Nade de buenos deseos sino simplemente un crudo diagnóstico. Ese es el tono del primer comunicado de prensa que llegó a la redacción de Bichos de Campo iniciado el 2026. “Comienzo de un año difícil”, se titula el escrito que proviene de la nueva Cámara de las Industrias Cárnicas (Cainca).
Cainca es una entidad relativamente nueva que agrupa a frigoríficos que atienden el consumo doméstico y sobre todo el conurbano. Por lo tanto, habla desde esa posición de la cadena cárnica: la de quienes procesan hacienda para atender con carne el mercado doméstico. La mayoría de esas plantas, además, son prestadoras de servicios: faenan los animales, pero no son sus dueños.
Hecha esta aclaración, la pregunta qué sigue es cuáles son los argumentos de ese sector para vaticinar un año difícil para ellos. Los enumeran:
- “El resultado de un buen año en la producción primaria vacuna ha generado y con toda razón, una vuelta a apostar por el negocio y que generará en este 2026 un proceso de retención de vientres, situación que hace años no se ve. Esto reducirá la oferta de animales disponibles para la faena”.
- “El aumento en la demanda mundial de carne vacuna, relacionado con una menor producción general por distintas causas, provocó y seguirá provocando un aumento del precio internacional y una fuerte presión para los exportadores. Esto presionará los precios de la hacienda al alza y un aumento de las exportaciones desde la Argentina que algunos consideran no menor al 20% en volumen comparado con el 2025”.
- “El poder del bolsillo de los consumidores no está en el mejor momento, situación que genera una disminución de la demanda, reemplazada por las otras carnes complementarias como son la aviar y la porcina”
- “Una continuidad en la disminución de los valores internacionales y por consecuencia nacionales, de los subproductos (por el cuero y las menudencias, que muchas veces se usan para cobrar el servicio de faena), reduciendo al igual que en el 2025, los ingresos en las plantas”.
- “Un aumento de costos y gastos que siguen la inflación o el dólar continuara impactando en los resultados económicos”.

Con todos estos condimentos ej juego, el diagnóstico de Cainca es obvio: vaticinan un faltante de ganado y una mayor competencia entre las plantas que los faenas, además de una intensidad de la demanda desde la exportación, que demandará más hacienda tentada por los buenos precios externos. Acá, en cambio, la demanda interna seguirá planchada y sin poder de compra.
“Disminución de las cabezas faenadas por planta y el consiguiente aumento de los costos fijos de los establecimientos. Con todo este panorama se profundizará la competencia por la faena entre las propias plantas para
mantener un punto de equilibrio”, resume la entidad.
Que parece haber todo ese escenario para construir un mensaje claro hacia las autoridades: En este escenario no es tolerable que hagan la vista gorda ante los frigoríficos o cooperativas de faena que dejan de cumplir con ciertas exigencias -impositivas, sanitarias o laborales- para sobrevivir, porque esto termina afectando a las que tratan de hacer bien las cosas.
“La competencia desleal destruye el trabajo genuino en todo el sector”, es el resumen del mensaje que seguramente casi nadie en el gobierno libertario escuchara con atención, ya que allí piensan que el Estado debe intervenir lo menos posible, que los evasores son “héroes” y otras idioteces del estilo.




