En Bichos de Campo teníamos pendiente una entrevista -larga como esta que salió- con Gastón Fernández Palma, médico y agricultor de Necochea, donde es muy respetado y hasta llegó a ser candidato a intendente. El ex presidente de Aapresid y también de Maizar, uno de los precursores de la Siembra Directa en el país, siempre dice lo que piensa, aunque a alguien pueda resultarle antipático.
Desde esa convicción, en esta entrevista cuestiona muchas actitudes algo timoratas del agro contemporáneo. Lamenta que haya “perdido la mística” y que los productores hayan dejado de hacer muchas cosas “solo para ganar plata”. Sin pelos en la lengua, además, apoya la discusión propuesta por los ingenieros agrónomos bonaerenses para definir por ley algunas herramientas para el cuidado de los suelos.
Esta es la larga charla con Fernández Palma, que acaba de cumplir 85 años y está muy triste por el reciente fallecimiento de Norita, su “ángelito rubio” que lo acompañó por 60 años:
-Más allá de que ahora estás triste, dijiste “he sido un hombre feliz”. ¿Por qué podés asegurar eso tan suelto de cuerpo?
-Bueno, más allá de la tristeza actual que pienso que es irreversible, he sido feliz porque mi vida he tenido la suerte de hacer siempre lo que se me dio la gana. Es decir, nunca hubo nada que me moleste…
-¿Ni trabajar mucho o que alguien te diga lo que tenías que hacer?
-No, no. Mi padre era un hombre muy disciplinado, pero muy buen padre. Nunca nos exigió. Bastaba con que nos mire para que nosotros supiéramos qué teníamos que hacer. En mi niñez en Tucumán me recuerdo feliz jugando al fútbol con los muchachos en el campo. Fue muy divertida. La escuela me divirtió. El colegio secundario fue una fiesta. En la universidad también me divertí. Participé en política universitaria, me peleé, me agarré a trompadas, 70% de las veces me la dieron y 30% pequé yo. Después, he sido feliz en todo el resto de mi actividad, mi vida familiar, mi vida en el campo. Me encanta todo lo que tenga que ver con la ruralidad. Me gustó el estudio. Siempre fui un buen estudiante y un buen profesional. Logré crecer profesionalmente, económicamente, culturalmente y socialmente. ¿Entonces, cómo no voy a estar feliz con la vida?

Gastón, como contó, es tucumano de nacimiento, y fue allá, en su provincia natal, donde estudió medicina y se especializó en otorrinolaringología, pese a que tenía un tío que había hecho crecer mucho el campo familiar en el norte y quería que él siguiera sus pasos. Recaló en Necochea finalmente cuando se recibió y siguió los pasos de un hermano, mayor que él y médico también, que había puesto consultorio en esa ciudad del sur bonaerense.
“Yo llegué a Necochea como médico. Tenía dos alternativas. Me podía ir a Estados Unidos, donde ya tenía una ubicación, o me venía acá que estaba mi hermano, que es mi mejor amigo y ha sido mi socio durante toda mi vida. Es un hombre brillante que hoy tiene 94 años. Y para que te des una idea, ahora está estudiando física cuántica”.
-Así que es de familia. No es que sos “el loco de la familia” sino que son una familia de locos.
-Sí. Teníamos otro hermano en Tucumán que era médico. También un brillante cirujano, gineco obstetra. Ese era más loco que nosotros. A ese le gustaban la noche, los amigos, los chupis, los asados, el fútbol. Y se murió joven, fruto de los excesos.

