Germán Guastella no es agrónomo sino contador. Pero percibe con claridad que la agricultura argentina tiene una gran cuenta pendiente con el suelo porque trabaja como gerente general de Pelayo, una empresa de General Pico, que distribuye insumos, multiplica semillas y siembra unas 70 mil hectáreas sobre campos alquilados en La Pampa y Buenos Aires.
En esa empresa de envergadura fue que comenzó un cambio de lógica muy interesante que vamos a intentar relatar con una sucesión de notas los próximos días en Bichos de Campo, con testimonios recogidos en un encuentro realizado la semana pasada en Catriló que organizaron firmas de esa región (la propia Pelayo y Gente de La Pampa) preocupadas por el visible deterioro de los suelos agrícolas.
Guastella explicó de qué se trata este intento de cambio y por qué nace.

“Este no es un lanzamiento. Queremos contar lo que venimos haciendo. No es snobismo. Es la búsqueda de trabajar sobre uno de los recursos clave de la producción primaria agrícola. Nosotros empezamos a escuchar, a percibir y a corroborar que ese recurso estaba teniendo un comportamiento que no era el adecuado”, comenzó en referencia a los suelos que Pelayo arrienda cada años en grandes cantidades.
Lo que hizo esa empresa a partir del testimonio de sus propios ingenieros agrónomos es pisar el freno y comenzar a revisar que cosas de las que ellos hacían podían estar deteriorando el suelo. Luego buscaron una certificadora que los corrija y evalúe. Y a partir de ese ejercicio -que ya buena parte de sus hectáreas arrendadas- decidieron dar un paso más allá e instalar esa necesidad de cuidar mejor el recurso replanteando los contratos de alquiler con los dueños de los campos. A partir de esa campaña, Pelayo amenaza dejar de sembrar en muchos de ellos si los propietarios no se comprometen con este esfuerzo.
Mirá la entrevista completa:
¿Cuál fue el disparador de todo este movimiento que requiere de muchas patas marchando hacia el mismo objetivo?
Contesta el gerente que la realidad les fue dando las pistas. “Algo está fallando. Uno de los primeros clics que aparecen, una alerta es que en zonas en las cuales uno espera determinado nivel de rindes potenciales, no se expresan esas ganancias genéticas, esos rindes incrementales de acuerdo a la evolución de los insumos, de las semillas. Ahí vos decís, le pusimos todo, cada vez más tecnología, cada vez mejores máquinas, cada vez información, ambientación, siembras variables, fertilización variable…
-El descubrimiento es que toda la tecnología disponible para el agro puede fracasar si vos no tenés una buena maceta, un suelo sano.
-Totalmente, es así. Nosotros hacemos agricultura en campos alquilados, y hay determinados casos de campos en los que vos decís ‘en el campo de acá al lado, ¿es tan distinto el suelo? ¿Por qué expresa algo distinto en rindes a lo nuestro?’ Bueno, quizá ahí haya un dueño de un campo que sí valora su activo y está preocupado por mantenerlo y no deteriorarlo. Empezás a ver cómo con los años los rindes de esos campos empiezan a ser distintos a los de los campos alquilados. Es decir, doble desafío, identificar el problema y además tratar de hablar con los dueños de los campos a los que le alquilamos para decirle, ¿están dispuestos a escucharnos al menos?
-¿Qué quieren decirle a esos dueños?
-Lo que vemos y luego si coinciden, preguntarles ¿están dispuestos a que intentemos hacer algo por eso?
¿Qué onda con los alquileres? Re bien; En Córdoba no solo no bajan, sino que suben
-Entonces no solo es el click de los agrónomos que venían con una receta y se dan cuenta que algo les está fallando sino que tenés que convencer a los dueños de los campos que venían acostumbrados a cobrar una renta anual y no mucho más, que acepten que hay que hacer planteos de más largo plazo, mucho más pensados y quizás no tan rentables.
-Totalmente, y encima era difícil hacer este planteo hace dos o tres años, donde la demanda de campos estuvo en su pico , porque era un momento de la economía argentina en la cual había brecha, y quienes estábamos haciendo agricultura seguíamos en dólar oficial y teníamos cada vez más brecha. Los que estábamos haciendo agricultura no nos queríamos ir del negocio. E inclusive a veces nosotros mismos podíamos llegar a ser actores en el sentido del alza de algún precio de un alquiler. Y en paralelo aparecían otros actores queriendo ingresar al negocio de agro.
-¿Por qué sucedía eso cuando había brecha cambiaria?
-Yo digo el agro durante un periodo de tiempo era un dólar link. Si yo estaba en un negocio que generaba pesos, iba a ponerlo en el agro esperando que en algún momento -cuando haya una corrección cambiaria- pueda aprovechar esa disminución de esa brecha. Entonces encontramos más demanda sobre una tierra escasa. Estaba el dueño de campo que decía: ‘Vos me querés hablar de mediano, largo plazo, sustentabilidad, mantener el suelo, me estás pidiendo plazo y además que sea cauteloso con el precio del alquiler, porque vos vas a invertir algo en cultivos de cobertura, en fertilización, en equipo técnico, en tecnología. Pero al lado tengo otro que me paga más’.

