En una zona donde la agricultura extensiva marca el paisaje, Pablo Flores encontró una oportunidad para diversificar la producción familiar. Dedicado desde hace años a las verduras y con una verdulería propia en Pergamino, decidió apostar por las frutillas a partir de una demanda que conocía de primera mano. “La frutilla es un artículo que en época es muy buscado”, explicó a Bichos de Campo.
Pergamino es uno de los nombres propios de la agricultura argentina. Alrededor de la ciudad, los lotes de soja, maíz y trigo dibujan buena parte del paisaje productivo. Sin embargo, en las afueras de esa región agrícola por excelencia, Flores eligió otro camino. Su historia está ligada a una actividad que conoce desde chico y que fue cambiando con el tiempo, hasta incorporar un cultivo que no tiene una tradición importante en la zona.
“Mi papá trabajó toda la vida en el campo, en el tema de lo que es la verdura, la hortaliza liviana, lo que es la lechuga, acelga, todas esas cosas”, contó. La familia se instaló en Pergamino hace unos 25 o 27 años y durante mucho tiempo se dedicó a producir hortalizas para abastecer a otras verdulerías de la ciudad. Después, hace alrededor de doce años, abrió su propio comercio y comenzó a destinarle buena parte de la cosecha.

La producción incluye lechuga, acelga, perejil, cebolla de verdeo, puerro, remolacha y repollo, además de otros cultivos de temporada, como tomate, berenjena y morrón. Durante años trabajaron principalmente a campo, hasta que un problema de salud de su padre modificó la organización de la explotación.
“Hace cuatro o cinco años mi papá tuvo un ACV, él es el que más se dedicaba al campo. Y bueno, yo tomé las riendas y me empecé a dedicar yo e hice invernaderos”, relató Pablo.
Actualmente cuenta con unas dos hectáreas bajo cubierta, además de superficie a campo para las verduras que no necesitan esa protección. La verdulería sigue siendo una pieza central de la actividad, porque le permite colocar buena parte de lo que cosecha sin depender exclusivamente de compradores externos.
La frutilla apareció precisamente a partir de esa relación entre producción y venta. En el negocio había demanda de esa fruta y, al principio, la familia se abastecía en el mercado. Más adelante, Pablo consiguió contactos con productores y empezó a comprar directamente, incluso viajando a Buenos Aires para buscar mercadería.
“En un principio nos proveíamos un poco del mercado, y después hice contactos con productores directos y me iba a buscar directamente a Buenos Aires”, recordó.
Con el tiempo, uno de esos productores dejó de trabajar en esa zona y se trasladó hacia La Plata. El abastecimiento se volvió más complicado y la posibilidad de producir sus propias frutillas empezó a tomar forma.
En el campo donde trabaja había, además, un antecedente que le llamó la atención. Décadas atrás, productores japoneses habían cultivado frutillas en esas mismas tierras. La experiencia no pertenecía a la historia reciente de Pergamino, pero alcanzó para que Pablo se hiciera una pregunta sencilla.
“Acá, en el campo donde estoy yo, había unos japoneses que hicieron frutilla en un momento. Entonces, si hicieron frutilla ellos, ¿por qué no se puede hacer ahora?”, contó sobre el razonamiento que terminó de empujarlo a probar.

La decisión se tomó en octubre de 2024. A partir de entonces comenzó a buscar proveedores de plantines, materiales y asesoramiento para preparar el terreno y poner en marcha el cultivo. También tuvo que resolver una cuestión que puede parecer menor, pero que resulta determinante cuando se quiere incorporar una actividad poco habitual en una región.
“Entre que buscamos proveedores y todo el tema del plantín, para fines de octubre ya tenés que tener todo definido, porque vienen plantas de afuera y hay un cupo nada más. No es que entran y vos podés comprar todas las que quieras. Entra una cierta cantidad, se termina ese cupo y ya no hay más de esa variedad”, explicó.
La disponibilidad de los plantines condicionó el comienzo del proyecto. Pablo consiguió lo necesario para arrancar, aunque con una superficie limitada. También contó con la ayuda de un productor que conocía el cultivo y lo asesoró en la preparación del terreno, los materiales y las cuestiones técnicas.

El primer año dejó un resultado que consideró satisfactorio, aunque con dificultades. “Dentro del marco general me fue bien, ni muy bien ni mal, bien. Por eso este año hicimos un poquito más”, resumió.
La experiencia le alcanzó para ampliar la apuesta en la campaña siguiente, en la que incorporó más superficie y trasladó las frutillas a un campo vecino que pudo alquilar. Hoy trabaja unas dos hectáreas y cuarto con ese cultivo. A la producción de frutillas se suman las dos hectáreas de invernaderos y el resto de la superficie destinada a verduras, tanto bajo cubierta como a campo abierto.
La experiencia del primer año también le mostró a Pablo que las frutillas tienen exigencias distintas de las verduras con las que estaba acostumbrado a trabajar. La humedad, las temperaturas extremas y los períodos secos pueden afectar el cultivo, y los errores de manejo se pagan en kilos perdidos.
“La frutilla es muy susceptible a la humedad, al calor, al frío, a los tiempos secos, cosas que en las verduras no son tan así”, explicó.

