En la presente campaña se abrió una gran oportunidad comercial de exportación de semilla de girasol hacia la Unión Europea, la cual, si bien en los “papeles” parecía muy conveniente, en los hechos resultó no serlo tanto.
Hasta la fecha se enviaron a Bulgaria tres cargamentos de girasol procedentes de la Argentina, por un total de casi 118.500 toneladas, la mayor parte de los cuales fue remitido por la Unión Agrícola de Avellaneda (UAA).
“Los análisis de laboratorio de los dos primeros cargamentos mostraron la presencia de cantidades residuales de dos pesticidas que superan entre tres y cinco veces los límites permitidos”, señaló la autoridad de sanitaria de Bulgaria por medio de un comunicado.
“La cantidad del insecticida deltametrina encontrada en el girasol argentino del tercer cargamento que llegó a Bulgaria a principios de esta semana duplica el nivel permitido”, añadió.
El importador búlgaro del girasol argentino presentó una declaración escrita en la que afirma que el producto procesado se exportará a países fuera de la Unión Europea, donde se permiten niveles más elevados del insecticida en grano.
La cuestión es que existen dos cargamentos más de semilla de girasol argentino, por un total de 80.000 toneladas, que están en camino hacia Bulgaria, los que podrían experimentar la misma suerte que los anteriores.
La deltametrina, junto con la fosfina, se encuentran actualmente autorizados en la UE-27, pero con límites máximos de residuos que son muy difíciles de cumplir, razón por la cual Ciara-CEC recomienda a sus socios no realizar embarques de semilla de girasol con destino a la Unión Europea.
En el caso de la deltametrina, existe una diferencia de 20 veces entre los límite máximo establecidos en la Argentina respecto del vigente en la UE-27 (1 ppm versus 0,05 ppm), lo que torna inviable la exportación de semilla hacia la UE en caso de emplea ese insecticida en postcosecha.





