El sitio especializado AgTech relata un claro ejemplo de cómo opera la política comercial de los Estados Unidos en mercados donde ese país compite inevitablemente con la Argentina.
El gobierno de Donald Trump acaba de comprometer un subsidio de 15,2 millones de dólares para desarrollar un proyecto de cinco años en Vietnam. La idea es que allá se pueda desplegar una cadena productora de tilapia, una de las especies de peces de criadero de mayor difusión a escala global, de cuya carne los norteamericanos son grandes consumidores.
El 13 de enero, el viceministro de Agricultura y Medio Ambiente de Vietnam, Phung Duc Tien, se reunió y trabajó con una delegación de la Embajada de Estados Unidos en relación con el Proyecto de Asociación de la Cadena de Valor de la Acuicultura entre Estados Unidos y Vietnam.

Según la información presentada en esa reunión, la Casa Blanca comprometió 15.2 millones de dólares para llevar adelante un proyecto que permitiría aumentar la producción de tilapia a 1.21 millones de toneladas, para así poder exportar esa carne por 1.250 millones de dólares anuales. La idea es apostar fuerte con ese dinero a la investigación, buscando esencialmente la mejora de los reproductores y de los criaderos.
Obviamente el dinero fue muy bien recibido por los funcionarios vietnamitas.
Pero los funcionarios estadounidenses que comprometieron esta partida dentro del programa de Alimentos para el Progreso de EE.UU. no ocultaron qué esperan ellos de Vietnam en este intercambio. “Una de las soluciones clave del proyecto es el uso de soja importada de alta calidad como alimento para la acuicultura, con el fin de mejorar la productividad y la calidad de la tilapia”, se dice en todas las informaciones sobre estas tratativas.
Es decir que la verdadera pretensión de los Estados Unidos, más allá de la filantropía, es poder ampliar el mercado de Vietnam para sus alimentos balanceados basados en soja. Como todo en el comercio y las relaciones diplomáticas, nada es gratis.
El Programa de Alimentos para el Progreso (FFP) es un programa de ayuda alimentaria autorizado originalmente por la Ley de Seguridad Alimentaria de 1985, que permite a Estados Unidos proporcionar productos básicos a crédito o mediante donaciones a países en desarrollo y democracias emergentes con el fin de facilitar la introducción de elementos de libre empresa en sus economías agrícolas.
En su página web, el Servicio Agrícola Extranjero (FAS) del Departamento de Agricultura de los estados Unidos (USDA) no disimula esas verdaderas intenciones: “El FFP contribuye a que Estados Unidos sea más seguro, más fuerte y más próspero invirtiendo en países socios estratégicamente seleccionados, comprometidos con la mejora de la productividad agrícola y la expansión del comercio agrícola, abriendo nuevos mercados para los productos agrícolas estadounidenses y apoyando a las comunidades vulnerables de todo el mundo”.
Así las cosas, mediante ese programa Estados Unidos compra “productos a granel a agricultores, ganaderos y productores estadounidenses para su venta comercial en economías emergentes. Los ingresos se destinan a apoyar programas de desarrollo agrícola, económico o de infraestructura que impulsan el desarrollo económico y las oportunidades para el comercio con Estados Unidos”.

El FAS cada año proporciona una lista de países prioritarios. Sus prioridades en 2025 fueron países como Colombia, Etiopía, Ghana, Kenia y Vietnam.
¿Y cuál es el inconveniente? Que de ese modo -con subsidios explícitos- compite de modo algo desleal con otros países agrícolas que, como la Argentina, produce soja y la intenta vender en Vietnam.
La cadena sojera argentina considera a Vietnam como un punto estratégico, y esto es compartido por las autoridades. A tal punto que se decidió habilitar en Hanói una nueva Agregaduría Agroindustrial de la Argentina, que comenzó sus actividades en la Embajada argentina en Vietnam el 1º de julio de 2025.
El año pasado Vietnam se ubicó como el quinto destino de las exportaciones agroindustriales argentinas con un monto que en 2024 alcanzó los 3.259 millones de dólares. Los principales productos exportados fueron harina de soja (49%), maíz (42%), trigo (2%), cueros y pieles curtidos de bovino (1%) y algodón (1%).
Nada permite suponer que la tarea de vender más productos argentinos en Vietnam será sencilla, especialmente frente a la reacción de Estados Unidos y su arsenal de argumentos por recuperar posiciones en dicho mercado, no solo mediante la agresiva fijación de aranceles por parte del gobierno de Trump sino con recursos mucho más sofisticados, como estos subsidios al desarrollo.





