Hay una foto que Roberto Magnano exhibe con gran orgullo en su oficina. Es la de una cosechadora que su abuelo creó en 1938, en una Argentina donde los fierros nacionales copaban el negocio de la maquinaria agrícola. Aquella imagen, ya desteñida por el paso del tiempo, da cuenta de la trayectoria que su familia tiene en este rubro.
“Mi abuelo, mi papá, mi tío, todos metalúrgicos. Siempre en los fierros”, celebra el cordobés, oriundo de la localidad de San Francisco, donde la empresa aún mantiene su fábrica.
Hasta mediados de la década de 1970, momento en que José Alfredo Martínez de Hoz asumió como ministro de Economía de la Dictadura y desreguló el ingreso de maquinaria y complementos importados, provocando casi la aniquilación de dicha industria (solo quedan dos fábricas nacionales de cosechadoras, que apenas compiten en un mercado copado por las grandes marcas globales), los Magnano tenían una presencia interesante. Se metieron en el mapa con su cosechadora “corta y trilla”, para abrir luego otra sociedad -Industrias Magar- dedicada específicamente a fabricar una cosechadora nacional de caña de azúcar.
“Era la única fábrica que la hacía. Íbamos a Ledesma y también fuimos a Tucumán, al Ingenio Concepción. La historia es que fabricaban la cosechadora, iban al norte, hacían el servicio, volvían para hacer mejoras y lanzaban una cosechadora nueva. Así era como iban mejorando todos los procesos. En ese entonces competíamos contra los grandes como John Deere, Claas y Massey Ferguson. Era un orgullo”, recordó Magnano, en conversación con Bichos de Campo.
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Después de Martínez de Hoz (él mismo lo coloca como un hito histórico clave), la familia se vio obligada a dar un giro y comenzó a fabricar tanques para compresores y arenadores. Fue varios años después que volvieron a incursionar en el sector agropecuario.
Durante la última edición de Expoagro, Magal presentó una picadora de alfalfa y carro forrajero.
“Nos basamos en una similar de John Deere. Siempre elegimos buena calidad, pero la mejoramos porque siempre se puede mejorar. La hicimos más ancha, más grande y estamos trabajando muy bien”, aseguró el metalúrgico, que luego explicó: “La picadora de alfalfa permite que en un mismo lote vos multipliques por dos o tres tu rendimiento” con dicho cultivo.

Tomando los conceptos de Mario Bragachini, especialista agrícola del INTA Manfredi, que afirmaba que “la vaca era la peor cosechadora”, la familia apostó al pastoreo mecánico para evitar los desperdicios de forraje.
“Vos cortás la pastura, la tirás arriba del carro forrajero, vas hasta los comederos y ahí distribuís. No se desperdicia nada. Nuestros clientes nos dicen que la relación entre alimento y animal es de 2 a 1. Es un caballito de batalla”, destacó Magnano.
Pero más allá de cualquier nuevo complemento que pudieran diseñar, para el fabricante lo clave a atender ahora es la demanda de financiamiento.

“Es complicado producir pero se puede. Lo que necesitamos, como en todo, es financiación. El productor necesita que alguien con espalda, sea el gobierno o el sector financiero, le aporte a eso. Nosotros financiamos pero en algún momento no podemos más”, dijo.
Y añadió: “Por otro lado está el tema de los impuestos. El Estado Nacional está haciendo su parte pero las provincias y los municipios todavía no. Tienen que ayudarnos con ingresos brutos, bajar cargas”.
Magnano relacionó esto principalmente con el ingreso de maquinaria importada desde el exterior, en condiciones que les impiden a los locales competir.
“Al chino no le podés competir. Vos tenés que tener igualdad de condicione y eso no está dado para todos. Es un problema grave de todos los industriales. Nosotros nos rompemos el lomo siempre, mejorando, tecnificando. Somos competitivos, queremos serlo, siempre lo fuimos. Pero en igualdad de condiciones”, concluyó.