En Necochea, los dos hermanos Fernández Palma montaron un instituto de otorrinolaringología que cosechó gran prestigio. “En aquel momento, en la parte de oídos teníamos desde implantes cocleares hasta las cirugías más básicas. Trabajábamos muy bien y la gente siempre tuvo un buen concepto de nosotros. La prueba es que durante todos los años que estuvimos ejerciendo la medicina no tuvimos ningún juicio ni de mala praxis ni de algún desorden en el consultorio”, se ufana el ex presidente de Aapresid.
Damos fé del buen concepto que tienen en Necochea quienes conocen -casi todos- a Gastón Fernández Palma. La gente común lo llama “el doctor”. Gracias a ese reconocimiento, en el año 2001, en medio de la crisis económica más grave que vivió el país, se plantó como candidato a intendente por el por entonces ignoto partido de Ricardo López Murphy. Hizo una gran elección y perdió, presumiblemente con trampa, por unos pocos votos.
“Yo estaba muy enojado porque mi hija se había ido a España. Aquella Necochea, que era una potencia, se estaba viniendo abajo, el país se estaba viniendo abajo por culpa de todos. No soy de echarle la culpa a nadie, en general creo que la culpa es un poco de todos. Echarla la culpa al otro es una característica del argentino”.

“Yo nací en la época de Tamborini-Mosca, y de la Unión Democrática contra Perón. Y vengo de una familia profundamente antiperonista y profundamente católica, diría ultramontana. Yo me rebelé un poco en eso. Tuve mis arrebatos izquierdosos también y siempre me rebelé porque creo que después de la década de 40, donde ya veníamos mal porque el populismo no lo instaló el peronismo, se hicieron un montón de errores que ya venían arrastrándose. Los gobiernos no fueron buenos y fueron mayores los enfrentamientos. Entonces llegamos a la situación actual”.
Fernández Palma cree que “le robaron como mil votos” aquella vez, pero igual se consuela de aquella fallida incursión en la política argumentando que “hubiera sido un pésimo intendente, porque el país no estaba preparado” para sus ideas tan severas. Compara con la actualidad: “Hoy creo que todo el mundo sabe que estamos mal y está dispuesto a aguantarse estar mal porque ya probaron todo lo otro y lo otro no era dulce de leche. Entonces están pensando qué va a ser de aquí en adelante”, reflexiona.

-¿Cómo terminas siendo el productor agropecuario que conocemos nosotros?
-¿El productor agropecuario? Es una situación epigenética. Es decir, nosotros éramos productores en Tucumán y lo seguimos siendo. La familia tenía mucho campo en aquel momento, campos con producción de soja, de maíz, de ganadería y caña de azúcar. El dueño de esos campos era un padrino mío que se llamaba el doctor Juan Carlos Álvarez, que había sido médico y trabajó en Estados Unidos mucho tiempo en Detroit. Vino a Argentina y se dedicó al campo, y lo hizo un verdadero emporio. Cuando yo empecé a estudiar medicina me dijo “me fallaste. Yo quería que vos te quedes con el campo”. Yo le dije “primero somos muchos y yo no me voy a quedar con el campo. Segundo, realmente me gusta la medicina”. Y él ,e dice “bueno, no importa. Si te quedás conmigo, aunque seas médico, vas a seguir con el campo. No le hice caso y me vine. Pero ya estaba esa semilla, porque a mí me gusta el campo. Yo huelo la tierra y me gusta.
Como la medicina dejaba buena ganancia en aquellos tiempos en Necochea, Gastón y su hermano mayor comenzaron de a poco a invertir sus ganancias en campos en la zona. El médico recuerda bien los años de las sucesivas inversiones: 68, 74, 75, 80 y 80 y pico.
-Supongo que en ese momento de la siembra directa ni noticia.
-No, no. Nosotros hicimos la primera experiencia de siembra directa con un ingeniero que no se lo menciona nunca y que es brillante, que se llama Ramón Orbegozo, Es un hombre que del norte de Santa Fe se vino a trabajar acá. Era muy innovador y era muy amigo mío. ¿Fíjate que no estábamos demasiado conectados con los gringos del norte, no?
-Bueno, cuando uno habla de siembra directa se dice que nació en Marcos Juárez. Necochea no aparece en el radar.
-Acá apareció con nosotros. Empezamos a hacer los primeros intentos de siembra directa y como lo hacíamos improvisando. Por ejemplo, con una máquina de sobrecarga de peso, tratando de meter la semilla en la tierra por presión y no por otra cosa. No teníamos los conocimientos de la química todavía, que eran tan tan importantes. No teníamos los conocimientos de la biología, que son tan importantes. Hasta que un día dije: “Me voy a ver a un tal Jorge Romagnoli”, que para mí es el hombre más importante en el desarrollo de la siembra directa en Argentina.
-¿Por qué?
-Porque eran tipos que eran chacareros, eran colonos, eran chacareros, eran los gringos que amaban lo que hacían, que vivían donde hacían las cosas, que trabajaban sus propios campos y que eran innovadores. Para mí Jorge Romagnoli fue el hombre que me inspiró para llevar adelante las cosas.

