Úrsula parece no haber podido escapar al destino familiar ya escrito pero, lejos de padecerlo, lo disfruta. Como buena Unbehaun, el apellido que es sinónimo de citronela en la historia de El Soberbio, esta joven no solo decide seguir escribiendo esa larga historia vinculada a los aceites esenciales en el interior misionero, sino además darle el giro que necesita para recuperar el esplendor que supieron tener.
Tras entrevistar a su padre, que fue testigo privilegiado de la aventura iniciada por Don Franklin en los años sesenta, Bichos de Campo completó esa larga novela familiar con sus últimas páginas: la de las generaciones más jóvenes de los Unbenhaun, igual de fieles a la tradición de la citronela pero también impulsores de un cambio de cara para un negocio que ya no es lo que supo ser.
Lejos, muy lejos, quedó la época en la que su abuelo Franklin, de raíces brasileñas pero sangre alemana, distribuyó los primeros plantines de citronela en El Soberbio. Lejos también quedaron los años de oro de esos aceites esenciales, cuando se enviaban a las industrias de todo el país a granel, en grandes tachos de 100 litros.
Ahora, para los Unbehaun, corren los tiempos de la venta fraccionada, el marketing digital y la necesidad de volver a las raíces y recordar a los consumidores lo que es un auténtico aceite esencial de citronela.
“Queremos darle el valor que realmente se merece, porque es un trabajo arduo”, explicó Úrsula. Justamente, ese valor es el que se diluyó durante los años en que los destilados estuvieron en auge y muchos otros productores ingresaron al negocio en la zona, en muchos casos con prácticas dudosas que le quitaron calidad y prestigio a esos aceites tan particulares.
Mirá la entrevista completa:
Con el ingreso de las nuevas generaciones, en la empresa de los Unbehaun cambiaron muchas cosas. Pero en nada cambió la tradición iniciada por esa misma familia hace más de 50 años, cuando en la selva misionera nadie conocía las bondades de los destilados.
Por eso es que el escenario elegido para la entrevista no es fortuito: de fondo, se vislumbra el alambique original, aquel que crearon Franklin y su hermano cuando se iniciaron en el negocio y que los Unbehaun aún utilizan. De fondo, a sus espaldas, un alambique que representa la mochila con la que carga Úrsula pero que, curiosamente, no le pesa. Todo lo contrario.
“El proceso lo hacemos nosotros desde la cosecha en el campo hasta la destilación y es todo en familia”, explicó la joven heredera, que recuerda que nada ha cambiado desde los tiempos de su abuelo y hacer aceites esenciales es aún una tarea laboriosa, artesanal y muy ardua.

El origen de ese particular aroma está en el suelo, porque la citronela es una gramínea -es decir, un pasto- que crece y se corta al menos dos veces al año. Luego de cada corte, se lo deja secar al sol para que pierda concentración de agua y luego ingrese al histórico alambique familiar.
Allí, en un gran tacho metálico, se introducen hasta 1000 kilos del pasto ya marchito que se compactan y se exponen a altas temperaturas. El proceso, que es de arrastre por vapor, consta de cocer las hojas con fuego indirecto durante cuatro horas para extraer su aceite que luego, mediante un proceso de enfriamiento y decantación, se separa del agua y queda concentrado.
Muy concentrado. Tanto, asegura Úrsula, que “con una gotita es suficiente” ya que “es esencia pura, sin mezclas ni aditivos”. El producto que hacía Don Franklin y que, con esa marca, hoy la familia recupera.

El aroma cítrico, y a la vez dulce e intenso, de la citronela la hace muy efectiva para producir cosméticos, sahumerios y hasta velas. Pero lo cierto es que el uso más común de esta gramínea indo asiática ha sido siempre la de repelente de insectos libre de químicos y totalmente natural.
Además, a lo largo de su historia, la citronela ha sido un aromatizante y aditivo clave en muchos productos de limpieza. En su época de oro, la gran industria de químicos compraba a productores de El Soberbio sus aceites, lo que motivó a muchos otros emprendimientos a surgir al calor de esa demanda.
Esa “fiebre” fue superada, pero los efectos son los mismos. Sobre eso insisten los Unbehaun, a los que no se les podrá reprochar jamás que desconocieron su historia y tradición.




