Unas 20 bodegas rionegrinas acaban de sacar del fondo del mar los lotes de botellas que añejaron por 6 meses. Así culminó la prueba piloto del Programa de Cava Submarina, una iniciativa lanzada por el gobierno provincial en el Golfo San Matías que, dados los resultados preliminares, promete tener continuidad.
Tres cavas de hierro. 800 botellas de vinos tintos, blancos, espumantes, jóvenes y añejados descendieron a 10 metros de profundidad en las costas de Las Grutas en julio del año pasado. Recién ahora vuelven a ver la luz y, superadas las pruebas preliminares, empieza el intenso trabajo que buscará definir qué características le imprime el lecho marino a esa bebida y cómo este proyecto, pionero en Argentina y Latinoamérica por su escala, puede agregar valor a la tradicional producción patagónica.
“Estamos muy contentos porque sabemos que los vinos evolucionan bien y porque puede tomar fuerza esta nueva experiencia enoturística en la región”, señaló, en diálogo con Bichos de Campo, la directora provincial de Vitivinicultura, Mariana Cerutti, quien dio detalles de los resultados obtenidos hasta el momento.

Lo cierto es que, mucho antes de su lanzamiento, el proyecto había orbitado varias veces los planes del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo rionegrino. La experiencia de Wapisa, que se convirtió en 2019 en la primera bodega en sumergir sus vinos era un caso de éxito testigo que confirmaba las novedades que llegaban desde el viejo continente: se puede añejar botellas en el fondo del mar y revalorizar así la propuesta enológica.
En abril del 2025, se anunció oficialmente el lanzamiento de la iniciativa. La gobernación selló un acuerdo con la firma Cota Cero, encargada de llevar a cabo toda la logística submarina, y el entusiasmo alcanzó a 20 bodegas.
Cada una de ellas fue habilitada a destinar, como máximo, 60 botellas selladas con lacre que serían retiradas a los 6 meses. Así, se llenaron 3 enormes cavas de hierro traídas de Mendoza, se sumergieron en los plazos que el clima y las mareas permitieron y el 17 de agosto comenzó la cuenta regresiva que terminó días atrás.

Finalizada la primera extracción, profesionales, enólogos y bodegueros rionegrinos realizaron una cata técnica a ciegas, en la que se compararon los vinos “marinos” con una muestra testigo, del mismo lote pero añejado en las cavas terrestres.
“Con el análisis sensorial que hicimos, sabemos que, a priori, hay diferencias”, explicó Cerutti, que aseguró que ahora comenzará un trabajo de investigación más avanzado dentro de los laboratorios para confirmar datos e hipótesis ya ensayados en Croacia, España o Italia.
Ni los colores, ni los aromas, ni el sabor sufrieron un desgaste en la profundidad, y el diferencial es aún un misterio. Queda ahora por saber qué particularidades imprimen el vaivén del agua, las temperaturas (que rondan los 19 grados y son más altas que las cavas convencionales), la luz filtrada y los tiempos elegidos para esos vinos que, de por sí, llaman la atención desde lo visual y despiertan algo diferente en el paladar.

Aunque, señaló la titular del área de Vitivinicultura, ahora hay “un amplio abanico de variedades para estudiar”, pues se añejaron vinos de todo tipo en las jaulas acuáticas, las pruebas preliminares arrojan ya algunas conclusiones.
“Todos saben diferentes, pero los vinos más jóvenes, o que estuvieron menos tiempo embotellados antes de bajar a la cava, tienen un cambio más notorio que los vinos que se añejaron más tiempo”, explicó.
Además, de lo que están seguros es que los métodos de conservación -descubiertos por casualidad en barcos hundidos hace varios años atrás- funcionan. El lacre asegura que el corcho no tenga filtración de agua y el vino se mantiene sin “picarse”.

Por ello, de cara al próximo lote, que se anunciará y planificará desde mediados de este mes, las bodegas podrán ahora empezar a tomar decisiones más estratégicas y fundadas, y enviar a inmersión sólo aquellas variedades o lotes que crean necesario, considerando que el proceso luego les agrega un plus de valor considerable. Incluso, aseguró Cerutti, comenzarán a implementarse tiempos diferentes de añejamiento para las distintas partidas.
En paralelo a esta propuesta enológica avanza también su pata turística pues, además de ofrecer el diferencial de probar un vino sumergido en el mar, pueden habilitarse inmersiones con equipos de buzos para conocer de cerca esas enormes jaulas. De hecho, es una opción que la firma Wapisa, pionera en esta técnica, ofrece desde hace ya bastante tiempo.

El público en general también podrá probar algunas de esas 800 botellas recién extraídas en el marco del Festival Punto Río Negro, que se celebrará el próximo 7 de febrero en Las Grutas y contará con una experiencia gastronómica a la orilla del mar.
“Se ha hecho un trabajo muy prolijo y a conciencia, y estamos muy contentos. La idea ahora es que la gente pueda también darse el gusto de probar vinos añejados en nuestra cava marina, que será una propuesta firme a futuro”, concluyó Cerutti.