-¿Te acordás que te dijo? ¿Como te vendió la siembra directa?
-Te voy a decir lo que él me dijo en una charla que tuvimos con él y con Telmo Trossero, otro brillante agrónomo, un genio que debió ser mil veces presidente de Aapresid y no lo fue. Bueno, charlamos un poco, tomamos mate porque Romagnoli es un gran matero, pero a mí no me gusta el mate, pero tomaba tanto mate por el placer que me daba charlar con él. Un día, en el mes de enero, lo fui a visitar a Monte Buey y el tipo se acordaba. Siempre decía: “Un loco de mierda que se vino desde el sur, hizo cantidad de kilómetros, me cayó a las dos de la tarde en plena siesta de Monte Buey. Tanto esfuerzo que me dio vergüenza no atenderlo”. Entonces salió y me hizo recorrer todos los campos. Me mostró las modificaciones que hacía en la máquina, la sembradora, la cuchilla inclinada, todos los detalles. Me llenó de conocimientos. Fue una enciclopedia Jorge Romagnoli. Y con eso a cuestas me vine acá. Ya veníamos haciendo algunas hectáreas, pero pasamos de 10, 20, 30 hectáreas a 800 hectáreas en siembra directa, sin paso previo.
-¿Y cómo te fue?
-Dios es generoso con los inocentes e ignorantes. Y no me hizo llorar. Podría haber fracasado, pero los suelos son tan buenos acá y nosotros muy prolijos. Y yo era muy terco. Yo me acuerdo que las primeras reuniones de siembra directa que se hicieron en el campo nuestro, en el año 94 creo, tuvimos 500 y 600 personas. Mi angelito rubio no sé cómo hizo para atenderlas a todas, porque hicimos comida, les dimos bebida, todos fueron bien atendido. Yo estoy convencido, y después alguno me lo dijo, que en realidad venían a ver cómo fracasaba.
Fernández Palma añora aquellos años fundacionales de Aapresid, entidad que llegó a presidir años después. “Hablábamos de técnica, hablamos de semillas, de fertilización, de herbicidas, de la sembradora, de cómo hacíamos esto y lo otro. Hoy esa mística se ha perdido, hoy no es así. Han pasado años y la cosa no es así”, define.
-¿Por qué sentías que se ha perdido esa mística? Los ingenieros agrónomos se quejan de que hubo un largo período de siesta. Como que era tan sencillo todo, que todo el mundo dejó de discutir sobre agronomía.
-Yo también creo que se hablaba muy poco de agronomía después que empezamos con eso de la siembra directa. Porque el tema era saber cuánto valía el glifosato y cuánto glifosato poníamos. Después el resto ya dependía de la prolijidad de cada uno. Sí había que seguir pautas básicas del cultivo, como rotación de cultivos, control de malezas, es decir todas las cosas que son básicas en cualquier sistema. Eso también se vio favorecido por una explosión de la soja de los 600 dólares.
-En algún momento dijiste que esa soja “era un espejismo” y con el tiempo se confirmó.
-Es que era un espejismo. Eso no podía ser. No podía ser que un tipo pagara un disparate por un campo que era una laguna, y no perdía plata. Y era un espejismo que no se puede hacer hoy. La llegada de Brasil destrozó aquel espejismo de una forma tan increíble, que es lo que estamos viviendo ahora. El día que a Brasil se le ocurra terminar con toda la agricultura del mundo, la termina. Es una cuestión de costos, de flete y de lo que quieran ganar, nada más. ¿Cómo podés competir con un país que produce tantas cosechas récord sucesivas? Avanzaron sobre el Mato Grosso, pero no avanzaron tanto. Es mentira eso. Han tomado una parte del Mato Grosso y la usan eficientemente.
-Entonces te obligan a ser muy competitivo a vos…
-Hoy ya no es cómo hacés las cosas sino cuán bien las haces respecto a los números. A mí me cuesta, yo soy un productivista nato. Me gusta producir bien y al mismo tiempo de producir, reponer el fósforo. Yo tengo unos niveles de fósforo de entre 18 y 25. Es una locura.

