Tyson Foods se fundó en 1935 en Springdale, Arkansas, cuando John W. Tyson creó una empresa dedicada al transporte y comercialización de pollos vivos en el sur de Estados Unidos. En un país que empezaba a expandir su consumo de proteínas animales, ese primer negocio derivó rápidamente en una estrategia de integración. A partir de los años 50, Tyson incorporó plantas de faena y procesamiento, avanzando sobre distintos eslabones de la cadena para ganar escala y previsibilidad en un negocio marcado por la volatilidad.
El primer salto estructural llegó en 1989, con la compra de Holly Farms, una de las mayores avícolas del país, que consolidó a Tyson como líder en polloS a nivel nacional. El cambio de perfil definitivo ocurrió en 2001, cuando adquirió IBP, Inc., entonces el mayor procesador de carne vacuna de Estados Unidos y uno de los principales jugadores en carne de cerdo. Esa operación transformó a Tyson en una empresa multiproteína, con una escala inédita y una influencia central en el mercado cárnico estadounidense.

La estrategia de crecimiento continuó con foco en el valor agregado. En 2014, Tyson adquirió Hillshire Brands, incorporando marcas como Jimmy Dean, Hillshire Farm y Ball Park, y reforzando su presencia en alimentos preparados y productos listos para cocinar.
Más tarde sumó AdvancePierre Foods y Keystone Foods, ampliando su alcance en el canal food service y en mercados internacionales. Esa secuencia de adquisiciones explica buena parte del peso actual de las marcas dentro del negocio y la diversificación de sus ingresos.

Al cierre del año fiscal 2025, Tyson Foods registró ventas por 54.441 millones de dólares, un crecimiento del 2,1% interanual, y empleó a unos 133.000 trabajadores, la gran mayoría en Estados Unidos. Según datos que la propia compañía utiliza en sus reportes institucionales, Tyson produce aproximadamente una de cada cinco libras de carne vacuna, porcina y aviar que se consumen en el país, lo que equivale a cerca del 20% del volumen total de proteínas animales del mercado estadounidense. Esa proporción resume con claridad su escala y su peso dentro del sistema alimentario del país.
Ese volumen se apoya en una red industrial de gran tamaño. Tyson opera alrededor de 219 instalaciones entre plantas de faena, procesamiento, cocción, criaderos, molinos de alimento balanceado y centros logísticos. El negocio de pollo es el núcleo del grupo, con 167 instalaciones y una capacidad semanal cercana a los 42 millones de aves. El segmento de alimentos preparados cuenta con 35 plantas, capaces de producir alrededor de 32,7 millones de kilos por semana.

En carne vacuna, Tyson opera 11 plantas, con una capacidad estimada de 155.000 cabezas semanales, mientras que el negocio de cerdo se apoya en 6 plantas con capacidad para procesar unas 451.000 cabezas por semana. Aunque el foco sigue estando en Estados Unidos, la empresa también tiene operaciones productivas y centros de desarrollo en Asia y Europa.
Desde el punto de vista operativo, Tyson organiza su actividad en cuatro grandes segmentos: pollo, carne vacuna, cerdo y alimentos preparados. Los números del año fiscal 2025 muestran con claridad dónde gana y dónde pierde la compañía. El negocio de pollo fue el principal sostén del grupo: en el cuarto trimestre, facturó 4.411 millones de dólares y logró un resultado operativo ajustado de 457 millones, con un margen cercano al 10%, impulsado por mayores volúmenes y mejoras operativas. En el acumulado del año, fue el segmento más rentable del grupo.

El negocio de alimentos preparados aportó estabilidad y valor agregado. En el último trimestre del ejercicio registró ventas por 2.546 millones de dólares y un resultado operativo ajustado de 189 millones, apoyado en marcas como Jimmy Dean, Hillshire Farm y Ball Park, con márgenes menos expuestos a la volatilidad del mercado ganadero.
La contracara volvió a ser la carne vacuna. En el cuarto trimestre de 2025, el segmento facturó 5.489 millones de dólares, pero cerró con una pérdida operativa ajustada de 94 millones, afectado por el alto costo del ganado y la baja disponibilidad de hacienda, en el marco de uno de los ciclos ganaderos más ajustados de las últimas décadas en Estados Unidos.

Esa dinámica negativa se repitió a lo largo del año y llevó a la empresa a anunciar el cierre de su planta de Lexington, Nebraska, previsto para enero de 2026, además de la reducción de turnos en otras instalaciones.
El negocio del cerdo, en cambio, mostró una mejora clara: en el último trimestre alcanzó ventas por 1.414 millones de dólares y un resultado operativo ajustado de 31 millones, el mejor desempeño trimestral del segmento en cuatro años.
A pesar de ese desempeño dispar entre proteínas, Tyson logró cerrar el ejercicio con seis trimestres consecutivos de crecimiento interanual en ventas y resultados ajustados, sostenido por la recuperación del pollo y la estabilidad de los alimentos preparados, que compensaron parcialmente un negocio vacuno que siguió operando en rojo.

Ese entramado industrial se refleja también en las marcas que llegan a la góndola. Tyson es una referencia en pollo fresco y congelado; Jimmy Dean lidera la categoría de desayunos; Hillshire Farm tiene una fuerte presencia en fiambres y embutidos; Ball Park domina el mercado de salchichas; y Wright Brand completa la oferta en bacon (panceta). A ese portafolio se suma Raised & Rooted, una línea de proteínas de origen vegetal que todavía representa una porción menor del negocio, pero forma parte de la estrategia de diversificación.
De cara a 2026, la compañía anticipa un escenario todavía desafiante, con una oferta de ganado limitada y presión sobre el negocio de carne vacuna. Tyson proyecta un resultado operativo ajustado total de entre 2.100 y 2.300 millones de dólares, con el pollo y los alimentos preparados como principales motores para sostener la rentabilidad del grupo.




