el médico veterinario Ignacio Vidaurreta. Que de inmediato aclara: “El estancamiento del precio de la leche en los últimos meses y el aumento de muchos costos ponen una situación un poco más incómoda a muchos productores”.

“De todas maneras, la situación sigue estando favorable o por lo menos buena. Pero hay preocupación, a pesar de tener una producción general de 10 a 12% más que en la primavera de 2024”, describe.
Hace varias temporadas que la tarea que se hace en los tambos está muy orientada a disminuir el impacto del calor, con información cada vez más globalizada, con más tecnología, pero también mas corroboraciones de las estrategias en las diferentes cuencas.
“El productor viene tomando buenas decisiones, invierte y el retorno económico es positivo. Hay un montón de datos que lo demuestran claramente y se sigue mejorando. Es parte de la misma intensificación que lleva a que uno quiera que el estrés calórico no afecte negativamente a las vacas y que produzcan siempre, incluso en el verano”.
Lo que explica Vidaurreta es que “metabólicamente la vaca actual es más productora, está más exigida, el estrés calórico lo sufre más, entonces el productor va acompañando. Antes era más difícil ver refrescadores y ventilaciones en los corrales, pero ahora se agregan rutinas de ordeño, de trabajo, de alimentación, mejores aguadas”, enumera.
Cuando la sombra, ventilación y aspersión están controladas es más sencillo avanzar a sobre el manejo de la alimentación, amplía el prfofesional. En sistemas pastoriles recomienda horarios para las rutinas y los lotes, definiendo “los momentos en los que la vaca accede al pasto y después a momentos de sombra”. En los sistemas de encierre, sugiere ofrecer la mayor cantidad de ración, dos veces por día, teniendo en cuenta las horas más frescas, para que puedan comer más. “Eso permite mejorar el consumo y con la oferta de agua de calidad y en cantidad, con bebidas limpias, permiten mitigar el calor”, aclara.
Claro que yendo a lo estrictamente nutricional, “la recomendación es subir ciertos niveles de potasio, que desde el punto de vista práctico es difícil, pero es un mineral que la vaca pierde durante el estrés calórico y hay que recuperarlo. Normalmente también se sugiere aumentar el sodio y el magnesio, manejar una diferencia catiónica y aniónica más positiva que la que uno trata de hacer en general en dietas encerradas. Como hay una depresión del consumo por efecto del calor hay que ajustar los contenidos de proteína para que el aporte no caiga tanto”.

Siendo consultor técnico en lechería de Provimi, la empresa de alimentos balanceados ligada a Cargill, Vidaurreta agrega que “hay que prestarle atención a cuánto tarda la vaca en tener impacto de estos cambios que se pueden hacer para el verano, porque no es algo inmediato”.
“Por eso, cuando empiece el calor hay que tener en cuenta que la vaca va a comer menos kilos. Entonces hay que concentrar las dietas en relación a ese menor consumo”, teniendo en cuenta el consumo de fibra efectiva, y tratando de aportar fibra digestible “para no generar más calor dentro del rumen”.
Frente a “un consumo disminuido, entonces hay que aportarle mayor cantidad de nutrientes por kilo de materia seca”, resume el veterinario.
Vidaurreta recomienda también “tener en cuenta lo que es la cantidad de almidón o de grano dentro de la dieta y su fermentabilidad, ya que grano húmedo no es lo mismo que un grano seco o molido”.
“Otro punto es el manejo de la inclusión de grasa. Con estrés la vaca va a tener menor producción de saliva, jadea mucho. Entonces con menos saliva, va a tener un rumen más complicado. Si se quiere aumentar la energía, al nivel de almidón lo tengo que mantener en niveles prudentes o controlados, entonces la inclusión de grasas puede ser una alternativa”, advierte sobre la formulación del balanceado para la sala de ordeño.
“Hay aditivos que han mostrado tener efectos para mitigar el estrés. El balanceado en la sala puede ser el vehículo o si no a través de un mixer, obviamente de acuerdo al sistema”, indica. Provimi, por caso, tiene un producto que demora 15 días en hacer efecto en los animales, a partir de electrolitos que conducen de forma segura carbonato de potasio, permitiendo mantener la hidratación de la célula, cuidando el intestino para evitar el ingreso de toxinas al intestino que pueden desencadenar una respuesta inflamatoria.
“Este es uno de los problemas que se descubrió que pasan durante una situación de estrés calórico, porque no todo se explica por una reducción de consumo”, indicó Vidaurreta, quien argumenta que las caídas habituales de producción de leche, que pueden oscilar entre 10 y 20%, se pueden evitar con los cambios en las dietas estivales.

Aunque es difícil para muchos productores cambiar las costumbres en el tambo y adaptar las estrategias, estas modificaciones durante el verano pueden hacer la diferencia, llegando a tener “un retorno de tres a uno”, afirma.
“Desde el punto de vista de manejo de la alimentación y dieta, con una inversión mínima uno puede tener un impacto positivo, un retorno sobre la inversión positivo. Quizás al encarecer la dieta en un 10%, con la incorporación de cáscara de soja, en lugar de afechillo de trigo, son cambios fáciles, no demasiado importantes. Esto sólo mirando la producción, pero también se afecta la reproducción, entre otras cosas”, recomienda.
En definitiva, Vidaurreta asegura que no hay que hacer grandes cosas, ni inversiones imposibles, para blindar al tambo contra el clima del verano.




