Casi todos coinciden en que hasta que asumió la presidencia Javier Milei, la elevada inflación licuaba costos e ineficiencias, y como habías tasas de interés negativas las empresas recurrían al endeudamiento para apalancarse.
De ese modo, el negocio había dejado de ser productivo para pasar a ser financiero. Muchos hicieron importantes diferencias económicas en ese contexto.
Como dijo el economista Salvador Distéfano, ahora “cambió la música, y hay que cambiar el paso”.
Siguiendo esa línea, el consultor Diego Palomeque, durante el último Congreso de Agroeducación en Rosario explicó qué alternativas financieras tienen ahora las empresas agropecuarias a mano.
“Para el productor agrícola que genera divisas, el financiamiento debe ser en dólares. Esto se debe a que el negocio debe alinearse nuevamente con su moneda funcional: si la facturación es en dólares la deuda también debe tomarse en la misma moneda. Los pesos no son opción ya que las tasas nominales viajan bastante por arriba de la devaluación proyectada en el mercado de futuros”, explicó.
A pesar de que el sistema financiero argentino posee una alta disponibilidad de dólares, muchos de estos depósitos no están siendo colocados en préstamos a los sectores productivos porque las carteras de crédito de los bancos tienen una mora significativa contra promedios históricos, y eso pone a los bancos selectivos al momento de definir a quien financian y a quien no. En este contexto, el analista recomendó a los productores que se adapten a esta nueva realidad, reconsiderando sus estructuras de financiamiento y evitando endeudarse en pesos, ya que esto podría resultar en un costo elevado y desorbitrado en comparación con la rentabilidad del negocio.
“En el contexto actual los productores deben ser sumamente cautelosos con el uso de capital de terceros. Las tasas de interés para financiamiento en dólares oscilarán entre el 8% y 12% anual, lo que representa una carga significativa para un negocio que, estructuralmente, ya opera con márgenes bajos. Esta situación obliga a los productores a reevaluar cuánto financiamiento de terceros requieren y cómo esto impactará en sus operaciones. No se deben tomar decisiones apresuradas al momento de asumir deudas”, indicó Palomeque.
Pero hay muchas empresas agropecuarias que consumen productos dolarizados pero venden sus productos en pesos, como es el caso de la lechería o la producción de carne vacuna o de pollos y cerdos.

“Para las actividades que generan ingresos en pesos, el financiamiento en esa moneda es inevitable. El Banco Central limita a los bancos de manera que sólo pueden prestar dólares de depósitos a empresas cuyos ingresos son en dólares; para las cadenas de valor que facturan pesos, que son todos los que llamamos consumos, el financiamiento necesariamente va a ser en la moneda local. Y al momento de tomar tasa la comparación obligatoria que hay que hacer es medir la tasa de rentabilidad del negocio versus el costo del capital de terceros”.
En cuanto a las tasas de financiamiento en pesos, dependen del tipo y del periodo. Actualmente tienen pisos entre 35% a 40% lo que es considerablemente alto frente a la inflación proyectada 2026.
“Esto subraya la necesidad de los productores de limitar el uso del financiamiento externo y reconsiderar su estructura de capital. Es fundamental evaluar qué porcentaje del capital total invertido debe ser financiado con deuda, ya que el acceso a créditos se vuelve difícil en un entorno financiero restrictivo”, consideró el consultor.
Luego agregó. “Los productores deben aprender a gestionar sus recursos propios de manera efectiva. Optimizar el financiamiento del capital de trabajo utilizando recursos internos es fundamental para limitar la dependencia del financiamiento externo. Esto se traduce en una gestión más eficiente del negocio y en la preservación de márgenes”.
El analista finalmente indicó que “es crucial que los productores lean el contexto macroeconómico para planificar su negocio. Deben identificar cuándo es el momento adecuado para financiarse y cuándo es preferible limitar la expansión debido a los altos costos de capital. Los tiempos de crédito accesible deben aprovecharse al máximo, en contraposición a periodos donde el financiamiento es escaso o particularmente caro. Es un ejercicio imprescindible adaptar la estrategia y la escala del negocio a las condiciones cambiantes del mercado”.