-Eso indica que pese al modelo sencillo de la siembra directa, vos trataste de no apartarte nunca del sistema.
-Pero también he tenido desilusiones. Yo pensé que los productores argentinos estaban realmente convencidos de la bonanza del sistema para proteger el suelo.
-¡Estás a punto de pelearte con los productores argentinos! Ellos están convencidos de que están haciendo las cosas bien.
-Yo no digo que no la pueden estar haciendo bien, pero yo no creo en la mística de que lo hacemos para cuidar el suelo. Lo hicieron por plata. ¿Por qué? Porque era más barato.
De todos modos, Fernández Palma en ningún momento reniega de aquel paquete agronómico. Para nada. Rescata la aprobación de la soja RR por parte de Felipe Solá y el rol que jugó Víctor Trucco en el desembarco de esas tecnologías. E incluso dice que “Monsanto no es mala palabra, porque hizo muchísimo por la Argentina”.
-Y Fernández Palma adaptando ese modelo del norte en el sur…
-Fernández Palma era un loco. Todo el mundo lo ha dicho y yo creo que algo de razón tienen. Yo me acuerdo que un día de esas reuniones, vino uno y me dijo “Gastón, yo venía a ver como te hacías pedazos. Y la verdad que me voy viendo unos girasoles que parecen eucaliptos”. Eso me llenó, porque soy vanidoso.

