A diferencia de las numerosas interferencias telefónicas que tuvimos en 2022, hablar esta vez con Hernán Torre, un productor cordobés radicado en Venezuela desde hace más de 15 años, fue por demás sencillo.
“El sábado nos desayunamos con la noticia y todo estuvo revuelvo el fin de semana. La gente se quedó en su casa. Pero desde este lunes todo parece tranquilo. Todos fueron a trabajar, el transporte funciona con normalidad, hay combustible y comida. Todos esperan que se cumpla con las elecciones de hace dos años, en las que ganó Edmundo González”, resumió el hombre oriundo de la localidad de General Baldissera, adelantándose a las preguntas de Bichos de Campo.
No se cumplió ni una semana desde la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela, a manos del ejército de Estados Unidos, y el sector agropecuario de ese país ya comenzó a mostrar un renovado entusiasmo. Al menos así lo nota Torre, que desde 2010 aguarda por la llegada final del “boom productivo” de aquel sector.

“Lo que queda claro es que ahora se abren las puertas para el sector agropecuario. Aquí hay disponibles 24 millones de hectáreas agrícolas y otras tantas ganaderas. Hoy se siembran, exagerando, unas 600 mil hectáreas. No llegamos al millón, todo está por hacerse”, señaló el también asesor, que hoy se encuentra radicado en el Estado Portuguesa e integra –junto a otros 20 productores locales- la regional Polo Agropecuario que Aapresid tiene en ese país.
“Hay mucha expectativa de lo que pueda pasar, porque entendemos que se van a abrir un poco los mercados, al menos el financiero, y habrá mayor seguridad jurídica para las inversiones. De hecho, me llamaron muchos inversores en estos días para venir, de Argentina, Uruguay y Paraguay. Hay mucha gente pendiente afuera”, contó Torre.
El panorama que tres años atrás esbozó el cordobés, por desgracia se mantuvo más o menos igual en este tiempo. Desde la dolarización de la economía allá por 2018, que permitió la apertura de cuentas en dólares allí, la brecha con el bolívar aumentó en forma sostenida, hasta ubicarse hoy en torno al 60%.

En cuanto a la tenencia de la tierra, se mantiene la relación 70%-30%: la mayor parte es del Estado, siento el resto para los privados. Aún así, en ambas se puede invertir previo acuerdo con el gobierno.
Respecto de la producción, donde el maíz encabeza el podio en forma holgada, Torre marcó que continúa siendo deficitaria para abastecer las demandas internas. “Necesitamos unas 900.000 toneladas de soya para cubrir el mercado y si logramos producir 20.000 toneladas es mucho. Hay 880.000 toneladas que hay que traer de afuera. El negocio es muy pequeño y a nadie le interesa”, explicó.
Sin embargo, lo curioso llega por el lado de los precios: “A los productores les pagan el precio externo de importación, que es lo que le cuesta traer eso desde afuera. De alguna forma, los precios gozan de una suerte de subsidio indirecto en el mercado, en torno a un 40% a 50% respecto de los precios de Chicago. Entonces hoy tú tienes en Estados Unidos un maíz que vale 170 dólares y aquí vale 350, 400 o 500 dólares”.
Este escenario, cruzado por la falta de fuentes de financiamiento, derivó en un sector de productores primarios muy atomizado.
“No hay inversión para el sector. Los productores no tienen cómo producir sus fincas y muchas están paradas. Muchos se quedaron sin crédito. Están las tierras pero el tractor está parado, la sembradora está quizás rota, no tenés gasoil ni plata. Eso hace que muchos vivan de otra cosa”, lamentó Torre.
¿Pero qué es lo que atrae finalmente a inversores externos, teniendo en cuenta este panorama? El productor lo resumió en tres puntos.
“Primero están las cuestiones agronómicas. Nosotros tenemos un potencial ambiental de 5.8 toneladas, que es lo mismo que tiene Argentina y Estados Unidos. Después está el potencial real, que es lo que sacamos de la tierra realmente. Hoy eso está en torno a 1.8 toneladas, es decir, tenemos 4 toneladas para crecer. Y el tercer punto es el riesgo de cosecha. En Venezuela eso está por debajo del 5%. Eso supone que en 10 años, calculando que tenemos dos ciclos por año, te puede fallar un ciclo. El riesgo es muy bajo comparado con Argentina, donde hay riesgo de sequía, helada, granizo”, indicó.

Y los precios de la tierra siguen siendo atractivos. Dependiendo de la zona, la hectárea de campo puede ir desde los 400 dólares a los 2.000.
El punto que ahora flota en el aire es el del riego jurídico, es decir, que se respete la inversión realizada allí por un externo. Es ahí donde ahora se ancla el entusiasmo.
“La creencia es que esto mejoró. La expectativa de la gente es la de que ahora ya no se van a poder hacer los locos, porque Estados Unidos demostró que te viene a buscar. Si van a acomodar, las instituciones y la política, al inversor le interesa venir”, afirmó Torre.
“El productor local normalizó la situación. Yo siempre digo que son antifrágiles, porque saben aprovechar la incertidumbre, el caos de Venezuela, y se manejan. La cosa ha venido mejorando, lo vemos dentro de la región. Quedaba el tema del riesgo”, concluyó.





