El analista Víctor Tonelli presentó, en el último congreso ganadero del Rosgan, una cantidad apabullante de datos, que demostrarían que los altos precios que reciben actualmente los productores de bovinos en la Argentina responden a un fenómeno estructural que podría durar muchos tiempo y desencadenar un proceso de inversiones y tecnificación en la actividad ganadera semejante al que vivió la agricultura hace un par de décadas.
Nuestra misión, como periodistas especializados en agro que hemos visto frustrarse muchas veces los sueños de los ganaderos (venimos del tiempo en que una vaca no alcanzaba para comprar un par de zapatos), es desconfiar de esos escenarios tan promisorios como el trazado por Tonelli.
De eso versa entonces esta charla entre el optimista experto en ganadería y Bichos de Campo:
-¿En serio Víctor? ¿vos estás convencido? Me gustaría que me trates de convencer.
-Yo lo que visualizo ahora, y voy a tratar de fundamentarlo, es que hay un cambio en el mundo en los consumos de proteínas animales, con una revalorización, adicionalmente, de la carne vacuna. Por diversos motivos, hay una vuelta a la proteína animal y, de alguna manera, un certificado de defunción a los multiprocesados vegetales.
-¿Entonces ese escenario tan promisorio del que se hablaba hace treinta años ha llegado finalmente?
-Yo te diría que hay países, regiones y consumidores que antes escuchaban hablar de carne vacuna, y ahora la están consumiendo. Eso es una población infernal, que de a un kilito te suman miles de toneladas (de demanda). Está ocurriendo. Entonces, tener revalorización de la carne para los países desarrollados, que ya la conocían pero ahora dicen vegetales acá, carne vacuna por acá. Y además tenés nuevos consumidores. Eso está llevando a la demanda a un nivel en que la oferta, en el mejor de los casos, aunque quisiera, no la puede satisfacer. Por eso llevamos veinte meses consecutivos de suba de precio internacional.
-¿Es el famoso “boom ganadero”?
-Cuando hablan de “boom”, yo digo, bueno, me divierte, me encanta la palabra, me parece superbuena. Pero para mí esto no es un “boom” sino el inicio de una nueva era de muchísimos años, que se construirá y la capitalizaremos si hacemos las cosas bien.
-Ese es el punto de mi desconfianza. Ahora viene el periodista amargo y te dice que la Argentina no está haciendo productivamente ciertas tareas y que nos vamos a comer las vacas. De hecho, estamos retrocediendo en stock, pueden subir los precios y ese va a ser un argumento para los gobiernos que vengan…
-Por eso la Argentina tiene que hacer las cosas bien. Tiene todo para hacer las cosas bien, y tiene algo que nos faltó durante décadas, aunque en el gobierno de Macri lo tuvimos, pero parcialmente, y es que hoy no tenés restricciones: Como digo yo, prohibido prohibir exportación. Vos dejame integrarme al mundo y te voy a producir carne para el mundo. Voy a traer guita a la Argentina y, además, voy a producir carne para la Argentina. Ahora, también, seamos sensatos, el cerdo tiene su lugar y va creciendo; el pollo tiene su lugar y va creciendo. Y la Argentina, aunque tuviéramos carne para tirar para arriba, va a seguir consumiendo menos carne vacuna, porque será reemplazada por carnes más baratas y más accesibles.
-Desde hace veinte años que escucho que la carne vacuna iba a tener carnes sustitutas. ¿Eso ya sucedió?
-Esa se ganó Esa se ganó. Ya estamos en 65 kilos (sumando pollo y cerdo).
-¿A nivel cultural se ganó?
-Yo creo que no se ganó a nivel ideológico, pero sí a nivel cultural. Ya no hay parrilla que no tenga un matambrito de cerdo. Y el cerdo tiene diez kilos (de consumo per cápita) para ganar en los próximos diez años. No tengas duda que se lo va a quitar al al vacuno. Hace seis décadas consumíamos 83 kilos (anuales por habitante) de carne vacuna y ahora consumimos 48 o 50 kilos. Dentro de diez años vamos a consumir 40 o 42 kilos. Pero vamos a producir más. Y si vamos a producir más, o bien nos fundimos porque sobreofertamos el mercado interno, o abrimos mercados y nos ponemos competitivos en el mercado internacional. En esta línea es donde hay que trabajar un montón.

-¿Y ahora ves que el mercado internacional está muy demandante?
-El mercado está. ¿Estamos nosotros preparados para responder a esa demanda? En seriedad, confianza, trazabilidad, etcétera, etcétera, etcétera, y ahí hay mucho trabajo por hacer.
-Te hago otra pregunta de periodista antipático… Cuando surgía esta posibilidad y se alineaban los planetas como parece que sucede ahora, en general todos en la cadena decían que era necesario construir políticas de estímulo para que los productores produzcan más. ¿Se necesita un plan ganadero?
-Estímulos no quiere decir subsidios. Estímulos quiere decir, sin costo para el Estado, o devolver aquellas cosas que el Estado te quita innecesariamente. Por ejemplo, si yo puedo producir 50 kilos más (por animal faenado) y hasta el año pasado no los pagué, por tres o cuatro años estimulame y no me cobres impuesto a la ganancia por ese saldo que aumenté. No te estoy quitando plata, pero ayudame, impulsame. Sin que le cueste al Estado, que te dice no hay guita. Pongámonos a pensar en los créditos, porque no puede haber ganadería en crecimiento sin créditos a tasas y condiciones razonables.
-Todo eso lo deberían hacer las políticas públicas, que hoy no existen…
-¿Quién tiene el desafío de desarrollar esto? Nosotros, los privados más que el Estado.
-En la Argentina nada está seguro… ¿Vos crees que este es el momento finalmente, del que tantas veces hablamos?
-Yo lo único que quiero es que se saque una ley que diga: “prohibido prohibir exportaciones”. A partir de ahí, déjame trabajar.




