Apenas 30 manzanas son las que conforman la superficie total de Logroño, un pequeño pueblo al noroeste de Santa Fe, ubicado dentro del departamento de 9 de Julio. A 32 kilómetros de Tostado, la ciudad cabecera, alberga a nada más que 1.100 habitantes, la mayoría de los cuales descienden de los inmigrantes que se establecieron allí en 1911, a la par de la extensión del ferrocarril.
Pero aquel medio de transporte desapareció y, como ocurrió en tantas otras localidades del interior profundo del país, la vida comenzó a volverse más lenta al punto de estancarse. Tanto es así que hoy los vecinos temen por su subsistencia.
Con un “sector público” muy atomizado, que contempla apenas con una escuela y un hospital, la actividad agropecuaria se volvió la principal actividad de muchos en Logroño. Varios todavía recuerdan la tradición lechera de la zona, que supo tener un puñado de tambos instalados. Sin embargo, el golpe de sucesivas inundaciones le puso fin a esa actividad, y con la expansión del algodón fue la agricultura la que parecía ofrecer las mayores oportunidades.

“Siempre se anheló el progreso. Tenemos la referencia de lo que son los pueblos del sur de acá, y como que siempre quedamos estancados. El potencial agrícola acá es importantísimo”, señaló a Bichos de Campo la presidenta de la Comuna, Mariana Cardozo.
Sin embargo, a pesar de las más de 20.000 hectáreas de algodón que se cosechan en un radio de 50 kilómetros a la redonda, la falta de infraestructura impedía que eso derrame en la zona y el desarraigo comenzó a aflorar.
Con un excedo cada vez mayor de jóvenes, que buscaban su futuro en otras localidades, y ante la necesidad de lograr que alguna empresa se radique en la zona, las autoridades provinciales invirtieron en una línea de energía uniendo a Tostado con Logroño, con capacidad para abastecer a una instalación de gran tamaño.

“Entre noviembre y diciembre de 2024 anunciamos esta línea y empezaron a aparecer los interesados. Una empresa compra inmediatamente un campo en la zona, realiza una importante inversión, pero para marzo de 2025 todo se clausura. Lo vivimos como algo desgarrador porque parece que estamos condenados a quedarnos en la nada”, contó Cardozo.
Distintas noticias de la segunda mitad del año pasado permiten reconstruir lo sucedido. La firma Algoservicios S.A, que inició sus funciones en 2009 y se enfoca en la cosecha y desmote de algodón, adquirió una propiedad en la que realizó el desmonte de unas 50 hectáreas para iniciar con la construcción de una planta industrial, que ofrecería unos 50 puestos de trabajo.
Sin embargo, lo deforestado pertenecía a un bosque nativo protegido por la provincia, y ante una denuncia anónima al área de Ambiente se resolvió clausurar el predio y multar a la empresa. La noticia generó opiniones encontradas entre los vecinos.

“Cuando la propietaria anterior le vende a ellos el campo, les marca que no era tierra virgen. Hace 50 años atrás, ahí se había sembrado trigo. A la perspectiva de todos, eso era tranquilamente cultivable. Honestamente, nunca tuvimos un informe que indicara que eso no se podía tocar. Yo no creo que la empresa haya tenido mala intensión, era algo que se desconocía”, indicó Cardozo.
De hecho, Algoservicios S.A. asumió el error, se mostró dispuesta a pagar la multa y e incluso a mitigar el daño con la reforestación de algún área del departamento de 9 de Julio.
Pero desde la provincia no se le dio mayor tratamiento al asunto y la situación quedó frizada, motivo por el cual los vecinos juntaron 300 firmas y enviaron un petitorio al área de Ambiente a la espera de reactivar las obras.

“Yo siempre aclaro que estoy a favor del medio ambiente y siempre lo estaré. Pero también vemos injusto que la ecología no mire el hambre, la falta de posibilidades económicas, el desarraigo y la vulnerabilidad extrema en la que nos encontramos. Hoy vemos gente que prioriza una comida al día, y madres solteras que toman otras alternativas para sobrevivir. Es grave, nunca se vio eso acá. La situación realmente nos preocupa. Creemos que esto no se puede perder de vista”, afirmó Cardozo.
-¿Qué pretenden ustedes?- le preguntamos.
-Que no se pierda semejante inversión, teniendo en cuanta en lo que se podría convertir Logroño. Son muchos puestos de trabajo, que son tanto directos como indirectos porque esas 50 personas que tendríamos trabajando allí iban a poder desarrollar su vida, iban a poder comprarse un terreno y construir. Eso ya te dinamiza el trabajo del albañil, del comercio. Nosotros hoy tenemos 3 comercios, podríamos tener 10.
-¿Ustedes hoy dependen de otras ciudades más grandes?
-Tostado hoy nos absorbe un poco, porque para hacer trámites bancarios tenemos que ir hacia allá. Eso hace que la rueda económica quede ahí, porque quienes van a cobrar su sueldo sacan del cajero y lo vuelcan en comercios de allí. No siquiera tenemos eso para explotar. Y de nosotros dependen también las colonias de Campo Garay, Esteban Ramos y Montefiore, a quienes tampoco les podemos ofrecer puestos de trabajo.
-¿Se han comunicado con la empresa? ¿Saben si tiene intenciones de seguir trabajando?
-La empresa todavía tiene intenciones de seguir con esta lucha, pero está claro si se sigue demorando se van a ir a invertir a Santiago del Estero u otra provincia. No van a dar muchas más vueltas. Hoy están perdiendo plata.
-¿Y la provincia les ha respondido?
-Acercamos el petitorio y nunca recibimos respuesta.





