Hace décadas que la proliferación de perros asilvestrados en la porción más austral del territorio argentino representa, por desgracia, una amenaza constante para la producción pecuaria que allí se realiza.
Producto del crecimiento urbano y el reordenamiento territorial que se dio en las provincias de Tierra del Fuego y de Santa Cruz, hacia fines del siglo pasado y principios del actual, muchos perros quedaron abandonados. Aquello, cruzado por la falta de campañas municipales de castración que apuntaló el aumento de esa población de animales, terminó por hacerles recuperar su carácter salvaje original, volviéndolos una amenaza para animales y personas.
Por todo esto es que, aunque angustia, no sorprende a los ganaderos la notificación de nuevos ataques. El más reciente ocurrió en las cercanías de Ushuaia (que junto a Río Grande y Tolhuin son las localidades fueguinas más afectadas), en un predio cercano a la Reserva Corazón de la Isla.
El damnificado fue un productor que perdió 30 ejemplares de llama, producto de una serie de ataques escalonados a manos de jaurías que, en la zona, ya llevan matados a más de 80 corderos y representan un verdadero riesgo para los vecinos del lugar.
“De todas las llamas que tenía no quedó ni una sola, me han venido matando de a poco, pero terminaron con todas. Están atacando en todos lados, son perros que abandona la gente y se hacen cimarrones, y forman jaurías”, dijo el productor en su denuncia policial, según reportó la Agencia OPI de Tierra del Fuego.
Cabe recordar que aquella provincia supo tener un rodeo ovino cercano al millón de cabezas, pero hoy difícilmente supera las 200 mil. De hecho, muchos ganaderos viraron a la producción bovina como forma de subsistir ante la proliferación de estos y otros predadores como zorros y pumas.
Fue en 2017 que la provincia declaró, a través de la Ley 1.146, al perro asilvestrado o cimarrón como una especie exótica e invasora. Eso derivó en la creación del Comité de Seguimiento del Plan de Control de Poblaciones de Perros, integrado por funcionarios de áreas específicas, científicos y productores.
Sin embargo, la situación parece estar lejos de resolverse y muchos apuntan a controles poco estrictos e irresponsabilidad colectiva acumulada.
Tal es la preocupación por el avance de la problemática que el tema logró colarse dentro de la última Exposición Rural de Neuquén.
“Muchos de nosotros pasamos días y noches enteras protegiendo a nuestros animales de ataques que provocan muertes y mutilaciones de por vida. Nos sorprendió la cantidad de casos similares en toda la provincia. No esperemos a llegar al extremo de Tierra del Fuego, donde las jaurías obligan a abandonar la producción. Reaccionemos antes de que sea demasiado tarde”, dijo Cecilia de Larminat, presidente de la Sociedad Rural de Neuquén, durante su discurso.
Si bien en esa provincia los casos aún son aislados y se vinculan más a perros que merodean durante el día, el temor de que avancen está presente.
Entrevistado por el medio Más Producción, el secretario de la Producción de Neuquén, Diego García Rambeaud, señaló: “Estamos en el inicio de ese proceso. La gente no percibe que, si deja suelta a su mascota, esta puede juntarse con otras y atacar una majada de ovejas en una chacra. Muerden al animal en la oreja, el hocico o los ojos hasta que la oveja se echa. Pasa con un ternero y pasa con una vaca. Es un daño enorme. Hay que entender que ese animal es el capital del productor y el origen del alimento; hay mucho trabajo detrás”.
A continuación, el funcionario reveló que ya se mantuvieron reuniones con el Colegio de Veterinarios y diversas intendencias para tratar esta cuestión, siendo las localidades de Zapala, Junín de los Andes y Las Lajas las más afectadas.
Aún así, reconoció que “los municipios están muy condicionados por la opinión pública, por el tema de las protectoras y a veces no se animan a dar el primer paso”.
Otro tema que genera gran alarma es la proliferación de hidatidosis, una enfermedad de impacto tanto en la salud humana como animal, y de la que los perros pueden ser reservorio.





Ningún debate, hay que meter bala. No son pumas, que es una especie silvestre nativa y no hay que matarlos. Ésto es otra cosa.