Pelayo, empresa que trabaja con un total de 80 dueños de campos, comenzó a identificar entre ellos quiénes eran permeables a este nuevo tipo de acuerdos, que alargaban los plazos de los arrendamientos y que se sometían a una certificación por parte de expertos.
“Hoy el 20% de la superficie de agricultura de Pelayo ya la tenemos en este sistema con certificación de Agsus”, celebra el directivo. Esa consultora formada por expertos en suelos de la propia provincia establece un diagnóstico de cada campo y aconseja modos de comenzar a regenerar el recurso.
-Pero un campo ofrece una renta, tenés el socio bobo del Estado que se lleva las retenciones, tenés al dueño del campo que quiere su parte, y el que produce y asume todos los riegos también tiene que ganar algo de plata… ¿Se puede plantear un programa de regeneramiento que implica una inversión y por lo tanto baja la renta de ese campo?
-Es una discusión difícil y además hay que trabajar con una variable que es la temporalidad, porque inclusive vos podés hacer una inversión y el resultado no verse expresado en el primer año. Seguro que no se va a expresar, necesitas más de un año. Acá hay que cambiar ese click de que la agricultura en campo alquilado es un negocio de 220 días en promedio. No debe ser anual. Si es anual vamos a tener los resultados que estamos teniendo, la degradación de campo, algo prácticamente muy extractivo.
Guastella se pone la camiseta de contador. “Una de las primeras cosas que te dicen cuando empezás la facultad es el tema de amortización. Se amortizan los equipos, la sembradora, la cosechadora, los tinglados, las casas, todo. Pero los campos no se amortizan. Porque si le pones el costo ambiental o costo extractivo, las cuentas te salen mal”.
“¡Qué paradoja! Estamos hablando que es uno de los principales recursos que ponemos a disposición para la producción agrícola, y esto parece que no se deteriora nunca en el paso del tiempo, es infinito. Por eso esto es una revisión. Eso era una falsedad, hay que revisar”.
-¿Y podrán convencer a los dueños de los campos?
-Es un desafío. Cuando hablo de evangelización, es tratar de usar todas nuestras artes agronómicas, de negociación, para tratar de convencer al dueño del campo de esta situación. Nosotros no queremos sacar una ventaja detrás de que te quiero conservar o mejorar tu suelo, quiero que me bajes al alquiler y además me des a un contrato a cinco años. Yo lo que te estoy proponiendo es que si inclusive lo que nosotros hacemos te mejora la calidad de tu suelo, pongámoslo en el contrato. Seguramente va a suceder. Nosotros estamos dispuestos a hacer la inversión.

El directivo de Pelayo recordó que “el 70% de la agricultura en Argentina se hace en campos alquilados y muchos de los actores que hacen agricultura son como nosotros. Acá hay dinero que se pone a riesgo todos los años, hay un conjunto de 150 personas que trabajan nuestra empresa en pos de este negocio y estamos dispuestos a seguir corriendo estos riesgos. Ahora, necesitamos que la ecuación tenga otras patas.
Contador al fin y al cabo, Guastella hace otros cálculos. “Argentina que va corrigiendo algunas variables financieras y cambiarias y macroeconómicas, y eso hace que también se normalizó el costo del dinero. Hoy tenés un insumo, que es el dinero. Al sembrar estás invirtiendo alrededor de 900 dólares en promedio por hectárea, con arrendamiento incluido. Esos 900 dólares en 220 días es un insumo que a una tasa de mercado en dólares, como nos financiamos las empresas del agro, son 50 a 60 dólares de costo financiero. Eso también hay que contemplarlo. Es un costo más que tenés que poner en la planilla.