-Igual no le echemos la culpa a los productores porque se perdió la mística. En realidad todos los argentinos estamos así, a la buena de Dios.
-Tampoco tiene que ser esto un búsqueda de culpables. Yo lo que trato en los últimos años de mi vida es de vencer la hipocresía y las mentiras, evito el tratar de quedar bien. No hay que quedar bien porque si. Hay que quedar bien diciéndole a la gente las cosas como son.
-¿Y qué pasó con ese modelo que tenía mucha mística, que venía a mejorar los suelos en la Argentina?
-Yo creo que las dos entidades técnicas, con el respeto que me merecen, porque CREA ha hecho cosas por la agricultura increíbles, mucho más que Aapresid incluso, se han burocratizado. Hoy se mantienen las instituciones por la mantención en sí misma. Entramos en la parte de los negocios: que el Congreso tiene que traer esto para que venga este y pague tanto. Tal vez sea el esquema mundial en que se manejan estas cosas, pero a mí no me gusta y no es mi estilo. Yo llegue a tener una comisión directiva de Aapresid conformada -social, religiosa, culturalmente y económicamente- por gente de todos los niveles y éramos verdaderos amigos. Yo viajaba a Rosario en colectivo para ir a la reunión, y volvía en colectivo para acá. Y había una generosidad, un espíritu de emprendimiento… No voy a decir que ahora no exista, pero yo hoy no lo veo.
-¿En qué aspecto te gustaría que la agricultura recupere ese romanticismo? ¿Cuál sería?
-Ahí se me hace un embrollo entre lo técnico, lo político, lo políticamente correcto y el romanticismo. El romanticismo tiene un límite. Es un mundo muy globalizado económicamente y el romanticismo a veces no ha lugar.
-Bueno, la mística.
-Ahora se puede avanzar en los lugares que estaban muy retrasados con los avances tecnológicos disponibles. Ahora se emparejó mucho el nivel. Pero no se enfrentan realidades con la adecuada contundencia que se deben enfrentar. Por ejemplo, un plan de manejo de suelos como el que presentó el Consejo de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Buenos Aires, que a mi me parece perfecto.
-¿No es un avance del socialismo sobre la propiedad privada? Eso han llegado a decir varios…
-Esa es una pelotudez. Perdóname, no sé si puedo decir malas palabras.
-Podés decir todas las que quieras.
-Eso es una pelotudez. Es tan ridículo decir eso como el proyecto de una diputada que quiere ponerle impuestos a los gases de las vacas.
-Pero entonces te gusta que los agrónomos de Buenos Aires propongan una discusión sobre el cuidado del suelo.
-Me parece interesante, porque hay lugares donde uno debe cuidar el suelo. Por más que me vengan a decir que el maní es un cultivo que nos deja mucho dinero, para mi es un destrozado de suelos y no veo ninguna tecnología adecuada como para compensar el deterioro. Y bueno, a mí me encanta la papa frita, pero con los paperos es lo mismo. Entonces hay que poner un límite a las cosas, un límite que no tiene que interferir con la actividad privada. Pero si vos se te ocurre hacer caña de azúcar en Necochea, tiene que venir alguien que me diga “no podés hacerlo”.

-Se van a enojar muchos con vos..,
-Te dije a vos de entrada: yo soy liberal, no soy liberpelotudo. La cosa tiene un límite. Esos son bienes de estructura común para toda la humanidad.
-Lo que pasa, me parece, es que los productores rechazan cada vez más las políticas públicas porque la política ha sido muy mala. Entonces cualquier cosa que venga de regulación o de debate político le tienen un espanto terrible.
-Yo también le tengo terror. Ojo, no se equivoquen mis compañeros liberales, yo no me pasé al otro costado. Pero hay cosas que sí defiendo de una participación con control y hay cosas que no defiendo. Por ejemplo, poner un impuesto, como han puesto una tasa portuaria en Necochea. ¿Quién crees que la va a pagar? El productor. Así es simple. Entonces, hay que tener cierto nivel de racionalidad en estas cosas y. Y creo que esas son las cosas que faltan discutir más. Yo soy un hombre muy apegado a que los dirigentes deben tener las patas en el suelo. Yo no admito dirigentes que dirijan el campo alquilándolo o que dirijan el campo por teléfono. A mí me gusta el productor in situ.
-¿Quien discute desde el campo la política pública? ¿El sector está bien representado?
-Yo tengo mis dudas, no soy partícipe de esas cosas. Es más, cada vez que hablé me putearon hasta en arameo. Así que yo ahora trato de no pelearme con la gente y y ser prudente. Yo creo que no, no se maneja bien, las instituciones no se están manejando bien, están burocratizadas, no tienen muy claros sus objetivos. Soy un firme creyente de que el hombre está al servicio de las instituciones y no las instituciones al servicio de los hombres. Es lo que suele fracasar muchas veces en la Argentina. El campo no es la excepción.