Durante la primera campaña, las lluvias favorecieron la aparición de hongos en una parte de la producción. Después llegaron períodos secos que complicaron el desarrollo de las plantas y aumentaron los problemas con las plagas. “El año pasado fue linda la producción, pero hubo una parte que se perdió por los días de lluvia, que entró algún hongo. Después hubo unos meses que no llovió y se complicó el tema de los bichos”, recordó.
Fue una etapa de aprendizaje, en la que tuvo que ajustar los cuidados y entender mejor los tiempos del cultivo. En la campaña actual pudo corregir parte de esas dificultades. “Al tener ya un poquito más de experiencia, se corrigieron un montón de cosas, ya sea para el tema de los bichos, de los hongos, el cuidado y el tiempo de cosecha”, señaló.
La cosecha plantea otro desafío. La frutilla requiere recolección manual y una organización del trabajo que no forma parte de la tradición agrícola más extendida en la zona. Pablo cuenta con familiares que se acercan a trabajar durante esta etapa, una ayuda importante para una actividad que necesita disponibilidad de mano de obra en el momento adecuado.
La falta de proveedores especializados también se siente en la rutina. “Hay muchas cosas que, al no estar acá, tengo que viajar a Buenos Aires o a La Plata a buscar. No las consigo específicamente para este cultivo”, contó.
Entre esos materiales están el mulching y otros insumos necesarios para iniciar la temporada, además de los cajones de madera que utiliza para la fruta. “El año pasado tuve que traer un poco de Mendoza y este año hicimos en La Plata. Al no haber acá uno que se dedique específicamente a eso, a veces esas cositas se complican un poco, pero le buscamos la vuelta”, explicó.

Pablo tuvo que resolver esas cuestiones sobre la marcha, apoyándose en los contactos que había construido durante sus viajes para comprar fruta y en el asesoramiento de productores que ya conocían el cultivo.
El establecimiento está, además, dentro de la zona de restricción para las aplicaciones de fitosanitarios. Pablo recuerda que años atrás hubo aplicaciones que le provocaron daños en la producción hortícola.
Uno de los puntos que distingue la experiencia de Flores es que no tuvo que salir a buscar un mercado desde cero. La verdulería familiar ya vendía frutas y verduras y conocía la demanda de sus clientes. Esa relación le permitió encontrar una salida para buena parte de la producción desde el comienzo.

Entre el 60% y el 65% de las frutillas que cosecha se destina al comercio propio. El resto se vende en el mercado de Fisherton cerca de Rosario y a clientes de la zona que se acercan a comprar directamente.
En las verduras, la proporción destinada al negocio es todavía mayor, ya que alrededor del 80% al 85% de esa producción abastece la verdulería. El excedente se comercializa por otras vías.
Pablo reconoce que los precios de venta son similares a los del año pasado e incluso algo inferiores, mientras los costos de producción aumentaron. “Estoy vendiendo al mismo precio que el año pasado, un poquito más barato también”, explicó. La situación se vuelve más exigente porque, según detalló, los gastos de alquiler, combustible y otros costos fijos aumentaron.

La respuesta que intenta construir es producir más. “Lo que tenemos que aportar nosotros es tratar de sacar cantidad para poder solventar ese excedente”, señaló. La idea es obtener más kilos de una misma superficie para compensar el encarecimiento de los costos.
El panorama de las verduras tampoco es sencillo. “Este año la verdura está con el precio muy por el piso, comparado con otros años. Y los costos siempre son más altos”, advirtió. Buena parte de los insumos, agregó, está dolarizada, lo que suma presión sobre la actividad.
Aun así, ve una oportunidad en la frutilla cuando logra combinar precio y volumen. “Es un artículo que, si le buscás la vuelta al precio, se puede vender la cantidad y ahí aprovechás con eso, con un volumen”, sostuvo.
La experiencia de las primeras campañas dejó a Pablo con ganas de ampliar la producción. Si la temporada actual termina de acuerdo con sus expectativas, el próximo paso será aumentar la superficie destinada a frutillas hasta llegar a entre tres hectáreas y media y cuatro hectáreas.

Para eso ya trabaja sobre la posibilidad de incorporar un campo vecino de nueve hectáreas. La intención es aprovechar esa superficie tanto para ampliar el cultivo de frutillas como para aumentar la producción de verduras, con el objetivo de contar con más excedentes para vender fuera del comercio familiar.
“La idea es estar pisando las cuatro hectáreas de frutilla, entre tres y media y cuatro”, adelantó. El proyecto incluye producir más verduras para enviar al mercado, porque el volumen actual empieza a plantear límites para colocar toda la cosecha a través de la verdulería.
La expansión también dependerá de cómo cierre la campaña. En una actividad con costos crecientes y precios que no siempre acompañan, la posibilidad de alquilar más tierra no alcanza por sí sola para justificar una inversión. Antes de avanzar, necesita comprobar que el volumen adicional puede sostenerse con los rendimientos y los precios disponibles.





