Ante la saga de videos grabados por el influencer La Joya Agro, que miraron millones de personas en las redes sociales y denunciaban la desaparición de 190 vacunos de su propiedad de un campo de Santa Fe donde pastoreaban, la pregunta más repetida entre la gente de campo era: ¿Cómo se pudieron llevar semejante cantidad de vacunos sin los permisos correspondientes del Senasa?
Esa misma pregunta, desde que estalló este escándalo el jueves pasado, se la hicieron en la máxima conducción del organismo nacional, a cargo de la agrónoma María Beatriz “Pilu” Giraudo. Era imposible que casi 200 cabezas de ganado -o más exactamente las 161 que finalmente se encontraron el viernes en un feedlot de Chabás, a 80 kilómetros del lugar de origen- se hayan trasladado sin los permisos del dueño sin que existe cierta negligencia, complicidad o por lo menos ingenuidad del personal del servicio sanitario animal, que debe aprobar y verificar cada mudanza de animales mediante la emisión de un DTe (Documento de traslado electrónico).
En busca de una respuesta a ese interrogante, según pudo saber Bichos de Campo, el Senasa decidió iniciar un sumario interno para detectar qué papel cumplió el personal asignado a la oficina local de Máximo Paz, en el sur santafesino, en este confuso episodio denunciado por el influencer Bruno Riboldi. Al mismo tiempo, el organismo nacional decidió apurar un plan que tenía para “optimizar” y “eficientizar” sus recursos, y que contemplaba el cierre de varias agencias en todo el país.
Los cierres, en definitiva, comenzarán por esta oficina sospechada de haber sido por lo menos descuidada a la hora de verificar la propiedad del ganado que pertenecía a la Joya Agro. El detonante del cierre será este caso tan mediatizado, pero en realidad -según las fuentes- la oficina de Máximo Paz tenía los días contados porque a pocos kilómetros de allí, en Alcorta, existe una oficina semejante que se superpone en los servicios que brinda. Por otro lado, la mayor parte de los trámites del Senasa ya se pueden hacer a distancia, vía internet, y tener tantas bocas abiertas no tendría demasiado sentido. “Queremos a la gente en el campo”, dicen cerca de Pilu Guiraudo.
Lo cierto es que los empleados que trabajaban en ese lugar deberán dar explicaciones en un sumario interno. En el organismo evitan hablar de corrupción y prefieren más bien hablar de negligencia: en un pueblo chico donde todos se conocen, la reiteración de trámites se convierte en un “uso y costumbre”. Entonces los controles de los papeles se van haciendo más laxos. Está probado que en el caso de la Joya Agro, los movimientos de ganado desde el campo La Cañada, ubicado cerca de Santa Teresa, venían repitiéndose desde 2024. ¿Por qué iban a sospechar los empleados de Senasa Máximo Paz que esta vez era diferente a las otras?

Revisemos los hechos corroborados hasta aquí para reconstruir lo que sucedió:
La Joya Agro, que es ganadero en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde no sobra el pasto, necesito en 2024 enviar sus vacunos a otro lugar porque en su zona arreciaba la sequía. Decidió trasladar sus vacunos al campo La Cañada, en Santa Teresa, que era manejado por Nicolás Coscia, que es sobrino del dueño del campo, el empresario Darío Coscia, y nada menos que hermano de quien por unos meses fue novia del influencer, Virginia Coscia. Después de hacerse el opa en los primeros videos, finalmenye Riboldi confesó conocer bien a toda esa familia. En definitiva, hasta aquí confió en ellos para poner su hacienda en ese campo, que le prestaba el servicio de pastaje.
Esta secuencia se repitió por lo menos en tres ocasiones antes de este escándalo. Riboldi llevaba sus animales desde Tornquist al sur de Santa Fe, donde pasaban unos meses en engorde. Bien conocido en esa zona, Nicolás Coscia se encargaba de todo hasta el momento de la venta. Y era él quien iba a la oficina del Senasa a tramitar los DTe al momento de la venta del ganado, para su traslado. Por eso los funcionarios del Senasa asignados allá no sospecharon cuando concurrió a la oficina a fines de febrero pasado.
El 25 de febrero pasado, según diversos testimonios, se produjo el traslado de los 161 animales de Bruno Riboldi denunció luego como “desaparecidos”, casi un mes después, el 19 de marzo. Nadie objetó nada y mucho menos el dueño real de los animales, la Joya. Coscia había conseguido que la consignataria Aguirre Vázquez aceptara emitirle cheques por 267 millones de pesos a 35 y 45 días de plazo. Por eso participó activamente de la transacción, como hacía siempre. Incluso ese día acompañó la carga de los camiones que a plena luz del día llevaron los vacunos hacia el feedlot de Chabás donde todavía permanecen.
Según esta reconstrucción de los hechos, los funcionarios de Senasa no dudaron al entregar los DTe correspondientes que ampararon ese traslado y no objetaron en ningún momento que se utilizara un número de Renspa diferente al que correspondía a Agro Tranqueras SRL, la empresa ganadera del influencer dueño de los vacunos, que también tiene un Renspa (registro sanitario) abierto para ese campo. La hacienda, en cambio, salió con el Renspa correspondiente a Agroganadera del Este SAS, una firma creada a mitad de 2025 por Nicolás y su hermana Virginia, e inscripta después en el Senasa. Solo un número de diferencia separa ambos DNI Sanitarios: la diferencia es sutil, coinciden en el lugar, pero difieren de dueño.

Como sea, el Senasa de Máximo paz se comió la curva, no hizo observaciones y avaló ese movimiento.
Nicolás Coscia jura y perjura, a través de sus abogados, que tenía el permiso y la orden de La Joya Agro para vender esos animales. El influencer, en cambio, afirma que jamás concedió esa autorización. En medio, luego del escándalo, la justifica imputó al responsable del campo por tentativa de defraudación por abuso de confianza. No parece un delito grave: el daño no llegó a consumarse, porque los cheques no llegaron a su plazo de cobro y todo el proceso se detuvo al estallar el escándalo.
La Joya Agro también refiere que él se entero de la venta fraguada de sus animales con un número de Renspa diferente al suyo el 17 de marzo, cuando saltó una alerta en su servicio de autogestión en la página de Senasa: ese mismo día Coscia había vuelto a la oficina de Máximo Paz para pedir el traslado de los animales desde el campo de Santa Teresa al campo de origen en Torniquist, supuestamente para vaciar un “excedente” de existencias asignado a su campo. En este caso, los Renspa utilizados sí eran ambos los de Bruno Riboldi.
Advertido de esta maniobra, según su versión, el influencer finamente reaccionó y denunció ese movimiento como fraudulento, consiguió su anulación y además pidió la intervención de la justicia. A la par grabó los videos denunciando, entre llantos no muy convincentes, la desaparición de su tropa. Los 161 vacunos aparecerían a las pocas horas en el feedlot de Chabás, donde su dueño y la consignataria decían que los animales habían sido comprado con todas las de la ley a Nicolás Coscia, y con los DTe correspondientes.
Los funcionarios del Senasa que avalaron estos movimientos, quizás por usos y costumbres, acaso por pereza, quedaron entonces en el ojo de la tormenta. El cierre anticipado de la oficina de Máximo Paz -que de todos modos ya integraba una lista de delegaciones condenadas al ajuste- es la confirmación de la incomodidad que provocó esta supuesta negligencia en la sede central del organismo en Buenos Aires.





