¿Cuánto carbono emiten las chacras misioneras? Esa fue la pregunta que buscó responder un estudio del INTA Cerro Azul, que analizó 318 hectáreas destinadas a la producción de yerba y mandioca e identificó fuertes diferencias entre los sistemas productivos.
El trabajo, que involucró a 66 productores -59 de yerba y 17 de mandioca-, forma parte de un proyecto más amplio de agricultura regenerativa impulsado por ese Instituto, en convenio con la Fundación Banco Credicoop y con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Las variables tenidas en cuenta fueron los insumos utilizados, la fertilización, los combustibles, el transporte y los rendimientos de la campaña 2023/2024.
“La huella de carbono es una medición de todos los gases de efecto invernadero que nuestras actividades generan”, señaló el investigador de INTA Cerro Azul, Emiliano Lysiak, en diálogo con LT17 Radio Provincia de Misiones.

A partir de la información recopilada, los técnicos calcularon cuántos kilos de dióxido de carbono equivalente demanda la producción de un kilo de hoja verde para cada establecimiento.
“Encontramos mucha variabilidad. Tenemos productores con alto y bajo rendimiento. En consecuencia, la huella de carbono es muy distinta entre unos y otros”, indicó Lysiak.
Los rendimientos relevados, de hecho, fueron desde los 2.000 hasta los 18.000 kilos de hoja verde por hectárea, con fuertes diferencias también en los niveles de fertilización y reposición de nutrientes. La comparación permitió observar que aquellos productores más eficientes, con mayores rindes, tienden a mostrar una menor huella por kilo de producto, porque las emisiones generadas se distribuyen sobre un volumen mayor.

El estudio identificó, además, las actividades que más pesan en esa cuenta ambiental. Según enumero el investigador, se trata de los “fertilizantes químicos, los nitrogenados, el diésel, la nafta en la motoguadaña y el transporte”.
“Los productores que tratan de buscar un fertilizante orgánico y no tanto los de origen químico también suelen tener menores huellas”, afirmó Lysiak. Los nitrogenados, al provenir de recursos fósiles, tienen, en cambio, un impacto ambiental mayor.
Por otro lado, el traslado de materias primas e insumos apareció entre los factores con mayor incidencia sobre la huella final de cada chacra.
Pero más allá del indicador ambiental, la intención es que esa información permita revisar el manejo de cada establecimiento. “Todo lo que se mide ayuda a ser más eficiente. La primera utilidad es mejorar la eficiencia en el manejo y darse cuenta de que ser más eficiente y cuidar el medio ambiente van de la mano”, sostuvo el investigador.
La segunda etapa de esta iniciativa será la medición de la captura de carbono dentro de las chacras. El objetivo será evaluar cuánto contribuyen prácticas como la arborización, el aumento de materia orgánica y las cubiertas vegetales a compensar las emisiones generadas durante la producción.




