Un día después de que Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) alzara la voz por la posibilidad de que los productores ganaderos que decidieron no realizar el trámite de inscripción al sistema Visec sufrieran descuentos al vender su hacienda, uno de los principales frigoríficos exportadores, el Gorina, dejó expuesta esta posibilidad en sus operaciones a partir de noviembre.
En una carta a sus proveedores de ganado, la empresa que pertenece nada menos que al vicepresidente del Consorcio ABC, Carlos Riusech, comunicó que desde el 1 de noviembre exigirá que “los RENSPA de origen de la hacienda destinada a faena para la Unión Europea estén inscriptos en VISEC Carne antes de su envío”. Caso contrario, según explicitó la planta ubicada en el partido de La Plata, esa hacienda “deberá desvalorizarse hacia terceros países o incluso hacia destinos de menor valor, según su aptitud y las posibilidades efectivas de comercialización”, se avisó.
Luego, en la carta enviada por Gorina, llegó el párrafo tan temido por los productores: “Esta desvalorización se reflejará en el precio de compra, que deberá acordarse con Compras (del frigorífico) antes de coordinar la carga”.

De este modo, con esta exigencia, Gorina se está preparando con dos meses de anticipación (los que tarda en llegar un cargamento a Europa) para lo que sucederá desde el 1 de enero de 2027, cuando los importadores de carne para la UE comenzarán a exigirles a sus proveedores un certificado que acredite que ese alimento proviene de campos que no han sufrido deforestación en este década. Se trata de una política coercitiva de la UE parta el resto de los países, destinadas a poner un freno a la tala de bosques. Si esos países no le aseguran una trazabilidad de cada uno de sus productos, no podrán vender en el viejo continente y la amenaza no corre solamente para la carne sino también para la soja, el café, la madera y otros commodities.
El Visec es un sistema privado que nació hace unos años de entidades ambientales interesadas en certificar la sustentabilidad de ciertas actividades, pero que después recibió el apoyo activo de los sectores exportadores que se alinearon con las exigencias europeas. Se trata de una plataforma capaz de certificar -en base a imágenes satelitales- que los campos de origen de la mercadería no han sido deforestados recientemente.
En el caso de la carne, los frigoríficos exportadores nucleados en el Consorcio ABC -que explican cerca del 35% de la faena nacional, pero 85% de los embarques de carne- decidieron sujetarse a esa plataforma pese a que en 2025 la Secretaría de Agricultura dispuso mediante una resolución que los productores podrían adherirse a cualquier plataforma disponible. De hecho, el gobierno de Santa Fe decidió por caso lanzar una certificadora propia. La idea era justamente que los productores no estuvieran obligados a operar con un sistema cuasi monopólico.
Pero luego el IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna) hizo suyo también el Visec, a pesar de que el 70% de su financiamiento proviene de la actividad primaria y solo 30% del sector frigorífico, dejando muy poco margen para que aparezcan otras opciones. La decisión de plantas como Gorina de exigir el certificado de Visec -y no otro- a sus proveedores vuelve a cerrar las posibles fugas. Se estima que las 30 empresas exportadoras del Consorcio ABC adoptarán el mismo camino. Y lo mismo sucede en el caso de la soja, donde la cámara exportadora Ciara-CEC también entronizó un único sistema.
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La posición decidida de Gorina y otras empresas choca, por ahora, con dos problemáticas. Por un lado, hay una gran desconfianza de los productores con ese sistema y por eso se han inscripto muy pocos en el Visec, apenas unos 14 mil RENSPA (registros sanitarios) dentro de un universo que -según el Senasa- supera los 200 mil RENSPA de todo tamaño y color.
Por otro lado, según testimonios de algunos productores del norte del país (la zona más sensible a la deforestación), el sistema Visec no estaría asegurando un diagnóstico correcto y justo de cada situación, pues hay campos que han “quedado afuera” y no calificaron para exportar y que afirman no haber hecho ningún desmonte.
Un tema crítico -del que nadie se ocupó hasta ahora- es el del manejo del renoval, como se denomina al avance de ciertas especies leñosas sobre el campo limpio. Muchos productores hacen un control mecánico o químico de dicha vegetación, porque va achicando sus campos, sin que esto sea equivalente a realizar un proceso de deforestación.
Lo cierto es que, tal como hizo Gorina, una empresa que figura en el top cinco de la exportación de carnes, los tiempos apremian a los exportadores, que prometen penalizaciones en el precio que cobren los productores por su ganado sin no estuviera bien certificado. Es algo que temían algunas entidades rurales, pero que curiosamente esas mismas organizaciones han avalado desde la conducción del IPCVA.




