Cada día se van sumando más noticias que, probablemente, indiquen que ya se inició la Tercera Guerra Mundial, sólo que el evento no luce como tal porque está siendo administrado a “cuentagotas”.
El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que implementa la Ley de Producción de Defensa para proteger la producción estadounidense del glifosato y de fósforo elemental.
Una vez extraída la roca fosfórica, la misma puede ser sometida a un procesamiento húmedo para obtener ácido fosfórico (que se emplea para elaborar fertilizante) o bien a un proceso térmico para elaborar fósforo elemental, un insumo básico para a fabricación del herbicida glifosato.
La orden ejecutiva establece que “cualquier interrupción en el suministro de cualquiera de estos materiales críticos podría dejar nuestra base industrial de defensa y el suministro de alimentos vulnerables a actores extranjeros hostiles”.
La orden permite que la Secretaría de Agricultura (USDA por sus siglas en inglés) intervenga –en caso de ser necesario– en la producción y comercialización de glifosato y fósforo elemental “para garantizar un suministro continuo y adecuado de estos productos”.
El fósforo elemental además es un insumo clave en las cadenas de suministro de defensa, tales como dispositivos de humo, incediarios y de iluminación, semiconductores en radares, células solares y sensores, junto con componentes químicos de las baterías modernas de iones de litio.
La resolución indica que el gobierno “continúa apoyando la investigación y la inversión en tecnologías de protección de cultivos de última generación, pero garantizar un suministro estable de los insumos críticos existentes sigue siendo esencial para salvaguardar la seguridad alimentaria y la defensa nacional”.
En noviembre del año pasado el Servicio Geológico de EE.UU. (USGS por sus siglas en inglés) añadió el fosfato y la potasio a la lista de minerales considerados esenciales para la seguridad nacional y económica.
Esa medida permite que el gobierno federal de EE.UU. pueda implementar restricciones a las exportaciones de fertilizantes fosfatados, algo que –de hecho– ya sucede en la potencia competidora de China.