-Y ahora tienen mucho que volver a discutir. Sobre agronomía, sobre tecnología; que apareció Brasil, que apareció la resistencia en malezas.
-Aparecieron las malezas, apareció Brasil, y los costos de los insumos están con precios puestos antes del gran despelote nacional. O sea que nosotros estamos trabajando con costos que no son sustentables bajo ningún punto de vista. Estamos gastando fortunas que no sabemos si las vamos a recuperar. Vos no podés tener como base un maíz para pagar todos los costos de 7000 u 8000 kilos. No se sostiene. Por más que venga el mexicano ese que dice que produce 25.000 kilos, no da. No da con la soja, con el trigo, con la cebada. Y el día que tenés una buena cosecha aparecen los vampiros por todo lado. Todo sale mal. Vos mandas un cultivo que lo hiciste durante todo el año con altísimos costos, y cuando llegan los análisis lo único que le falta es varicela y tuberculosis.
-¿Entonces hay que volver a discutir solo sobre agronomía o deben discutirse también otras cosas? Porque la lógica para salir de este escenario, lo primero que piensan los productores, es que hay que ser más productivos para poder licuar ese mayor costo. Eso, en vez de discutir los costos.
-Hay que ser más productivos para bajar el costo. Y también hay que tener entidades que te representen con mucha dureza. Nosotros necesitamos tipos que tengan mucha templanza, mucha capacidad, mucha experiencia personal. Que estén muy sustentados en sus ideas, porque para discutirlas hay que discutirlas sin ponerse colorado.

Fernández Palma recuerda que una vez esas convicciones y conocimientos lo llevaron a discutir mano a mano con el ex ministro Aníbal Fernández, quien acusaba a la siembra directa y la soja por ciertas inundaciones ocurridas en Buenos Aires. Fueron tantos sus argumentos que terminó convenciéndolo de lo contrario.
“No todos tienen el estilo mío. El estilo mío no es el mejor, no soy el más tranquilo, no soy el más sereno. Tal vez no sea el mejor preparado, pero tengo convicciones para discutir. Y esas cosas hay que discutirla con convicciones, porque el productor que está sembrando en el norte de Santa Fe o en Salta o en Chaco, no tiene oportunidad de llegar a esos lugares. Cuando uno llega a esos lugares tenés una obligación con los tuyos y hay que llevar adelante. Yo perdí mucha plata representando a las instituciones. Hay mucha gente que ha hecho mucha plata representando a las instituciones.
Gastón ha tenido un frente de batalla permanente contra los ambientalistas que suelen demonizar al campo y sus actividades. Él sostiene esa enemistas “contra el sistema, porque los ambientalistas que llegan en un coche que anda en cinco cilindros porque es un Falcon viejo que está quemando aceite, se bajan fumando y me va a discutir de ambientalismo. Ellos siguen sin decir una palabra de los hidrocarburos que nos intoxican por todos lados, siguen combatiendo a la bioenergía, sobre todo los biocombustibles. Me parece que es una falta de dignidad y es una hipocresía”.

-Coincidimos en esta charla en que hay que recuperar cierta discusión agronómica y en que hay debates -ambientales y económicos- que el agro debe atender. Pero los dirigentes flaquean en esas cosas. ¿Cómo le encontramos la punta del ovillo?
-Es muy difícil hacer participar al productor agropecuario. Hay mucha gente brillante que tendría que participar, pero están medio acobardados o no quieren meterse en estas cosas. Mira, yo me gané tantos enemigos siendo dirigente agropecuario que realmente no sé si valió la pena. No sé si valió la pena porque el problema es el factor humano. El factor humano puro es que cuando vos te lanzas contra algo, la revancha se derrama sobre tu familia. Porque hay mucho cobarde suelto que después se te viene y para hacerte daño te jode a tu propia familia.
-Yo empecé la entrevista hablando sobre tu felicidad. Yo también me considero un tipo bastante feliz a pesar del país, que siempre aparece como como una deuda pendiente. La nuestra es una felicidad a pesar de…
-Pero el mundo entero es igual. A mí me habla por teléfono mi nieta y me cuenta el desastre que hay en España. El ideal es muy confuso. Pero sí, tenemos una deuda pendiente. Lo que sí da pena es que un país como Argentina debería tener otro nivel en todo, nivel cultural, a nivel social, nivel económico, las cosas deberían estar mejor.






Es increíble hasta donde nos ha permeado el estatismo. Control contra producción es el paradigma socialista.