La decisión del gobierno chino de cuotificar sus importaciones de carne vacuna abrieron un nuevo debate, relativo a cómo instrumentar ese reparto entre las empresas locales.
En las últimas horas, China fijó un volumen total de importaciones previsto para este año de 2,7 millones de toneladas, con un crecimiento del 2% por año y dejó abierta la puerta para un incremento de ese tonelaje si fuera necesario.
De ese total, a la Argentina le corresponderían unas 511.000 toneladas, una cifra que, según Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), “no deja mal parado al país en la foto general, aunque abre un debate sensible puertas adentro, respecto de cómo será el reparto y más teniendo en cuenta que el 70% de las exportaciones van a ese destino”.
“El resultado está dentro de lo esperable y no perjudica a la Argentina e incluso esta cuotificación reconoce que China necesita importar carne, porque el volumen aumenta año tras año”, explicó el dirigente cárnico.
Para Urcía, el principal desafío no está tanto en el tonelaje asignado al país sino en cómo se administrará ese cupo a nivel local. “El foco ahora tiene que estar puesto en cómo se distribuye esa cuota. Es una cuestión muy sensible y hay que tener mucho cuidado para no lesionar a ningún exportador ni a ninguna empresa”, advirtió.
En ese punto, el dirigente puso como ejemplo reciente el reparto de la cuota de 20.000 toneladas con destino a Estados Unidos, donde se priorizó el criterio de “performance”, un criterio que, según señaló, terminó favoreciendo a los exportadores de mayor volumen en detrimento de los más chicos.
“Si se aplican criterios que sólo miran el historial de exportaciones, se corre el riesgo de dejar afuera a plantas que vienen invirtiendo y que no tienen acceso a ese mercado por la demora que se viene registrando en los últimos años a la apertura de nuevas plantas”, añadió también Urcía.
Según el referente industrial “esto no tiene que ver con cuestiones políticas de este gobierno, ya que ese retraso fue también manifiesto en el gobierno de Alberto Fernández y, por el contrario, creo que las relaciones con China son muy buenas pero no se destraban las aperturas”.
Urcía remarcó que existen frigoríficos que llevan años esperando la habilitación sanitaria para exportar a China. “Hay empresas que hace seis años están esperando la apertura del mercado chino. No se las puede castigar dejándolas afuera del reparto cuando no fue una decisión empresarial no exportar, sino una demora del propio proceso de habilitación a pesar de haber atravesado de forma satisfactoria las auditorías técnicas”.
En ese sentido, insistió en que el criterio de asignación debería contemplar otros factores, como las inversiones realizadas, la regionalidad y la necesidad de sostener un entramado industrial federal. “China es el mercado que hoy tracciona el volumen. Si a una empresa la dejás sin acceso a China, prácticamente la dejás fuera del negocio exportador”, planteó.
Urcía también contextualizó la decisión china como una medida de protección de su mercado interno. “Está dentro de la autonomía de cualquier país. China busca administrar sus importaciones” y luego advirtió que la imposición de un arancel elevado fuera de la cuota, cercano al 55%, funcionará como un techo efectivo: “Eso marca claramente cuánto va a importar China. Los excedentes deberán buscar mercados alternativos”, resumió el industrial frigorífico.





